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Por fin hay un plan para descontaminar el pueblo que huele al “peor pescado podrido que hayas olido en tu vida” desde hace 20 años: “Se olvidaron de nosotros”

Tras años de abandono, sin mantenimiento ni control, el lugar se deterioró gravemente y las ventanas se rompieron y el techo salió volando

El pueblo de St. Mary's a la altura de Salmonier Line, en Terranova y Labrador (Google Maps)
El pueblo de St. Mary's a la altura de Salmonier Line, en Terranova y Labrador (Google Maps)
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Los habitantes de St. Mary’s, una pequeña comunidad de unas 300 personas en la provincia de Terranova y Labrador, en el este de Canadá, finalmente podrán respirar con normalidad. Tras décadas soportando una asfixiante peste a pescado podrido, las labores para erradicar este problema ambiental y de salud pública comenzaron formalmente la última semana de julio.

El origen del insoportable olor se encuentra en las ruinas de una fábrica procesadora abandonada que alberga toneladas de salsa de pescado en constante estado de descomposición. Pero la pesadilla de esta comunidad dio inicio realmente hace algo más de 20 años con el cierre de la planta de Atlantic Seafood Sauce Company, como recoge Associated Press.

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Las instalaciones quedaron abandonadas y a merced de las inclemencias del tiempo, pero en su interior permanecieron unos 110 tanques de almacenamiento. Cada contenedor albergaba una capacidad de 11.300 litros de salsa de pescado fermentada. Sin mantenimiento ni control, el lugar se deterioró gravemente: las ventanas se rompieron, el techo salió volando y, apenas en enero pasado, una tormenta derribó una de las paredes.

Los años de abandono llegan a su fin

En medio de este colapso estructural, las bacterias continuaron su trabajo, acelerando la fermentación de la salsa de pescado y liberando una pestilencia insoportable. Steve Ryan, el alcalde voluntario de St. Mary’s, ha liderado durante años una larga “cruzada” para conseguir ayuda del gobierno provincial.

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Residuos salen de un tanque de salsa de pescado en fermentación en una fábrica abandonada de salsa de pescado, el martes 28 de julio de 2026, en St. Mary's, Canadá. (Elling Lien/The Canadian Press via AP)
Residuos salen de un tanque de salsa de pescado en fermentación en una fábrica abandonada de salsa de pescado, Canadá. (Elling Lien/The Canadian Press via AP)

El propio Ryan trabajó brevemente en la fábrica tras graduarse de la secundaria en 1990 y ahora describe la gravedad de la situación con una elocuente comparación: “El peor pescado podrido que hayas olido en tu vida, multiplícalo por 100”.

Para un pueblo tan pequeño y aislado, la falta de acción gubernamental ha creado un sentimiento de abandono frente a este grave problema. Sin embargo, tras años de constantes reclamos, el gobierno provincial por fin ha destinado los fondos necesarios para ejecutar un plan de descontaminación integral. “Es un gran alivio”, señala el alcalde,

El musgo de turbera absorberá el “residuo especial”

Glenn Sharp, el dueño de Sharp Management, la empresa encargada de la obra, ha denominado el caso como un “trabajo único” al ser un “residuo especial” que “no encaja en ninguna de las clasificaciones estándar”. De este modo, para el proceso, que se extenderá por varios meses, se requiere de una metodología específica.

Los trabajadores vaciarán los contenedores y mezclarán el líquido restante con musgo de turbera, material vegetal seleccionado por su gran capacidad de absorción. Una vez absorbido el líquido, el material resultante será aspirado mediante maquinaria hacia camiones cisterna.

Primer plano de musgo de turbera verde y anaranjado con numerosas gotas de agua transparentes en las hojas y tallos pequeños.
Gotas de agua cubren un lecho de musgo de turbera verde y rojizo en un primer plano. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estos vehículos trasladarán los desechos hasta un foso de seguridad recubierto con polietileno de alta densidad que fue excavado hace tres semanas, el cual finalmente será sellado y cubierto con material vegetal. El coste total de esta limpieza asciende a 1.055.870 euros (1,7 millones de dólares canadienses). Para poder iniciar los trabajos de inmediato, la comunidad tuvo que solicitar un préstamo de 123.000 euros (198.000 dólares canadienses) para cubrir los gastos iniciales, suma que recuperarán más adelante.

A pesar del alivio que supone el inicio de las obras, persiste el malestar hacia el gobierno federal de Canadá, que se negó a aportar fondos para resolver la crisis. “Nos cerraron en la cara todas las puertas que tocamos. Se olvidaron de nosotros”, lamentó el alcalde Ryan.

Sin embargo, “seguimos luchando y luchando, porque sabíamos que teníamos razón en aquello por lo que luchábamos”. Pese a todo, Ryan espera que el recuerdo de la peste finalmente se desvanezca y el pueblo recupere su tranquilidad habitual.

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