Agregar Infobae enGoogle

Pedro Sánchez y Giorgia Meloni se enzarzan en una guerra inédita de controles: claves para entender el pulso migratorio entre España e Italia

Las relaciones entre Madrid y Roma, dos países hermanos y de la UE, se desgastan en el último tramo del curso político. En 2027 ambos líderes tratarán de revalidar su gobierno

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. (Francois Walschaerts/REUTERS)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. (Francois Walschaerts/REUTERS)
Guardar

La emergencia migratoria en Ceuta ha demostrado que la solidaridad y la cooperación leal pueden quedarse en papel mojado cuando los líderes políticos anteponen sus intereses electorales. Así lo reflejó la reacción de Italia ante la llegada repentina de 60.000 inmigrantes al enclave español en África, que sobrepasó durante horas las capacidades de las autoridades españolas.

El Gobierno de Giorgia Meloni, lejos de cerrar filas con Madrid, exigió la expulsión de España del espacio Schengen y acordó la imposición inminente de controles en los pasos fronterizos con nuestro país. La medida era puramente simbólica y acabó siendo respondida por Madrid con el ojo por ojo.

PUBLICIDAD

Desde entonces, España e Italia han acabado enzarzados en una guerra inédita de acusaciones y controles que complicarán las vacaciones estivales de miles de turistas (es una de las rutas más transitadas en la UE). Y el escenario demuestra que las relaciones entre ambos países están lejos de las demostradas durante las diferentes crisis, financieras y humanitarias, que ha atravesado el continente en la última década.

Elecciones a la vista

El choque en las relaciones entre Madrid y Roma, o más bien entre el gobierno socialista de Pedro Sánchez y el ultraderechista de Giorgia Meloni, tiene una explicación política. En primer lugar, porque responde a una maniobra electoral de la primera ministra italiana, a quien le han salido competidores en la derecha en su carrera a las urnas del próximo año, por lo que debe demostrar ante su electorado que es capaz de “proteger” sus fronteras.

PUBLICIDAD

La vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico, Sara Aagesen, espera que Italia "reaccione" y que tenga "claro" que el espacio Schengen está garantizado, sin haber sido violado por ningún inmigrante llegado desde Ceuta. (Europa Press)

Uno de esos competidores se llama Roberto Vannacci, fundador de Futuro Nacional, un partido político de extrema derecha que está comiendo terreno a la italiana, a quien acusa de no ser lo suficientemente radical con sus políticas de migración. Los sondeos sitúan a este partido justo por detrás de Forza Italia, el principal rival y socio de Meloni en el Gobierno; y por delante de la Liga de Matteo Salvini, que ocupó el tercer lugar en las últimas elecciones.

El primer puesto para Hermanos de Italia no está en juego, pero la gobernabilidad podría complicarse en su pugna contra el bloque de las izquierdas. Por otro lado, la reacción italiana ha sido útil para el líder español, quien también se enfrenta a las urnas en 2027 y atraviesa el momento más delicado de la legislatura, sin los apoyos de algunos de sus socios y cercado por la corrupción en su partido.

Una crisis habitual en Italia

En realidad, a Italia no le debería sorprender la crisis en Ceuta. Las ha sufrido en más ocasiones y en mayores dimensiones: Hace tres años, en 2023, con la llegada de más de 160.000 migrantes a las costas de la isla de Lampedusa. Cinco años antes, en 2018, cuando el ultraderechista Matteo Salvini negó el atraque del barco de rescate Aquarius.

Lo cierto es que las llegadas de inmigrantes a Italia duplican a las entradas en territorio español. Entre 2021 y 2026, las entradas irregulares registradas por Frontex superaron las 470.000 personas en Italia, mientras que en España se contabilizaron 234.760.

Sánchez quiso Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano han querido matizar que las llegadas irregulares han descendido un 55% respecto a 2025 y un 82% respecto a 2023 gracias, según ellos, a las políticas del Ejecutivo. Por su parte, Sánchez presume de que en España se ha logrado bajar en un 35% el total de llegadas y en un 71% las llegadas irregulares a las Islas Canarias.

Políticas de puertas abiertas o cerradas

La guerra política entre ambos ejecutivos es la fotografía que deja la pugna entre dos modelos migratorios que dividen a las capitales. La política antimigratoria de Meloni ha conseguido ser la inspiración más allá de la extrema derecha europea y son muchas las capitales que han apoyado su visión antimigratoria. La Polonia de Donald Tusk fue la última en apostar por el modelo de puertas cerradas tras introducir en 2025 controles terrestres en su frontera con los países vecinos. Pero no ha sido la única. Hasta ocho países europeos como Alemania, Austria, Dinamarca, Eslovenia, Francia, Italia, Países Bajos, Suecia y Noruega han ido implementando una serie de restricciones de movimiento en sus fronteras, pese a que debe ser una medida excepcional y justificada.

Las instituciones europeas, sin ir más lejos, también han avalado la aplicación de los centros de deportación externos, un proyecto que Meloni impulsó y que no ha conseguido culminar en su país por los obstáculos de los tribunales.

Mientras tanto, el líder socialista ha apostado por un modelo migratorio “abierto y humano”, el mismo que promulgaba la alemana Angela Merkel y que Europa llevaba defendiendo desde las crisis humanitarias de Siria, Afganistán o Irak. Una posición que le ha llevado a enfrentarse no solo con sus socios europeos, sino con el presidente de EEUU, Donald Trump.

La regularización, el espantapájaros para Meloni

Y una de las medidas que más rechazo ha generado en el entorno de Meloni ha sido la regularización masiva de migrantes, la cual ha señalado -erróneamente- como el desencadenante del efecto llamada en los cruces fronterizos. Cabe recordar que la regularización de migrantes no otorga el derecho a la libre circulación por la UE, y la propia Comisión Europea zanjó que se trataba de “un permiso de residencia”. Además, los principales beneficiados de la norma son ciudadanos latinoamericanos, no africanos, como desliza el Ejecutivo italiano.

Según una información del periódico italiano La Stampa, Meloni criticó enérgicamente el decreto español argumentando que “lo que hace España afecta a sus vecinos”. Y desde entonces, Roma ha tratado de presionar a las capitales y a la Comisión Europea para que la UE censure por escrito la norma.

Desde Madrid, el jefe de la diplomacia española ha querido separar el episodio en Ceuta, aclarando que fue una interpretación de una sentencia del Tribunal Supremo. La ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, subrayó además que ningún migrante que llegó al enclave español ha conseguido acceder a la península.

Es muy probable que los choques entre Madrid y Roma sobre migración se repitan, al menos, hasta 2027. Por el momento, los controles entre ambos países permanecerán hasta el 15 de agosto, fecha que coincide con otro llamado masivo a repetir la entrada en Ceuta desde Marruecos. Desde el Ejecutivo español han querido quitar peso a este anuncio, que de ser así podría volver a poner a prueba el modelo de solidaridad de los europeos.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD