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Riesgo de cáncer, infecciones y mortalidad: el humo de incendios puede dañar la función pulmonar durante años y es más peligroso que otros contaminantes, según un neumólogo

Los incendios que han arrasado más de 75.000 hectáreas en Ávila y Madrid han disparado la contaminación atmosférica, con niveles de partículas en suspensión que llegan a multiplicar por doce los límites recomendados por la OMS en distintas estaciones de ambas provincias

Imágenes por satélite muestran el humo que se eleva desde un incendio en una zona cercana a Navaluenga, en Ávila, Castilla y León, España. 23 de julio de 2026 (Planet Labs PBC/Handout vía REUTERS)
Imágenes por satélite muestran el humo que se eleva desde un incendio en una zona cercana a Navaluenga, en Ávila, Castilla y León, España. 23 de julio de 2026 (Planet Labs PBC/Handout vía REUTERS)
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Los incendios en la Comunidad de Madrid y la provincia de Ávila han provocado un gran deterioro de la calidad del aire, con niveles de partículas muy superiores a los recomendados para la salud, incluso lejos de los focos. Consultado por este medio, el doctor Carlos Baeza, experto en incendios y miembro del área de Neumología Ambiental y Ocupacional de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), incide en que “esto deteriora mucho la calidad del aire que respiramos”. Relata: “En Ávila esta mañana, la cantidad de partículas en el ambiente, en el centro de la ciudad, que entiendo que está más o menos alejada del foco de los incendios, era más de doce veces superior al nivel recomendado por la OMS”.

La percepción física, según explica el doctor, ya es indicativa de riesgo: “Cuando respiramos aire de mala calidad, procedente del humo de los incendios, cuando notamos esa neblina o un olor a quemado, eso ya nos indica que la calidad del aire es muy mala, indudablemente es muy mala y tenemos que hacer algo”. Insiste en que el riesgo por inhalación de humo no se limita a las inmediaciones del incendio, ya que “según las condiciones atmosféricas y dirección del viento, puede viajar cientos de kilómetros”.

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 Humo en Castillo de Onda (Castellón). El incendio de La Vall d’Uixò continúa fuera de control con más de 4.300 hectáreas quemadas (EFE/ Andreu Esteban)
Humo en Castillo de Onda (Castellón). El incendio de La Vall d’Uixò continúa fuera de control con más de 4.300 hectáreas quemadas (EFE/ Andreu Esteban)

La principal recomendación es quedarse en casa con puertas y ventanas cerradas

Sobre las recomendaciones oficiales —desde el Ministerio de Sanidad se recomendaba este sábado el uso de mascarillas FFP2 o FFP3 y gafas protectoras al salir a la calle—, considera que “tienen sentido”, pero subraya que “la principal recomendación, si no tenemos que evacuar nuestra casa, es quedarnos en ambientes interiores con las ventanas y puertas cerradas. Si disponemos de aire acondicionado, usarlo en modo de recirculación de aire para que no entre aire nuevo de fuera contaminado”.

También “hay que evitar hacer ejercicio físico en la calle, porque esto aumenta mucho la cantidad de partículas que entran”; y si hay que salir, recomienda “mascarillas filtrantes, como las FFP2” (porque “las quirúrgicas aquí no tendrían mucho para hacer”), como recomendaba Mónica García. El doctor matiza, sin embargo, que aunque “estas mascarillas filtran las partículas más grandes, no filtran las más pequeñitas ni tampoco filtran ninguno de los gases, que también forman parte de esa contaminación. O sea, que tampoco nos cree una falsa sensación de seguridad”.

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Los helicópteros del Ejército de Tierra apoyan a la UME en la extinción de los incendios. (Ministerio de Defensa)

La permanencia de las partículas en el aire depende de diversos factores

Más allá de estas recomendaciones, útiles y suficientes para el público general, la población vulnerable debe tener más cuidado. El doctor Baeza explica: “Hay grupos que son especialmente vulnerables a esta mala calidad del aire, que son los de siempre: los niños, las personas mayores, las mujeres embarazadas, por ejemplo, si están expuestas, pues aumenta el riesgo de tener un parto pretérmino o un bajo peso del bebé al nacer. Y luego, a los que hay que prestar más atención son a los pacientes que ya tienen problemas respiratorios crónicos, como el asma o la EPOC, que exponernos a esa mala calidad del aire puede descompensar su enfermedad y producir síntomas graves, que tengan que ingresar en el hospital, incluso aumentar el riesgo de mortalidad. Entonces, estos pacientes es muy importante que dispongan de su medicación, que normalmente son inhaladores, y de medicación adicional por si tienen que darse algún tratamiento adicional”.

Sobre la permanencia de las partículas en el aire, precisa que es impredecible al depender de “muchos factores, pero desde dos días hasta más de un mes. Ese incendio, si se queda estancado, esas partículas en el aire pueden permanecer mucho tiempo. Es importante que la población sepa consultar cuál es la calidad del aire en su zona, que además es una información superaccesible hoy en día" a través de recursos gubernamentales como el portal de la Comunidad de Madrid y en la web del Ministerio de Sanidad.

Un helicóptero ordena la evacuación de Pedro Bernardo por el incendio de Burgohondo, en Ávila. (@feersantamaria/Cedido)

Inhalar humo de incendios tiene consecuencias más allá de los pulmones

En cuanto a los efectos del humo de incendios en el organismo, explica: “A corto plazo, cuando respiramos un aire muy cargado de partículas procedentes del humo de los incendios, los síntomas que produce suelen ser respiratorios, pues como hay partículas y gases irritantes, lo primero que solemos notar es que se nos irrita la garganta, que nos da tos, que nos lloran los ojos. Normalmente son síntomas leves y que se pasan más o menos rápido y que no pasa nada. Pero puede pasar que si, sobre todo si la exposición es muy mantenida o muy grande, también nos irrite las vías respiratorias de abajo, de los bronquios. Entonces, ahí podemos empezar a notar sensación de dificultad respiratoria, malestar en el pecho, incluso mareo. Y, y bueno, pues, eso puede sugerir que nuestras vías respiratorias se están cerrando y ahí sí que tendríamos que buscar ayuda médica urgente”.

Pero también puede ir más allá de los pulmones: “Muchas de estas partículas, y sobre todo los gases, son capaces de atravesar la barrera pulmonar, llegar a la sangre y producir inflamación u otros efectos en muchas partes de nuestro cuerpo. Por ejemplo, se ha visto que los diez días siguientes a exponernos a este humo de los incendios aumenta de manera notable el riesgo que tenemos de sufrir un infarto o de sufrir arritmias, por ejemplo. También aumenta el riesgo de sufrir un ictus, por ejemplo. Eso sobre todo ocurre en los diez días siguientes a estar expuestos a los incendios”.

Vista del atardecer desde el pinar del barrio madrileño de La Elipa, influenciado por el humo del incendio que afecta al suroeste de la Comunidad de Madrid (EFE/Francisco Camino)
Vista del atardecer desde el pinar del barrio madrileño de La Elipa, influenciado por el humo del incendio que afecta al suroeste de la Comunidad de Madrid (EFE/Francisco Camino)

El humo de incendios puede aumentar la mortalidad y el riesgo de cáncer

A más largo plazo, el doctor advierte que la exposición al humo de incendios puede dejar secuelas más allá de los síntomas inmediatos. “También se ha visto que aumenta el riesgo de infecciones respiratorias”, apunta. Para ilustrar esta afirmación, menciona el estudio The delayed effect of wildfire season particulate matter on subsequent influenza season in a mountain west region of the USA, que analizó el impacto del humo de incendios. Los autores de ese trabajo comprobaron que, en las zonas expuestas al humo, durante el invierno siguiente se registraron “hasta entre tres y cinco veces más casos de gripe” que en otros años. Esto sugiere que el material particulado y los compuestos tóxicos presentes en el aire tras los incendios pueden debilitar las defensas del sistema respiratorio, facilitando la entrada y propagación de infecciones como la gripe.

Aunque, en la mayoría de los casos, las consecuencias de inhalar humo suelen ser leves y transitorias, el doctor subraya que “si la exposición ha sido muy intensa” o la calidad del aire paupérrima, “se ha visto que la función pulmonar puede quedar afectada hasta años después”.

El doctor Baeza también hace referencia a los efectos potencialmente más graves y duraderos. Se refiere al estudio Long-term exposure to wildfires and cancer incidence in Canada: a population-based observational cohort study, que analizó la incidencia de cáncer en personas que vivían cerca de zonas afectadas por grandes incendios. “En este trabajo se vio que aquellas personas que vivían en una zona en la que se había producido un gran incendio de estos en un radio de cincuenta kilómetros en los últimos diez años, tenían hasta casi un cinco por ciento más de probabilidad de sufrir un cáncer de pulmón que aquellos que no habían estado expuestos”, explica el doctor, aunque apunta que “es un estudio único y falta información al respecto”. Muchas de las sustancias que se emiten en un incendio, tanto gases como partículas, son carcinógenas.

Un helicóptero lanza agua sobre un área de incendio forestal que contiene llamas, humo, vegetación verde y suelo carbonizado
Un helicóptero de extinción descarga agua sobre un foco de incendio y una extensa zona de vegetación cubierta por humo en la provincia de Ávila.

No solo la duración o la intensidad de la exposición a un aire de mala calidad resultan determinantes, sino también el origen y la composición de las partículas que inunden el aire: “Exponernos a un mal aire producido por el humo de los incendios es peor que exponernos a una mala calidad del aire, digamos, general”, señala el doctor Baeza.

El impacto puede observarse en la población incluso a corto plazo. “Por ejemplo, en la semana siguiente de exponernos a un gran incendio, la mortalidad en la población aumenta por problemas respiratorios en un uno coma tres por ciento. La mortalidad general aumenta en torno al uno por ciento. Y si se fijaban solo en causas respiratorias, aumentaba hasta el uno coma tres por ciento”, detalla el especialista en referencia al estudio Quantifying the short-term mortality effects of wildfire smoke in Europe: a multicountry epidemiological study in 654 contiguous regions. Este análisis, realizado con datos de 32 países europeos, concluye que cada incremento de 1 µg/m³ de partículas finas PM2,5 de origen forestal eleva de forma significativa el riesgo de muerte tanto por causas generales como, especialmente, por enfermedades respiratorias en la semana posterior a la exposición.

Para minimizar todos estos riesgos, las recomendaciones no cambian: permanecer en interiores con puertas y ventanas cerradas, evitar la actividad física al aire libre y utilizar mascarilla FFP2 si es imprescindible salir, siguiendo siempre las indicaciones de las autoridades sanitarias.

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