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Los incendios forestales también dejan su huella en la salud: las enfermedades relacionadas con el fuego más allá de la exposición al humo

Una de las consecuencias más graves es la intoxicación por monóxido de carbono, considerada la principal causa de muerte inmediata en los incendios

Foto de archivo de una vecina en Almorox, Toledo, zona en la que se encuentran trabajando en las labores de extinción (Juanma Jiménez / Europa Press)
Foto de archivo de una vecina en Almorox, Toledo, zona en la que se encuentran trabajando en las labores de extinción (Juanma Jiménez / Europa Press)
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Los grandes incendios de Madrid, Ávila, Toledo y Castellón han arrasado, en conjunto, más de 83.000 hectáreas y ya son más de 140.000 las personas afectadas. España, que está viviendo el peor incendio de su historia, se suma a la situación de Francia, Canadá o el África ecuatorial, cuya emisión de aerosoles puede apreciarse desde el espacio.

Los incendios forestales no solo destruyen ecosistemas, viviendas y medios de vida, sino que también dejan una importante huella en la salud de las personas expuestas. Aunque las quemaduras son una de las lesiones más visibles, los principales riesgos para la vida suelen estar relacionados con la inhalación de humo y la intoxicación por gases tóxicos, capaces de provocar daños inmediatos y secuelas que pueden aparecer meses o incluso años después.

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El impacto de un incendio sobre el organismo es complejo y afecta a diferentes sistemas: respiratorio, cardiovascular, neurológico, cutáneo y psicológico. Por ello, la atención médica no termina tras la emergencia inicial, según recoge un informe de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC). Los supervivientes necesitan seguimiento para detectar problemas respiratorios crónicos, alteraciones cognitivas, trastornos emocionales o complicaciones derivadas de las quemaduras.

Una de las consecuencias más graves es la intoxicación por monóxido de carbono (CO), considerada la principal causa de muerte inmediata en los incendios. Este gas, invisible e inodoro, se une a la hemoglobina con una afinidad mucho mayor que el oxígeno, impidiendo que la sangre transporte suficiente oxígeno a los tejidos. Además, puede producir daño directo en órganos como el corazón y el cerebro. Los síntomas iniciales suelen ser poco específicos, como dolor de cabeza, mareo, náuseas o pérdida de coordinación, por lo que es fundamental mantener un alto grado de sospecha tras una exposición al humo.

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El tratamiento debe comenzar lo antes posible con la retirada del paciente del ambiente contaminado y la administración de oxígeno al 100 %. En los casos más graves, con pérdida de conciencia, convulsiones, alteraciones neurológicas o determinados niveles elevados de carboxihemoglobina, puede estar indicada la oxigenoterapia hiperbárica para reducir el riesgo de complicaciones posteriores.

El riesgo de inhalar cianuro o humo

Junto al monóxido de carbono, el cianuro es otro gas peligroso que puede liberarse durante la combustión de materiales como plásticos o resinas. Su presencia debe sospecharse especialmente en pacientes con alteración del estado de conciencia, inestabilidad circulatoria o acidosis metabólica intensa. En estos casos, la administración precoz de hidroxocobalamina actúa como antídoto y facilita la eliminación del tóxico.

Otra de las principales complicaciones es la lesión por inhalación de humo, que afecta a las vías respiratorias y al tejido pulmonar. El calor puede dañar la vía aérea superior, mientras que los gases irritantes y las partículas de hollín provocan inflamación, pérdida de la función defensiva de los bronquios y acumulación de secreciones. Ciertos signos como voz ronca, dificultad respiratoria, estridor, hollín en la boca o esputo carbonáceo deben alertar sobre una posible afectación grave. El manejo inicial incluye oxígeno, broncodilatadores cuando existe broncoespasmo y vigilancia estrecha.

Las quemaduras continúan siendo una de las lesiones más frecuentes en los incendios, aunque su gravedad depende de la profundidad y de la extensión de la superficie corporal afectada. Las quemaduras leves pueden tratarse con limpieza, enfriamiento, curas adecuadas y analgesia, mientras que las más extensas, profundas o localizadas en zonas sensibles requieren atención hospitalaria especializada. La valoración de la superficie quemada y la prevención de infecciones son aspectos esenciales del tratamiento.

Bomberos de la Comunidad de Madrid trabajan en la zona del río Cofio para contener el incendio de la sierra Oeste. (112 Comunidad de Madrid)

Lesiones oculares o trastornos neuronales

Además, los incendios pueden provocar lesiones oculares por humo y cenizas, traumatismos durante la evacuación y un importante impacto psicológico. La ansiedad, la depresión y el trastorno por estrés postraumático son frecuentes tras vivir una situación de amenaza extrema o perder bienes personales y familiares.

Las consecuencias no terminan cuando se apagan las llamas. Algunos pacientes desarrollan problemas respiratorios persistentes, como hiperreactividad bronquial o limitación crónica del flujo aéreo; otros pueden presentar el síndrome neurológico tardío tras una intoxicación por CO, con problemas de memoria, alteraciones de la marcha o cambios de personalidad semanas después.

Por ello, el papel de la atención primaria resulta clave: el seguimiento prolongado permite detectar secuelas, iniciar tratamientos y acompañar la recuperación física y emocional de quienes han sufrido un incendio forestal.

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