Las auxiliares de enfermería, al límite: un 40% de las profesionales quiere abandonar por la “presión constante”

Las TCAE enfrentan la sobrecarga laboral y la falta de personal, que se suman a un escaso reconocimiento de la población hacia su trabajo

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Una auxiliar de enfermería en una imagen de archivo. (Europa Press)
Una auxiliar de enfermería en una imagen de archivo. (Europa Press)

Elvira lleva 10 años trabajando como técnico auxiliar en cuidados de enfermería (TCAE) en una residencia de Madrid. El cambio del hospital al centro de mayores ya le supuso un choque entonces, pero reconoce que las condiciones han empeorado tanto con el tiempo que, si pudiera, lo dejaría. “No te compensa. Tienes facturas que pagar, pero ir a trabajar es un disgusto”, confiesa a Infobae.

Ella no es la única. Un informe del Ministerio de Sanidad revela que el 40% de las TCAE quiere abandonar la profesión. La falta de personal, la sobrecarga laboral y la falta de reconocimiento y valoración de su trabajo hacen que las antiguas auxiliares de enfermería sueñen con dejar el trabajo.

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Los peores datos se dan, justamente, en la atención sociosanitaria, donde trabaja Elvira. “Es un estrés constante, porque hay mucha falta de personal”, lamenta. Cada mañana, Elvira ha de hacerse cargo de entre 10 y 12 pacientes ella sola, dependiendo de cuántas compañeras hayan acudido a trabajar.

Son “personas muy dependientes”, describe, a las que hay que levantar, duchar, preparar y vestir en menos de dos horas para que puedan ir al desayuno, a las 9:30 de la mañana. Terminado el aseo, los acompañan al comedor, donde hay que ayudar a todos los que no pueden alimentarse por sí mismos. “Ya no son solo tus 10 pacientes, tienes que ayudar a tus compañeros a trasladarlos y a darles de comer”, explica.

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La jornada continúa y hay que desplazar a los residentes hacia las diferentes salas. “En medio de todo eso hay cambios de pañal, cortes de uñas... un montón de funciones que realizamos, es un no parar”, describe. Para Elisa, la sensación es siempre la misma: “No te da tiempo a nada, es una presión constante”.

Lesiones, depresiones y peleas entre compañeros

La fuerte carga laboral termina haciendo mella en la salud de las TCAE. “El 80% de las personas que trabajamos aquí estamos tocados. Yo tengo problemas en el hombro derecho, con un tendón; otra persona tiene en la cadera, otros muchos de los brazos, de la espalda, los músculos esqueléticos... Levantamos y movemos mucho peso y, aunque tenemos ayudas técnicas, no es suficiente”, dice.

Las bajas son algo común, pero hace tiempo que no se cubren. Tampoco las reducciones de jornada ni los permisos laborales. El trabajo es el mismo, pero con menos trabajadoras. “Reflejamos ese malestar con las compañeras y nos quejamos de ellas, cuando en realidad deberíamos quejarnos a la jefatura y decirle que falta personal, que estamos agobiadas”, valora Elvira.

Un auxiliar de enfermería ayuda a un anciano en silla de ruedas.
Los TCAE levantan y cargan con peso importante, lo que les provoca lesiones frecuentes. (Canva)

El trabajo afecta igualmente a la salud mental: el 37,1% de las trabajadoras presenta síntomas compatibles con el trastorno depresivo y un 24,4% sufre ansiedad. En el entorno sociosanitario, casi la mitad de las trabajadoras reportaron problemas de bienestar emocional. El desgaste crónico (90,7%), los problemas de sueño (74,9%) y la preocupación excesiva (82,3%) afectan a casi la totalidad del sector.

Con todo ello, la valoración y reconocimiento que reciben es escaso. Las TCAE consideran que tienen un peso importante en el proceso asistencial, pero también que el resto de la sociedad no lo sabe, tampoco los familiares de quienes atienden. “Cuando trabajas en un hospital, generalmente los pacientes están acompañados y el trabajo de la TCAE es más la alimentación que el aseo. En la residencia, los familiares ven a su madre o a su padre con una mancha en la camiseta y te llaman a ti para que le cambies, viendo que estás saturadísima, que estamos haciendo lo que podemos”, cuenta Elvira.

No solo estamos poco valorados, es que no nos valoran nada, ni nuestra propia administración, ni los jefes, ni los familiares. Siempre es ‘pídeselo a la chica de verde’. La mayoría de técnicos empezamos por vocación, pero esa vocación al final se quema”, lamenta.

La atención primaria, un refugio insuficiente

Entrada a un Centro de Salud de Madrid. (Eduardo Parra/Europa Press)
Entrada a un Centro de Salud de Madrid. (Eduardo Parra/Europa Press)

Rosi lleva 30 años en el sector, pero en vez de en residencias, decidió dedicarse a la atención primaria. El trabajo en un centro de salud es muy diferente, algo que reconocen tanto ella como el Ministerio de Sanidad, que considera la atención primaria como un “factor protector” para estas trabajadoras. Menos de un 5% de las TCAE se dedican a este sector, pero todas ellas reportan menos falta de personal, de tiempo o de problemas de salud mental.

Pero no es oro todo lo que reluce. “Las funciones no están muy definidas, siempre hay tareas que nadie sabe a quién corresponden y, normalmente, recaen en nosotras”, explica Rosi. La jornada, ya sea de mañana o de tarde, se centra más en tareas mecánicas que en el cuidado de los pacientes: “Tenemos que poner en funcionamiento el laboratorio, repartir todos los tubos, nos encargamos de la reposición, de la esterilización y de ayudar a cualquier profesional que lo demande, por ejemplo, con el reparto de sensores a personas diabéticas”, cuenta. “Es un trabajo de pequeñas tareas que hace que todo funcione, que todo esté organizado”, dice.

Bajo la lluvia, las enfermeras de Madrid, convocadas por el sindicato SATSE, alzan la voz para denunciar la insostenible situación que viven.

Lo que tiene que cambiar

Rosi no quiere abandonar el trabajo, como otras compañeras, pero reconoce que “es una profesión dura”, también en la primaria. “Hay bastantes enfrentamientos, sobre todo con las tareas, como no están muy bien definidas... Y como somos pocas, muchas veces nos vemos solas y poco respaldadas”, lamenta. También considera que están “muy poco valoradas” y desaprovechadas. “Podríamos hacer muchas cosas como profesionales, pero al tener tan poca representación no podemos ejercer más tareas”.

Para que Elvira quisiera quedarse, otras cosas tenían que cambiar. “Aumentar la plantilla, eso sería lo primordial. Y luego, un reconocimiento de nuestro trabajo, que es esencial”, concluye.

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