La psicología alerta que las horas que pasas con el móvil pueden afectar al vínculo con tus hijos e incluso hacer que se sientan más solos

Un estudio del Centro de Investigación e Innovación de Newport Healthcare (EEUU) asegura que los adolescentes que compiten por la atención de sus progenitores con sus teléfonos tienen más probabilidades de desarrollar inseguridades

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Hombre con camiseta azul sentado en un sofá, mirando su teléfono móvil. Un niño de cabello rubio a su lado lo mira triste, intentando captar su atención.
Un padre absorto en su teléfono móvil ignora a su hijo pequeño. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El uso de los teléfonos móviles ha crecido en los últimos años exponencialmente y, con ello, la preocupación de los padres sobre el tiempo que pasan sus hijos delante de las pantallas. Sin embargo, los propios progenitores también hacen un uso excesivo de estos dispositivos, una situación que, según los estudios científicos, también afecta al desarrollo de los niños durante su etapa de crecimiento.

Los expertos en salud mental digital notaron un aumento en los informes de adolescentes que sentían rechazo al uso del teléfono por parte de sus padres y decidieron investigar. Concretamente, un estudio de la revista Frontiers in Phycology publicado por el Centro de Investigación e Innovación de Newport Healthcare (EEUU) ha analizado esta situación: la distracción constante de los padres con el teléfono móvil y cómo eso repercute en la relación con el adolescente.

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“Hace unos 10 años comencé a notar algunos comportamientos preocupantes en el uso de dispositivos por parte de los padres”, indica el doctor Grant, uno de los autores principales del artículo en Frontiers in Psychology. “Además, mis pacientes adolescentes comenzaron a compartir sus sentimientos negativos sobre esos mismos comportamientos. Estos también fueron presentados por los niños durante nuestras sesiones de terapia familiar”.

Falta de entendimiento padre-hijo

Durante la adolescencia, los hijos suelen sentir que sus progenitores no entienden cómo se sienten. Es una etapa clave en el desarrollo de su personalidad y, sin embargo, hay muchos padres que prefieren dejar hacer. El problema llega cuando este pasotismo se convierte en indiferencia o desinterés. “Espera, que tengo que responder esto”. “Espera, que estoy viendo este vídeo”. Son frases recurrentes ahora que el “smartphone” forma parte inherente de nuestra rutina.

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Padre e hijo preadolescente sentados a la mesa de madera en una cocina luminosa, ambos con tazas, frente a estantes y una lámpara de mimbre.
Un padre y su hijo preadolescente disfrutan de un tranquilo desayuno matutino compartiendo una conversación. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Estas distracciones han sustituido en cierta parte las conversaciones, preocupándose por sus intereses o los planes familiares en los que invertían tiempo de calidad con sus hijos. Y aunque parezca que a los jóvenes no les afecte, “incluso si existe un apego seguro establecido con un niño, este puede transformarse en uno inseguro, incluso durante la adolescencia”, explica Grant. “El apego es maleable”, afirma. Y “obviamente, ningún padre desearía esto para su hijo”, concluyó contundentemente el psicólogo.

Los datos del estudio son alarmantes

Para investigar el tema, el equipo del Centro de Investigación e Innovación de Newport Healthcare desarrolló la “escala de interferencia del apego a los dispositivos”. Posteriormente, los psicólogos reclutaron una muestra de 600 adolescentes de entre 12 y 17 años, representativa de la población general de Estados Unidos, y les pidieron que completaran esta encuesta. Desgraciadamente, los resultados fueron muy alarmantes. Los científicos descubrieron que cuanto mayor era la puntuación en la escala, mayores eran los niveles de apego inseguro, tanto ansioso, que se instaura cuando el joven teme el abandono y busca la validación constante, como evitativo, que se da cuando se preocupa por perder su autonomía y se refugia en la autosuficiencia.

Si bien se están realizando más investigaciones, los científicos advierten que estos resultados exigen cautela. “No estamos diciendo que cada vez que un niño solicite atención, un padre deba dejar todo lo que esté haciendo, incluso lo que esté haciendo en sus dispositivos, y responder”, aclara Grant. “Sino que, cuando se produzcan esas solicitudes, un padre las reconozca y responda de alguna manera”, recomienda el científico.

Hay que recalcar que, aunque este estudio pertenece a otro país (solo se han estudiado familias estadounidenses), esta es una realidad evidente también en España, por lo que hay que tenerla en cuenta. Por ello, nuevos estudios buscan profundizar en los mecanismos de esta relación y en cómo las familias pueden equilibrar la tecnología con una atención más consciente hacia los jóvenes.

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