Un experto explica por qué aparece el miedo a conducir y cómo superarlo: “Cuanto más evitamos lo que nos asusta, más poder adquiere”

La amaxofobia se debe al exceso de control y la ansiedad anticipatoria, según un psicoterapeuta

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Una mujer con miedo a conducir (Shutterstock)
Una mujer con miedo a conducir (Shutterstock)

El miedo a conducir, conocido como amaxofobia, es mucho más común de lo que suele reconocerse y puede afectar tanto a conductores noveles como a personas con años de experiencia al volante. Así lo explica el psicoterapeuta Giorgio Nardone, quien advierte que no se trata simplemente de inseguridad o nervios puntuales, sino de un fenómeno psicológico que puede llegar a limitar seriamente la vida cotidiana.

Según el especialista, aproximadamente un 40% de las personas experimenta algún grado de ansiedad al conducir. Sin embargo, puntualiza que el problema rara vez es “una fobia aislada”. “En realidad, la mayoría de las veces la ansiedad al volante no es una fobia pura, sino la expresión de otros miedos o dificultades que encuentran en la conducción su escenario”, señala en una entrevista con Vanity Fair.

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Entre esos factores se encuentran la necesidad de control, la agorafobia o el temor a sufrir un malestar físico en un entorno percibido como inseguro. En palabras de Nardone, “quien tiene una fuerte necesidad de control teme no poder gestionar lo que ocurre en la carretera; otros tienen miedo de sentirse mal o de perder el control de sus emociones”.

Imagen de un hombre conduciendo. (Freepik)
Imagen de un hombre conduciendo. (Freepik)

La trampa de la evitación

Uno de los puntos clave del análisis del experto es el papel de la evitación. Muchas personas que sufren ansiedad al volante empiezan reduciendo sus trayectos, evitando autopistas o túneles, o incluso dejando de conducir en determinadas circunstancias. Sin embargo, esta estrategia, lejos de resolver el problema, lo refuerza: “Cuanto más evitamos lo que nos asusta, más poder adquiere esa situación sobre nosotros”.

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El mecanismo psicológico es progresivo: evitar genera alivio inmediato, pero refuerza la idea de que la situación es peligrosa. Con el tiempo, el círculo se amplía hasta que la persona puede llegar a dejar de conducir por completo o depender de acompañantes.

Para el psicoterapeuta, la clave no está en evitar el miedo, sino en enfrentarlo de manera progresiva y estructurada. “La exposición gradual es una de las herramientas más eficaces: no se trata de dejar de conducir, sino de ampliar poco a poco los recorridos”, subraya.

Cómo romper el círculo del miedo

Entre las estrategias propuestas destaca la exposición progresiva a las situaciones temidas, como aumentar gradualmente la distancia de los trayectos o exponerse a vías que generan ansiedad en pequeñas dosis controladas. El objetivo es que el cerebro aprenda, a través de la experiencia, que el peligro anticipado no se materializa.

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Otra técnica mencionada es la llamada “peor fantasía”, que consiste en imaginar de forma voluntaria el escenario más catastrófico posible. “Puede parecer contraintuitivo, pero cuando la persona enfrenta de manera consciente su peor miedo, este tiende a perder intensidad”, afirma el experto.

El tratamiento también pasa por reducir la necesidad de control constante durante la conducción. “El problema surge cuando intentamos controlar absolutamente todo. Ese exceso de vigilancia aumenta la sensación de amenaza”, señala Nardone.

Además, el especialista subraya un aspecto social: la creciente tendencia a evitar situaciones percibidas como incómodas o difíciles. “Vivimos en una sociedad que intenta eliminar cualquier forma de malestar. Pero el coraje no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de atravesarlo”, sostiene.

En este sentido, el experto insiste en que la amaxofobia puede superarse. “La buena noticia es que la mayoría de las personas puede volver a conducir con normalidad. La ansiedad no es algo que simplemente aparece: es una construcción, y por tanto puede también desmontarse”, concluye.

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