Casi seis de cada diez mayores de 55 que emprenden lo hacen para “ganarse la vida” antes de poder jubilarse

Un informe muestra que sus proyectos de negocio resisten más, aunque buena parte nace de la necesidad económica y de la falta de oportunidades laborales

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Personas mayores
Una mujer de más de 55 años trabaja en su negocio (Freepik)

Quedarse en paro después de los 55 años deja a muchos trabajadores en tierra de nadie: demasiado jóvenes para jubilarse, pero con muchas dificultades para volver al mercado laboral. En este escenario, emprender no siempre responde a una vocación empresarial ni a una oportunidad de crecimiento, sino a la necesidad de seguir generando ingresos. El 57% de los nuevos emprendedores de entre 55 y 64 años afirma que puso en marcha su negocio para “ganarse la vida”, según el informe El emprendimiento sénior en España, elaborado por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre en colaboración con el Observatorio del Emprendimiento de España.

Ese dato permite mirar el emprendimiento sénior desde una perspectiva menos optimista. El estudio destaca que los mayores de 55 años consolidan más sus empresas y abandonan menos que otros grupos de edad, pero también muestra que buena parte de esas iniciativas nacen por necesidad económica. Entre quienes ya tienen negocios consolidados (llevan más de 3 años), el porcentaje que emprendió para “ganarse la vida” sube al 65%.

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Aunque los mayores de 55 años emprenden menos, sus negocios resisten más. Solo el 2,9% de la población sénior está al frente de una iniciativa reciente, frente al 8,6% de los menores de 50 años. Sin embargo, el 7% lidera empresas consolidadas, por encima del 5,7% registrado entre los menores de 50. Además, su tasa de abandono empresarial es la más baja: 1,2%, frente al 4,5% de los presénior -de 50 a 54 años- y el 4,1% de los menores de 50.

Emprender para poder vivir

La principal motivación para emprender entre los mayores de 55 años no es continuar una tradición familiar ni lanzar un proyecto innovador, sino generar ingresos. El informe identifica la necesidad de “ganarse la vida” como la razón más repetida en todos los grupos de edad, pero tiene especial peso entre la población sénior.

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Otros motivos quedan por detrás. Entre los emprendedores sénior recientes, el 32% señala el deseo de generar una gran riqueza, el 31% apunta a marcar una diferencia social y el 20% menciona continuar una tradición familiar. En el caso de las empresas consolidadas, esos porcentajes se sitúan en el 29%, el 28% y el 29%, respectivamente.

Más de medio millón de parados mayores de 55 años

El contexto laboral ayuda a explicar por qué esa motivación pesa tanto. El informe, a partir de datos del mercado laboral de 2024, recuerda que el paro de los mayores de 55 años alcanzó las 505.700 personas, con una tasa del 10%, muy por encima de la media europea citada en el estudio, del 4%. Además, el 62% de los desempleados sénior eran parados de larga duración.

Esta situación convierte el trabajo por cuenta propia en una alternativa para quienes no consiguen reincorporarse al mercado laboral. El problema es que llega en una edad especialmente delicada: demasiado tarde para asumir riesgos sin red, pero demasiado pronto para retirarse. A los 55 años, una persona puede tener todavía más de una década por delante hasta la edad ordinaria de jubilación.

En 2026, la edad ordinaria de jubilación es de 65 años para quienes acrediten al menos 38 años y 3 meses cotizados. Para quienes no alcancen ese periodo, se sitúa en 66 años y 10 meses, según la Seguridad Social. La jubilación anticipada voluntaria permite adelantar la retirada hasta dos años, pero exige 35 años cotizados y conlleva la aplicación de coeficientes reductores sobre la pensión.

Estudios demuestran que esto sucede debido a que la esperanza de vida aumenta

Una ayuda de 480 euros hasta la jubilación

Para quienes pierden el empleo y agotan la prestación contributiva, una de las redes específicas de protección es el subsidio para mayores de 52 años. Su cuantía es de 480 euros mensuales durante todo el periodo reconocido, equivalente al 80% del IPREM, según el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Esa ayuda puede cubrir parte del vacío de ingresos, pero difícilmente sustituye a un salario completo durante varios años.

En este contexto, el hecho de que los emprendedores sénior abandonen menos puede leerse desde dos ángulos. El informe lo vincula a la experiencia profesional acumulada y a los conocimientos adquiridos durante la trayectoria laboral. Pero el peso de la motivación económica también permite otra lectura: muchos emprenden cuando todavía necesitan trabajar, pero tienen cada vez más difícil encontrar un empleo por cuenta ajena.

Negocios que resisten, pero casi siempre en solitario

La resistencia de estos negocios tampoco implica necesariamente la creación de grandes empresas. El 72% de los mayores de 55 años que emprenden inicia su proyecto en solitario, con una única persona socia promotora. Además, casi la mitad de las iniciativas no genera puestos de trabajo más allá de sus propios impulsores: el 49% en el caso de los proyectos recientes y el 51% entre los consolidados.

El perfil que dibuja el informe es el de un emprendimiento más estable que expansivo. La mayoría de las iniciativas sénior se concentra en el sector servicios, especialmente en actividades dirigidas al consumidor y servicios a empresas. Son proyectos apoyados en la experiencia profesional y en redes acumuladas durante años, pero no siempre pensados para crecer mucho o contratar a más trabajadores.

Esa experiencia, aun así, sí pesa en la forma en que los sénior se ven a sí mismos como emprendedores. El 82% de los mayores de 55 años que emprenden considera que tiene los conocimientos y las habilidades necesarias para desarrollar una iniciativa empresarial. La dificultad está en el camino para hacerlo: solo el 33% considera fácil el proceso de poner en marcha un negocio.

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