Pandemias, volcanes, amnistías, guerras y casos de corrupción: los ocho años en los que Pedro Sánchez ha gobernado entre crisis constantes

Este lunes se cumplen ocho años desde que la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy de La Moncloa convirtió al líder socialista en presidente del Gobierno. Ahora, en su peor momento, mantiene su idea de agotar la legislatura pese al desgaste

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en las fotografías oficiales de La Moncloa de 2018 y de 2026 (La Moncloa)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en las fotografías oficiales de La Moncloa de 2018 y de 2026. (La Moncloa)

Pedro Sánchez llegó a La Moncloa el 1 de junio de 2018 con una promesa de estabilidad tras la caída de Mariano Rajoy y con apenas 84 diputados en el Congreso. Ocho años después, el líder socialista sigue al frente del Gobierno tras haber sobrevivido a varias elecciones generales, una pandemia, una erupción volcánica, una crisis energética global, una inflación disparada, el conflicto catalán, una compleja aritmética parlamentaria y una sucesión de polémicas e investigaciones judiciales que han golpeado a personas de su entorno político y personal.

Pocos presidentes de la democracia española han gobernado durante tanto tiempo en un contexto tan cambiante. La etapa de Sánchez ha estado marcada por una constante sucesión de sobresaltos, pero también por la aprobación de algunas de las reformas sociales y económicas más relevantes de las últimas décadas.

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Su llegada al poder fue, además, inédita. La sentencia del ‘caso Gürtel’ precipitó la moción de censura que desalojó a Rajoy de la presidencia y convirtió a Sánchez en jefe del Ejecutivo gracias al apoyo de Unidas Podemos, el PNV, ERC, el PDeCAT, Compromís, Bildu y Nueva Canarias. Aquel Gobierno nació con vocación de transición, pero acabaría convirtiéndose en el inicio de uno de los ciclos políticos más prolongados y convulsos de la historia reciente de España.

Durante sus primeros meses en La Moncloa, Sánchez trató de proyectar una imagen de renovación institucional y europeísmo. Sin embargo, la debilidad parlamentaria de su Ejecutivo quedó pronto en evidencia. El rechazo de los Presupuestos Generales del Estado por parte de los partidos independentistas catalanes obligó a convocar elecciones en abril de 2019.

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Aquellos comicios otorgaron la victoria al PSOE, aunque sin mayoría suficiente para gobernar en solitario. Las negociaciones con Unidas Podemos fracasaron durante meses y España se vio abocada a una repetición electoral en noviembre de ese mismo año. El resultado abrió finalmente la puerta al primer Gobierno de coalición de la democracia reciente, con Pedro Sánchez como presidente y Pablo Iglesias como vicepresidente segundo.

Nadie imaginaba entonces que apenas unas semanas después el nuevo Ejecutivo tendría que enfrentarse a la mayor crisis sanitaria del último siglo.

La pandemia, los fondos europeos y las grandes reformas

La irrupción de la covid-19 en marzo de 2020 alteró por completo el rumbo de la legislatura. España decretó el estado de alarma, confinó a millones de ciudadanos y paralizó buena parte de su actividad económica en una situación sin precedentes.

La gestión de la pandemia se convirtió en el principal desafío de Sánchez. Su Gobierno impulsó medidas extraordinarias para sostener empresas y empleo, entre ellas los ERTE, ayudas directas a autónomos y diversas prestaciones sociales destinadas a amortiguar el impacto económico de las restricciones.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un mitin de la campaña electoral de las elecciones andaluzas. (Marcelo del Pozo/Reuters)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un mitin de la campaña electoral de las elecciones andaluzas. (Marcelo del Pozo/Reuters)

La recuperación coincidió con otro de los grandes hitos de su mandato: la llegada de los fondos europeos Next Generation, concebidos para impulsar la modernización económica tras la pandemia. España pasó a ser uno de los principales receptores de estas ayudas comunitarias, que el Ejecutivo convirtió en una de las piezas centrales de su estrategia.

En paralelo, el Gobierno fue desarrollando un amplio paquete de reformas. La más destacada fue la reforma laboral pactada entre sindicatos y empresarios, presentada por el Ejecutivo como una herramienta para reducir la temporalidad y mejorar la estabilidad en el empleo. También se produjeron sucesivas subidas del salario mínimo interprofesional, la revalorización de las pensiones conforme al IPC y la aprobación del ingreso mínimo vital.

La agenda legislativa incluyó además leyes de fuerte contenido social y simbólico, como la regulación de la eutanasia, la ley de memoria democrática, la ley trans o las distintas medidas orientadas a facilitar el acceso a la vivienda.

La legislatura también estuvo atravesada por acontecimientos extraordinarios. La erupción del volcán de La Palma en 2021 obligó al Gobierno a desplegar un amplio dispositivo de ayudas para los afectados. Meses después, la invasión rusa de Ucrania desencadenó una crisis energética que disparó los precios y obligó a adoptar medidas para contener la inflación y el coste de la electricidad.

Cataluña, los pactos parlamentarios y la legislatura más compleja

Si la pandemia marcó la primera gran etapa de Sánchez, la cuestión territorial ha sido el hilo conductor de toda su presidencia.

Desde su llegada al poder, el líder socialista apostó por una estrategia de diálogo con Cataluña que contrastaba con la política mantenida durante los años más tensos del procés. Esa línea cristalizó primero en los indultos concedidos en 2021 a los dirigentes independentistas condenados por el referéndum ilegal de 2017 y, más tarde, en la ley de amnistía impulsada tras las elecciones generales de 2023.

Aquellos comicios parecieron abrir inicialmente la puerta a una alternancia política. Sin embargo, la imposibilidad del Partido Popular de reunir una mayoría suficiente permitió a Sánchez revalidar la presidencia gracias al apoyo de Sumar, ERC, Junts, Bildu, PNV y BNG.

La negociación de la amnistía se convirtió en el principal eje político de la nueva legislatura y desencadenó una intensa confrontación institucional y social. Para sus defensores, era una herramienta destinada a cerrar una etapa de conflicto territorial. Para sus detractores, suponía una cesión inaceptable a los partidos independentistas a cambio de mantenerse en el poder.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el palacio de La Moncloa. (Europa Press)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el palacio de La Moncloa. (Europa Press)

La dependencia parlamentaria de socios ideológicamente muy diversos ha obligado desde entonces al Gobierno a negociar prácticamente cada iniciativa legislativa, convirtiendo cada votación en una prueba de resistencia para el Ejecutivo.

El desgaste judicial y las polémicas del último tramo

Los últimos años de la presidencia de Sánchez han estado marcados por una presión derivada de diferentes investigaciones judiciales por presuntos casos de corrupción.

El episodio de mayor impacto político se produjo en abril de 2024, cuando el presidente anunció la suspensión temporal de su agenda pública durante cinco días para reflexionar sobre su continuidad tras la apertura de diligencias contra su esposa, Begoña Gómez. La decisión generó un enorme revuelo político y mediático Finalmente, Sánchez compareció para anunciar que continuaría al frente del Gobierno.

A partir de entonces, la atención pública se desplazó progresivamente hacia varios procedimientos que afectaban al entorno socialista. El denominado ‘caso Koldo’, relacionado con presuntas irregularidades en la contratación pública durante la pandemia, acabó salpicando al exministro José Luis Ábalos y abrió una de las mayores crisis internas del PSOE durante la etapa de Sánchez.

Posteriormente, las investigaciones fueron ampliándose y situaron bajo el foco a figuras clave del partido. Entre ellas apareció el nombre de Santos Cerdán, uno de los dirigentes más cercanos al presidente y durante años responsable de Organización del PSOE.

En paralelo surgió el llamado ‘caso Leire Díez’, después de que trascendieran grabaciones en las que la exmilitante socialista aparecía buscando información sobre miembros de la UCO y otros actores relacionados con investigaciones de relevancia política. El asunto alimentó nuevas acusaciones de la oposición y aumentó la presión sobre la dirección socialista.

A todo ello se sumaron otras controversias recurrentes de la etapa de Sánchez, como el espionaje mediante el programa Pegasus, las consecuencias no previstas de la ley del ‘solo sí es sí’, los debates sobre la reforma del delito de malversación, las tensiones con el Poder Judicial o las críticas por los acuerdos alcanzados con las fuerzas independentistas.

Mientras tanto, el Gobierno ha seguido impulsando medidas de fuerte impacto social, entre ellas nuevas reformas en materia de vivienda, transición energética o inmigración, incluyendo iniciativas para facilitar la regularización de cientos de miles de migrantes en situación irregular.

El presidente del Gobierno admite la "gravedad" de las investigaciones de la Audiencia Nacional que han llevado a un requerimiento en Ferraz.

Ocho años después de llegar a La Moncloa, Pedro Sánchez sigue donde empezó todo. Lo hace mientras el PSOE atraviesa una de las semanas judicialmente más delicadas de los últimos años, con nuevas derivadas del ‘caso Leire Díez’, la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, actuaciones en la sede federal socialista y distintas investigaciones que continúan cercando al entorno del partido.

Nada de eso ha alterado, por ahora, los planes del presidente. Frente a las peticiones de dimisión, las demandas de adelanto electoral y el desgaste acumulado tras años de crisis políticas y judiciales, Sánchez insiste en que agotará la legislatura. Ocho años después de la moción de censura que derribó a Mariano Rajoy, su horizonte sigue estando en 2027. Como ha dicho este mismo domingo: “Nosotros no negamos los problemas. Pero no se puede negar la cuenta de resultados del Gobierno progresista. España lleva ocho años avanzando y esta oposición marrullera lo que quiere hacer es que España se frene, e incluso retroceda. Que no cuenten con nosotros. Hasta 2027 y más allá”.

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