El azúcar es el culpable de que no recuerdes dónde dejaste las llaves: un estudio confirma el daño que producen los alimentos dulces en la memoria

Olvidar dónde dejaste las llaves puede ser culpa del azúcar: un estudio confirma el daño de la sacarosa en la memoria

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Una chica comiéndose un donut (Magnific)
Una chica comiéndose un donut (Magnific)

El azúcar puede estar detrás de que olvidemos dónde dejamos las llaves, el nombre de aquella persona que conocimos en una fiesta o la dirección de la casa de nuestra amiga. Al mismo tiempo, unos patrones alimenticios saludables pueden repercutir positivamente en la memoria, según un estudio de la Universidad Tecnológica de Sídney (Australia).

La investigación, publicada en la revista Nutritional Neuroscience, surge a partir de experimentos controlados en modelos animales que analizan los efectos del cambio de pautas dietéticas. El análisis ha incorporado una revisión sistemática y un meta-análisis de 27 estudios preclínicos en roedores, que demuestran que los animales expuestos previamente a dietas con alto contenido en grasas o azúcares presentan una recuperación parcial de la función de memoria tras pasar a una nutrición más saludable.

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No obstante, la recuperación plena de la memoria solo se ha observado en aquellos casos donde la dieta perjudicial era rica en grasas, y nunca cuando intervenían altas cantidades de azúcar, solo o combinado con grasa. “El cambio hacia una dieta saludable beneficia a la memoria”, ha afirmado la doctora Simone Rehn en declaraciones recogidas por el medio Medical Xpress como autora principal del estudio. Esas mejoras no logran restaurar la función mnésica a los niveles observados en animales que nunca han seguido una dieta poco saludable.

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El efecto de una dieta alta en azúcar en la memoria

Los datos revelan que los animales que han abandonado una dieta poco saludable y han adoptado una alimentación sana muestran una mejoría significativa en las tareas de memoria, siempre en comparación con aquellos que han mantenido la dieta perjudicial. Sin embargo, la composición concreta de la dieta previa resulta determinante: la recuperación óptima se observa tras dietas ricas en grasas, mientras que aquellos animales sometidos a dietas elevadas en azúcares, o en grasas y azúcares combinadas, apenas muestran indicios de recuperación.

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Los efectos positivos sobre la memoria son claros al sustituir las grasas por alimentos saludables. Por el contrario, una alta presencia de azúcares añadidos parece limitar la recuperación, señalando al azúcar como elemento principal en la persistencia del daño. Este fenómeno se restringe a la memoria, pues el análisis estadístico no ha detectado patrones constantes de mejora ni en la ansiedad, ni en la actividad física general, ni en el interés por la comida, lo que indica que las alteraciones detectadas son específicas del ámbito cognitivo.

El conjunto de pruebas incluidas en la revisión está vinculado a la función del hipocampo, una estructura cerebral íntimamente ligada tanto al aprendizaje y la memoria como a la regulación del apetito. El doctor Mike Kendig, autor sénior del trabajo, ha incidido en la importancia de los modelos animales para delimitar el impacto de la alimentación sobre el cerebro, dado que en seres humanos suelen confluir factores como el ejercicio, el estado de ánimo y los cambios en las rutinas, lo que complica la identificación del papel concreto de la dieta. Los hábitos dietéticos de larga duración pueden condicionar la función cognitiva, apuntando a la necesidad de prevenir el consumo excesivo de azúcar para preservar la memoria.

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