El aumento de madres solteras no es suficiente para compensar el desplome de la natalidad

El número de nacimientos en España cayó en 2024 a su nivel más bajo desde 1941, con 318.005 partos, un 0,8% menos que en 2023 y un 25,6% por debajo de 2014

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Ilustración de una plaza con una mujer empujando un cochecito, una pareja mayor en un banco y edificios, acompañada de infografías sobre la caída de nacimientos y fecundidad en España.
España alcanzó un récord mínimo de nacimientos en 2024 con 318.005 partos, mientras que la maternidad en solitario, aunque en crecimiento relativo, sigue representando una parte marginal de la fecundidad total. (Imagen Ilustrativa Infobae)

España registró en 2024 el mínimo histórico de nacimientos desde que el Instituto Nacional de Estadística (INE) tiene serie estadística, iniciada en 1941: hasta 318.005 partos, un 0,8% menos que el año anterior y un 25,6% por debajo de los registrados en 2014. El Indicador Coyuntural de Fecundidad (ICF) —el número medio de hijos que tendría una mujer a lo largo de su vida reproductiva si se mantuvieran las tasas observadas en un año dado— cayó a 1,10 hijos por mujer, y a 1,07 entre las nacidas en España. Ante ese panorama, la maternidad en solitario aparece en ocasiones como una vía capaz de amortiguar la caída. Sin embargo, los datos desmienten esa lectura. Veamos por qué.

Un análisis publicado en mayo de 2026 por Funcas cuantifica el peso real del fenómeno con los microdatos del Movimiento Natural de la Población del INE. El ICF calculable para las maternidades registradas sin datos del padre —el indicador que Funcas utiliza como aproximación a la maternidad en solitario— era de 0,018 hijos por mujer en 2007. En 2024 alcanzó 0,034. Eso significa que ha pasado de equivaler al 1,4% del ICF de las maternidades con pareja a representar el 3,2%. El crecimiento relativo es notable, pero la magnitud absoluta sigue siendo marginal dentro del conjunto de la fecundidad española.

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El informe de Funcas advierte que la maternidad en solitario no puede interpretarse como una solución a la crisis de natalidad ni presentarse como una opción generalizable. Debe interpretarse más como una señal de cambio en las formas familiares que como una vía capaz, por sí misma, de moderar sustantivamente la caída de la fecundidad", apunta el informe. Y es que ser madre soltera requiere recursos económicos, redes de apoyo y condiciones materiales que no siempre están disponibles. Y aunque su expansión es real, su contribución al Indicador Coyuntural de Fecundidad total resulta insuficiente para moderar de forma sustantiva la caída de nacimientos.

Madre e hija, ambas morenas, sentadas en un banco de madera en un parque al atardecer, mirándose y sonriendo. La madre abraza a la niña, que lleva chaqueta vaquera.
Una madre soltera abraza a su hija con cariño mientras comparten risas y miradas en un parque, simbolizando la fortaleza y alegría de su vínculo familiar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El contexto demográfico en que se inscribe esa advertencia es severo. El saldo vegetativo —diferencia entre nacimientos y defunciones— fue negativo en 116.056 personas en 2024, el octavo año consecutivo en esa situación, según el INE. En 2025, los datos provisionales del INE publicados en febrero de 2026 mostraron un repunte hasta 321.164 nacimientos, un 1% más que el año anterior, la primera subida en una década. Ese aumento no alteró el saldo vegetativo, que continuó en terreno negativo en 122.167 personas, el noveno año consecutivo.

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España, entre los países con menor fecundidad de la UE

España figura entre los países con menor fecundidad de la Unión Europea (UE). Según los datos de Eurostat publicados en marzo de 2026, solo Malta registró en 2024 un ICF inferior, con 1,01 hijos por mujer, frente al 1,10 de España y el 1,11 de Lituania. La media de la UE se situó en 1,34, el nivel más bajo desde 2001. A escala de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la tasa media cayó de 3,3 hijos por mujer en 1960 a 1,5 en 2022, según el informe Society at a Glance 2024.

Funcas señala que la persistencia de los factores que explican el crecimiento de la maternidad tardía en solitario —trayectorias formativas más largas, retraso de la convivencia en pareja, dificultad para encontrar una pareja adecuada para un proyecto reproductivo— apunta a que el fenómeno podría seguir creciendo al menos a medio plazo. El informe también identifica una variante emergente: mujeres más jóvenes que, anticipando esas dificultades, deciden adelantar la maternidad en solitario para reducir las incertidumbres biológicas asociadas al paso del tiempo. Aun así, Funcas subraya que su expansión debe interpretarse como una señal de cambio en las formas familiares, no como una vía capaz de compensar la caída de la natalidad.

Maternidad en solitario y vulnerabilidad

El peso de la crianza en solitario sobre un único adulto introduce una dimensión de vulnerabilidad que los datos europeos reflejan con nitidez. En España, el 16,4% de los hogares monoparentales se encontraba en situación de carencia material y social severa, casi el doble de la media de la UE (8,3%), según datos de Eurostat analizados por Funcas. Ese dato coloca a España entre los países de la UE con peores registros en ese indicador. Funcas matiza que los hogares monoparentales por elección cuentan, en promedio, con una posición económica más favorable que el conjunto. Pero esa distinción no neutraliza la exigencia material que implica la crianza en solitario, ni las causas estructurales de la baja natalidad —dificultades de conciliación, inestabilidad laboral, acceso a la vivienda— que afectan con mayor intensidad a quienes crían sin pareja.

La directora de la clínica de reproducción asistida Ginemed Madrid, María José Martínez Cañavate-

La edad media de maternidad en España se situó en 32,6 años en 2024, sin cambios desde 2021, y en 33,2 años entre las madres de nacionalidad española, según el INE. El porcentaje de nacimientos de madres de 40 años o más creció del 7,2% en 2014 al 10,4% en 2024, 3,2 puntos porcentuales más en diez años, según el INE. Funcas advierte que ese retraso acumulado durante décadas es uno de los factores que más pesa en la caída del ICF, y que la maternidad en solitario, por sí sola, no tiene capacidad para revertirlo.

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