Los hábitos sencillos que alejan los riesgos de sufrir cáncer colorrectal, según un médico

El gastroenterólogo Lucas Spindler explica que “muy claramente, son los factores ambientales: la alimentación, el tabaco y el alcohol” los que más influyen en el riesgo de cáncer colorrectal

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Representación conceptual del torso humano como una radiografía con el sistema digestivo iluminado en rojo y naranja, mostrando el colon y el intestino delgado.
Imagen conceptual del sistema digestivo humano mostrando el colon y el recto con tonos rojizos, ilustrando la importancia de la prevención del cáncer colorrectal. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hace unos días se publicaba en Nature Medicine un estudio que asocia el consumo de tabaco y la dieta con una mayor probabilidad de desarrollar cáncer colorrectal en adultos menores de 50 años. El equipo, del Vall d’Hebron Instituto de Oncología, establece con esto un vínculo entre determinados hábitos comúnmente entendidos como nocivos y una mayor incidencia de esta enfermedad entre adultos jóvenes. No hay una relación de causalidad directa, pero sí una influencia.

Lucas Spindler, gastroenterólogo del hospital Saint-Joseph de París, ha explicado en una entrevista con Doctissimo cómo la alimentación y las costumbres diarias pueden influir significativamente en la aparición de esta enfermedad. Tanto en clave positiva como al contrario.

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Hábitos saludables, primera barrera frente al cáncer colorrectal

El colorrectal es uno de los cánceres más frecuentemente diagnosticados tanto en España como en otros países europeos y tanto en hombres como en mujeres. Según datos recientes de la Red Española de Registros de Cáncer (Redecan), para 2026 se prevé que este tipo de tumor sea el más frecuente en España, con más de 44.000 nuevos casos, por delante de los de mama, pulmón, próstata y vejiga urinaria. En hombres, los tumores de próstata, colorrectal y pulmón encabezarán la lista, mientras que en mujeres los más frecuentes serán los de mama, colorrectal y pulmón.

Los especialistas insisten en que una parte importante de la prevención depende de los hábitos cotidianos. Lucas Spindler señala en su análisis que “muy claramente, son los factores ambientales: la alimentación, el tabaco y el alcohol”. El gastroenterólogo recomienda prestar atención a la dieta diaria: “El buen hábito sería comer 5 frutas y verduras al día y limitar todo lo que sean alimentos grasos, azucarados, embutidos y, además, los ultraprocesados”, subraya Spindler. En suma, “hay que comer bien, optar por una alimentación equilibrada”.

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La influencia de la dieta en la salud intestinal se ha estudiado en profundidad. Una alimentación rica en productos frescos y vegetales ayuda a mantener la mucosa intestinal, mientras que el exceso de grasas saturadas, azúcares y alimentos procesados puede alterar la flora bacteriana y favorecer la inflamación crónica. Según Spindler, esa inflamación mantenida a lo largo del tiempo puede alterar el ciclo celular y facilitar la aparición de lesiones cancerosas.

Además de la alimentación, el tabaco y el alcohol son también factores de riesgo ampliamente reconocidos en la literatura médica. El tabaco introduce en el organismo sustancias que generan estrés oxidativo y crean un entorno propicio para errores en el ADN celular. En el caso del alcohol, el riesgo se asocia tanto a la toxicidad directa sobre las células intestinales como a la capacidad de favorecer procesos inflamatorios y alterar la flora bacteriana.

En la práctica, el gastroenterólogo recomienda no superar los 10 vasos de alcohol por semana, no consumir bebidas alcohólicas todos los días y no sobrepasar los dos vasos diarios en un máximo de cinco días a la semana, “así que no más de 2 vasos al día y como máximo 5 días de 7. Y además dejar de fumar. Son gestos fáciles de adoptar y que están demostrados en el caso del cáncer colorrectal”.

No obstante, no todo el riesgo es modificable. Spindler recuerda que existen factores que no se pueden controlar, como la herencia genética, la edad o los síndromes de predisposición genética y las enfermedades inflamatorias intestinales de larga evolución. De ahí la importancia del cribado, especialmente a partir de los 50 años, como herramienta para detectar la enfermedad en fases tempranas.

En cuanto a la alimentación, Spindler señala que “lo ecológico probablemente aporta un beneficio, ya que se sabe que muchos pesticidas están implicados en el desarrollo de distintos tipos de cáncer”. De cualquier manera: estas medidas no sustituyen los programas de cribado recomendados por las autoridades sanitarias, pero representan una primera línea de defensa contra uno de los tumores más frecuentes en la actualidad. Los especialistas coinciden en que pequeños cambios en la rutina pueden marcar una diferencia en la incidencia y evolución del cáncer colorrectal.

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