
Nadie debe cargar sobre su espalda con la responsabilidad de la vida de los demás, tampoco en el seno de la familia. Esta premisa, aparentemente evidente, constituye el punto de partida en la reflexión que ha compartido el psicólogo Alfonso Navarro, especializado en familias y adolescentes, a través de su cuenta de TikTok, donde divulga sobre las relaciones entre padres e hijos. “Nadie es responsable de la felicidad de otra persona. Ni tú de la de tus padres. Ni tu hijo de la tuya”, introduce.
En muchos hogares persiste la tendencia a depositar en los hijos expectativas ajenas. Hay ocasiones en las que los padres deciden trazar el futuro de sus hijos y muchos de ellos lo hacen sin saber que están cometiendo un error. Esta presión, según Navarro, provoca que se eduque desde deseos y miedos propios, hasta el punto de transmitirles que, si cumplen lo esperado, “todo irá bien”.
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A modo de ejemplo, el psicólogo expone un caso que podría darse en cualquier familia ahora que solo queda un mes para los exámenes de acceso a la universidad. “Tu hijo quiere estudiar diseño gráfico, pero tú le presionas para que estudie derecho porque en tu cabeza tiene más salidas y le irá mejor en la vida. Y claro, eso a ti te hace sentir mejor o por lo menos te calma. Pero la pregunta es: ¿a costa de quién? Porque cuando tu hijo siente que tiene que elegir entre ser él mismo o hacer lo que sus padres necesitan o quieren, algo se rompe”.
El dilema principal lo resume el propio especialista insistiendo en que educar también conlleva soltar ese impulso de control: “Aceptar que tus hijos no han venido a hacerte feliz. Han venido a vivir su propia vida”, ha defendido Navarro. Desde su perspectiva, cuando un hijo tiene que elegir entre ser quien es y no decepcionar a sus padres, “algo importante se resiente”.
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Qué ocurre cuando padres e hijos confunden la felicidad con la expectativa
Según Navarro, el origen de este círculo vicioso se encuentra en el patrón que se repite de generación en generación: “A veces crecemos pensando que si no hacemos lo que nuestros padres piensan que debemos hacer o sus expectativas, estamos siendo malos hijos”. Esta lógica, apunta, se acaba trasladando a la siguiente generación: “Sin darnos cuenta repetimos ese patrón con nuestros propios hijos”.
El psicólogo advierte de que el malestar paterno ante la desobediencia filial tiene una causa clara: “Si te enfadas o te decepcionas porque tu hijo no hace lo que tú esperas que haga, no es que él te esté haciendo daño, es que la realidad no está cumpliendo con tus expectativas. Y ahí es donde deberías mirarte a ti mismo”.
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Cada individuo debe asumir la responsabilidad de su bienestar emocional. “Cada persona tiene que hacerse cargo de su felicidad y de su calma”, insiste Navarro, que invita a los progenitores a revisar sus propias motivaciones e insatisfacciones. A su juicio, el primer paso para transformar la dinámica familiar exige una autocrítica. A veces, el camino empieza con una pregunta: ¿por qué le exijo a mi hijo que me haga feliz?
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