
Dormir bien es uno de los pilares fundamentales para la salud. Cuando descansamos, el cuerpo se encarga de reparar tejidos, regular funciones esenciales o recuperar energía para afrontar el día siguiente. Sin embargo, ya sea por el estrés laboral, problemas familiares o cualquier otro motivo, no siempre es posible.
Según explica la Sociedad Española de Neurología (SEN), el 48% de la población adulta tiene problemas para tener un sueño de calidad. Se trata de un dato especialmente alarmante, ya que el descanso influye de forma directa en la salud física y mental.
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Aunque hábitos de vida como el ejercicio físico o la dieta son factores diferenciales, no son los únicos en determinar la calidad del sueño. De hecho, nuestros hábitos nocturnos pueden marcar la diferencia entre conciliar el sueño antes o después.
Según explica ScienceAlert, una revista científica australiana muy prestigiosa, explica uno de los hábitos que nos impide dormir y que potencia nuestra ansiedad es tumbarse en la cama para intentar dormirnos a pesar de no poder.
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Durante muchos años se nos ha enseñado a que este es el mejor método para dormir, pero esto no es así. Lo cierto es que permanecer despierto en la cama intentando dormir puede tener el efecto contrario al deseado. Los expertos explican que, al repetir este hábito, el cerebro asocia la cama a un momento de estrés, lo que aliemnta el bucle de tumbarte y no dormirte.
Qué hacer para recuperar el sueño
Según recoge ScienceAlert, en lugar de permanecer tumbado durante largos periodos sin conseguir dormir, los expertos recomiendan levantarse y cambiar de entorno hasta que vuelva la somnolencia. La idea es sencilla: recuperar la asociación natural entre cama y descanso.
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Para ello, es preferible realizar actividades tranquilas y poco estimulantes, como leer, escribir, escuchar música relajante o hacer ejercicios de respiración. No se trata de activarse, sino de desengancharse de la frustración de no poder dormir.
Una vez que el cuerpo vuelva a notar señales de sueño, es el momento de regresar a la cama. Este pequeño cambio de conducta puede ayudar a reeducar al cerebro y reducir el tiempo que se tarda en conciliar el sueño con el paso de los días.
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Dormir con el wifi encendido (TikTok)
Además, los especialistas recuerdan que el insomnio no siempre es un problema puntual, sino que en muchos casos se mantiene en el tiempo y puede estar relacionado con otras dificultades de salud física o mental. Por ello, si el problema se prolonga, es importante buscar ayuda profesional para abordar el origen del trastorno y no solo sus síntomas.
La relación entre el sueño y la salud mental
La falta de sueño no solo provoca cansancio físico, sino que también tiene un impacto directo en la salud mental. Dormir mal durante varias semanas puede aumentar los niveles de ansiedad, irritabilidad y la dificultad para concentrarse, afectando al estado de ánimo.
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Con el tiempo, esta situación puede convertirse en un círculo vicioso en el que el mal descanso y el malestar emocional se retroalimentan. Por ello, cuidar el sueño es también una forma de proteger el bienestar psicológico.
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