
El aumento del precio de la vivienda, la inflación y el crecimiento del coste de vida han redefinido la economía doméstica para muchos españoles que deben llegar a final de mes con los mismos ingresos que hace unos años. Entre 2021 y finales de 2025, el precio de la vivienda subió alrededor de un 30% en nuestro país, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Este repunte fue especialmente pronunciado en los dos últimos años, con aumentos del 10% y el 13% anual, algo que no se veía desde la crisis inmobiliaria de 2008.
Estas subidas han convertido a las casas en un auténtico patrimonio que muchos con suficiente poder adquisitivo están aprovechando para especular. Pero los gastos diarios, sumados a una inflación acumulada del 46% en las dos últimas décadas y un índice anual del 3,4% en marzo de 2026, hacen que la clase baja de España, y sobre todo los jubilados, deban hacer malabares para poder cubrir todos los gastos.
Los mayores de 65 años cuentan con alternativas, sobre todo si tienen una vivienda en propiedad. Para ellos, la hipoteca inversa es una alternativa. Esta modalidad, según el Banco Santander, permite que los propietarios reciban una cantidad periódica de dinero a cambio de emplear su inmueble como garantía de un préstamo, sin perder el derecho a residir en la vivienda.
Qué es la hipoteca inversa y cómo funciona
La hipoteca inversa consiste en un préstamo hipotecario dirigido a personas mayores de 65 años que sean propietarias de su vivienda habitual y no tengan otras cargas sobre el inmueble. El importe que cada solicitante puede recibir depende fundamentalmente de dos factores: su edad y el valor de la casa. Así, cuanto mayores sean ambos, mayor será la mensualidad a percibir.
Lo importante de este producto es que los titulares no deben devolver el dinero mientras vivan ni afrontar cuotas mensuales. El reembolso del capital y los intereses recae sobre los herederos, quienes podrán optar por vender la vivienda para saldar la deuda, quedarse con el inmueble asumiendo la cancelación del préstamo, o renunciar a la herencia si lo consideran oportuno.
Entre los beneficios está que las cantidades recibidas no tributan en el IRPF conforme a la legislación vigente. Además, los propietarios mantienen en todo momento la titularidad de su vivienda y continúan residiendo en ella. La entidad subraya que, si tras la venta del inmueble existiese un remanente una vez liquidada la deuda, este pasaría a los herederos. Por otra parte, si el valor de la casa no cubre el importe pendiente, el banco solo podrá reclamar sobre el bien hipotecado y los bienes heredados, sin afectar el resto del patrimonio personal.
La entidad ofrece un plazo de nueve meses sin intereses para que los herederos decidan cómo afrontar la deuda tras el fallecimiento de los titulares. Durante ese periodo, pueden vender la vivienda, formalizar una hipoteca convencional o utilizar fondos propios. En caso de que opten por no aceptar la herencia, Santander iniciaría el proceso de recuperación del bien.
Requisitos y condiciones
El acceso a esta modalidad financiera exige cumplir con una serie de requisitos. Está destinada exclusivamente a mayores de 65 años, pudiendo ser hasta dos titulares, siempre que sean propietarios de la vivienda habitual y no existan otras hipotecas o cargas sobre el inmueble. El valor mínimo de la propiedad debe superar los 150.000 euros y no se permite que residan en ella personas distintas a los propietarios. Además, no puede solicitarse sobre segundas viviendas ni locales.

Después, cuando los titulares del préstamo fallecen, el banco contacta con los herederos para gestionar la devolución del capital. Si deciden vender la casa y queda un sobrante tras cancelar la deuda, esa cantidad les corresponde. Si, en cambio, desean conservar la vivienda, pueden cancelar la hipoteca inversa mediante la contratación de un préstamo hipotecario convencional o utilizando sus propios recursos. Además, existe la posibilidad de renunciar a la herencia, en cuyo caso el banco comienza el procedimiento para recuperar la vivienda.
La vivienda solo se emplea como garantía de préstamo. Los propietarios siguen siendo titulares plenos hasta su fallecimiento, de modo que los gastos de mantenimiento y tributos asociados siguen correspondiendo a quien vive en la casa, igual que en cualquier otro préstamo hipotecario.
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