Beatriz Titos, psicóloga: “Si no puedes abrirte con esa persona porque no es digna de tu confianza, la solución no es que dejes de contarle cosas”

La experta señala que es frecuente sentir culpabilidad por haber compartido demasiada información con los demás, cuando el problema real está en quien traiciona la confianza

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La psicóloga Beatriz Titos señala la importancia de poner el foco en la responsabilidad de los demás y no siempre en nosotros mismos. (Freepik)
La psicóloga Beatriz Titos señala la importancia de poner el foco en la responsabilidad de los demás y no siempre en nosotros mismos. (Freepik)

En las relaciones personales, no siempre resulta fácil identificar dónde está el problema cuando algo se rompe. Muchas veces, ante un conflicto, la reacción más inmediata no es analizar el vínculo o cuestionar a la otra persona, sino dirigir la mirada hacia uno mismo. Es un gesto casi automático: revisar lo que se ha dicho, lo que se ha hecho y lo que quizá se podría haber evitado.

Esa tendencia a la autoevaluación constante puede parecer, en principio, una señal de madurez o responsabilidad emocional. Sin embargo, no siempre conduce a soluciones reales. En algunos casos, lo único que genera es una carga de culpa innecesaria que termina afectando a la autoestima y a la manera en que nos relacionamos con los demás.

El resultado es que, en lugar de protegernos, acabamos modificando aspectos de nuestra personalidad o restringiendo nuestra forma de expresarnos. Nos volvemos más cautos, más cerrados, menos espontáneos. Y todo ello, muchas veces, sin cuestionar si el problema realmente está en nosotros o en el entorno en el que nos movemos.

En este contexto, la psicóloga Beatriz Titos (@bea.psicosingluten en TikTok) pone el foco en una idea clave: la tendencia a asumir culpas que no corresponden. A través de su experiencia clínica, explica cómo este patrón se repite con frecuencia en consulta. “‘¿Sabes cuál es el problema en realidad? Que cuento demasiadas cosas sobre mí y al final toda esa información la otra persona la puede utilizar en mi contra, así que mejor no cuento nada’. Esto lo que me decía el otro día una paciente”.

Cuando alguien traiciona nuestra confianza, muchas veces ponemos el foco en nosotros mismos, culpándonos por haber confiado. (Freepik)
Cuando alguien traiciona nuestra confianza, muchas veces ponemos el foco en nosotros mismos, culpándonos por haber confiado. (Freepik)

Lejos de validar esa conclusión, Titos propone un cambio de perspectiva. “Haciendo un poco de reflexión llegamos a la conclusión de que en realidad es uno de los mejores filtros que tenemos”, explica. Para la psicóloga, el hecho de compartir información personal no es el problema, sino una herramienta que permite evaluar la calidad de las relaciones.

Desde esta perspectiva, abrirse a los demás actúa como una especie de prueba. “Si tú descubres que a una persona no le puedes contar absolutamente nada de tu vida porque lo va a utilizar en tu contra, estamos descubriendo que esa persona no es un lugar seguro, no es un entorno de fiar”, señala. Es decir, la información compartida no es una debilidad, sino un indicador.

“Deja de ponerte tú en el foco de la culpa”

Titos señala que la clave no se encuentra en dejar de compartir información con los demás, algo a lo que muchas personas tienden cuando se encuentran con decepciones en sus relaciones personales, sino en interpretar correctamente esa señal. “Es una persona que no tiene que formar parte de nuestra vida”.

El problema, por tanto, aparece cuando se produce una lectura errónea de la situación: en vez de cuestionar al otro, muchas personas optan por replegarse. “Ahí es donde está el problema, en que en lugar de revisar las personas que forman parte de nuestra vida y que corren el riesgo de hacernos daño, lo que hacemos es revisarnos a nosotros mismos”, advierte Titos.

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Este desplazamiento del foco tiene consecuencias directas en la forma en que se gestionan los vínculos, ya que llegamos “a la conclusión de que contamos demasiada información, cuando en realidad el problema lo tiene la persona de enfrente”, subraya.

En este sentido, insiste en la importancia de reconocer la naturaleza de la confianza, atendiendo a la observación de que la otra persona “no es capaz de respetar que esa información es privada, que es confidencial y que se la hemos otorgado porque confiamos en ella”, explica. La responsabilidad, por tanto, recae en quien traiciona esa confianza, no en quien la ofrece.

Así, su mensaje es directo: “Deja de culparte tú, deja de ponerte tú en el foco de la culpa y coloca a la persona que está enfrente”. Este cambio de enfoque no solo alivia la carga emocional, sino que permite tomar decisiones más coherentes. “Si tú no puedes abrirte con esa persona porque no es digna de tu confianza, la solución no es que cambies tú, la solución es sacar a esa persona de tu vida”.