Los tres sesgos que aprovechan las personas narcisistas para manipularte, según una psicóloga

La experta Ainhoa Vila explica que estos efectos influyen en la manera en la que se percibe la realidad y pueden dificultar romper con una relación dañina

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Las personas narcisistas utilizan en su beneficio algunos sesgos para llevar a cabo la manipulación. (Freepik)
Las personas narcisistas utilizan en su beneficio algunos sesgos para llevar a cabo la manipulación. (Freepik)

Las relaciones personales no siempre son espacios seguros o equilibrados, aunque así lo parezcan en un primer momento. En muchos casos, ciertas dinámicas dañinas se construyen de forma progresiva, casi imperceptible, hasta que quienes las viven quedan atrapados en una lógica difícil de romper.

Identificar este tipo de situaciones no es sencillo. No basta con reconocer conductas evidentes, ya que muchas veces el problema reside en mecanismos más sutiles que operan a nivel psicológico. Son procesos que afectan a la forma en la que interpretamos la realidad, tomamos decisiones o valoramos a los demás.

De esta manera, las personas con rasgos narcisistas no siempre se presentan de forma evidente. La manipulación puede no ser directa ni explícita, sino apoyarse en mecanismos psicológicos compartidos por todos. La psicóloga Ainhoa Vila (@ainhowins en TikTok) pone el foco en tres sesgos cognitivos clave que facilitan la manipulación por parte de personas narcisistas.

Sesgos psicológicos que influyen en la manipulación

Vila señala que el primer sesgo que las personas narcisistas tienen en cuenta es el sesgo de confirmación: “Esa tendencia a buscar, a interpretar y a recordar esa información que confirme nuestras creencias, ignorando aquellas que las contradicen”, explica.

La manipulación emocional muchas veces no se observa en dinámicas claras. (Freepik)
La manipulación emocional muchas veces no se observa en dinámicas claras. (Freepik)

Este mecanismo resulta especialmente eficaz en relaciones donde ya existe un vínculo previo o una idea formada sobre la otra persona. Si alguien cree que su pareja es buena, comprensiva o especial, tenderá a interpretar los comportamientos negativos como excepciones o malentendidos. De este modo, la imagen inicial se refuerza, incluso frente a evidencias contradictorias.

El segundo elemento señalado por Vila es el llamado efecto halo. “Si una persona te gusta por una característica, por ejemplo, el atractivo, el carisma, asumes que también va a ser buena en otros aspectos”, detalla. Este sesgo actúa como una especie de atajo mental que simplifica la percepción del otro, pero que también puede distorsionarla.

En la práctica, esto significa que una cualidad positiva puede eclipsar otras señales de alerta. El carisma o el éxito social de una persona pueden hacer que se minimicen comportamientos problemáticos, dificultando una evaluación más equilibrada de la relación.

El tercer sesgo es la aversión a la pérdida, un fenómeno ampliamente estudiado en psicología. “Prefieres evitar la pérdida que obtener una ganancia equivalente, lo que te hace tolerar esas situaciones dañinas por miedo a perder algo sumamente valioso. Por ejemplo, el estatus, la jerarquía o un grupo social”, señala la psicóloga.

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Este factor resulta determinante en contextos donde la relación implica beneficios simbólicos o sociales. El miedo a perder una posición, una identidad compartida o un entorno puede llevar a prolongar situaciones perjudiciales, incluso cuando el malestar es evidente. “Obviamente, las personas manipuladoras, los narcisistas, explotan esto radicalmente”

A partir de estos tres pilares, Vila advierte de que las personas manipuladoras pueden intensificar estas estrategias explotando otros sesgos adicionales, como el de escasez, a través de mensajes como “Si me dejas, nadie te querrá”; el de autoridad, “Todos me respetan, tú también deberías hacerlo”, o el de compromiso y coherencia, “Ya has llegado hasta aquí, ¿cómo vas a echarte atrás ahora?“.

Estos mecanismos no solo refuerzan la dependencia emocional, sino que dificultan la toma de decisiones racionales. Al apelar a miedos profundos o a normas sociales internalizadas, la manipulación se vuelve más sutil y, por tanto, más difícil de identificar.