El ejercicio físico es uno de los mejores tratamientos para la enfermedad de Parkinson

El deporte ayuda a controlar y mejorar algunos de los síntomas de este trastorno crónico

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Vista posterior de una mujer con top y leggings azul marino estirando su brazo derecho sobre la cabeza, de pie frente a una pared de hormigón gris.
Una mujer de espaldas, vestida con ropa deportiva azul, realiza un estiramiento lateral contra una pared de hormigón. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La enfermedad de Parkinson o párkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más común del mundo. Este trastorno crónico ataca al sistema nervioso y afecta al movimiento del cuerpo. El párkinson afecta a más de 8,5 millones de personas en el mundo y, en España, se estima que son alrededor de 160.000 personas las que conviven con la enfermedad.

La causa es desconocida y la cura todavía no existe, pero sí existen tratamientos que ayudan a mejorar los síntomas. Más allá de las intervenciones farmacológicas, recientes estudios han mostrado los beneficios del ejercicio físico en la lucha con la enfermedad.

Así lo defendieron en 2024 investigadores de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), que llegaron a afirmar que “el ejercicio debería prescribirse como medicina” a los pacientes con enfermedad de Parkinson en las fases iniciales. Tras una extensa revisión científica, el equipo danés vio que el deporte podía ayudar no solo a prevenir, sino también a tratar alguno de los síntomas del párkinson.

“Por ejemplo, muchas personas con enfermedad de Parkinson tienen dificultades para caminar, y el ejercicio puede reducirlas considerablemente. Esto puede mejorar mucho la calidad de vida del paciente. Si le cuesta levantarse de la silla, quizá deba centrarse en ejercicios de fuerza o equilibrio. Si tiene riesgo de hipertensión, haga ejercicios cardiovasculares. Es importante tener un plan de ejercicios a medida, porque no podemos esperar que la persona sepa qué ejercicios mejorarán sus síntomas”, afirmó Martin Langeskov Christensen, investigador principal del estudio.

Ejercicios recomendados para personas con párkinson

caminata en pendiente
Una persona camina en una cinta. (Freepik)

Desde la Parkinson’s Foundation, organización internacional sin ánimo de lucro, defienden igualmente la importancia del ejercicio para hacer frente a la enfermedad. El Parkinson’s Outcomes Project, un estudio clínico con más de 13.000 pacientes lanzado en 2009, evidenció que practicar al menos 2,5 horas de ejercicio a la semana, especialmente desde fases tempranas de la enfermedad, contribuye a retrasar el deterioro en la calidad de vida. La relación directa entre la regularidad, la intensidad y la mejora funcional hace que los expertos recomienden adoptar hábitos de ejercicio estructurados, combinando diferentes tipos de actividad adaptados al estadio y necesidades de cada paciente.

El tipo de ejercicio ideal depende siempre de los síntomas concretos y del grado de afectación de cada persona: quienes son más sedentarios pueden iniciar su rutina con paseos cortos o ejercicios de baja intensidad, incrementando gradualmente tanto el tiempo como la intensidad conforme a su tolerancia. En general, la Parkinson’s Foundation recomienda incluir actividad aeróbica, entrenamiento de fuerza, flexibilidad y ejercicios de equilibrio y agilidad en los programas deportivos para personas con párkinson.

El 66% de los pacientes hace deporte

Los enfermos de párkinson parecen saberse la lección y la gran mayoría de ellos (66%) continúa practicando algún tipo de actividad física tras el diagnóstico, según un reciente estudio del Grupo de Investigación VALFIS de la Universidad de León. Sin embargo, según revela su artículo publicado en la Revista de Neurología de IMR Press, un 20% dejaron de hacerlo al conocer que tenían párkinson.

El yoga combina ejercicio físico y meditación para mejorar fuerza, postura y flexibilidad. Favorece la respiración consciente, reduce ansiedad, fortalece huesos y articulaciones, mejora el sueño, la inmunidad y la salud cardiovascular, aportando equilibrio emocional y bienestar integral.

Antes del diagnóstico de Parkinson, el 86% de los participantes practicaba algún tipo de actividad física, principalmente caminata (87,8%), natación (22,8%) y ciclismo (21,8%). La mayoría lo hacía sin supervisión (70%). Tras el diagnóstico, la proporción que mantiene la actividad disminuye al 66%, mientras que un 19% intentó seguir activa durante un periodo, y uno de cada cinco (20%) dejó de hacer ejercicio por completo.

Un aspecto llamativo es que el 78% de los pacientes reportó cambios en su rutina, destacando una reducción en la frecuencia (18,4%) y en la duración (32,8%) del ejercicio. Más de la mitad (58%) no alcanza las recomendaciones mínimas de actividad física según la Organización Mundial de la Salud, lo que se considera inactividad física relevante. Entre las barreras principales para no hacer ejercicio, los encuestados destacan la falta de energía (51,1%) y el miedo a caer (44,3%).