La muerte de la filósofa prohibida por el Vaticano cumple 40 años: “No se nace mujer, se llega a serlo”

Simone de Beauvoir murió en 1986, un 14 de abril, pero su legado feminista, anclado en la distinción entre biología y construcción cultural de la identidad femenina, sigue vigente

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Simone de Beauvoir
La activista feminista francesa Simone de Beauvoir participó de la resistencia en la lucha contra el nazismo. / Imagen de archivo

El mismo día en que España proclamaba la II República, 50 años después, moría Simone de Beauvoir (París, 1908 - París, 1986), filósofa y activista feminista francesa. Quien acuñó citas tan singulares como “no se nace mujer: se llega a serlo” o “la existencia precede a la esencia”, ha quedado unida por su efeméride con el primer intento de instaurar la democracia en España, un 14 de abril de 1931.

La trayectoria intelectual de Beauvoir se articula en torno a la distinción entre biología y construcción cultural de la identidad femenina. Su obra más influyente, El segundo sexo, publicada en 1949, fue el antecedente de la corriente actual de feminismo centrada en la libertad individual, la responsabilidad y la crítica a la construcción social de género. Una manera de entender el rol de la mujer en la sociedad que permanece a la orden del día.

La socialización, el lugar subordinado de las mujeres

La que es quizá la cita más reconocida de la filósofa y activista, “no se nace mujer: se llega a serlo”, es una idea que sostiene que la feminidad no es una condición natural, sino una consecuencia de la educación, la religión, las leyes y las expectativas sociales. De Beauvoir argumenta que la sociedad, a través de diversos mecanismos, impone a las mujeres un aprendizaje que las conduce a ocupar un lugar subordinado. Más de siete décadas después, su análisis mantiene plena vigencia en los debates contemporáneos sobre género.

De Beauvoir enmarca su reflexión filosófica bajo la premisa existencialista de que “la existencia precede a la esencia”. A partir de esta noción, desarrolla una genealogía de la desigualdad de género que comienza en la infancia, cuando la socialización y las normas familiares moldean el ser mujer. Para ella, ningún destino biológico, psíquico o económico determina la posición de la mujer en la sociedad; es la civilización la que construye la identidad femenina como una categoría intermedia y subordinada.

El análisis de De Beauvoir se diferencia por identificar que la mujer ha sido conceptualizada históricamente como “lo Otro” frente al hombre, quien ocupa el lugar de sujeto universal. Esta posición secundaria, según De Beauvoir, solo puede ser superada mediante la emancipación, con la libertad como eje central.

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La filósofa y feminista Simone de Beauvoir en el café Deux Magots, junto a la Iglesia Saint-Germán-des-Prés, en París. / Imagen de archivo

Reacciones al pensamiento de Beauvoir

Este planteamiento desafió la visión tradicional y provocó reacciones intensas en su época: mientras algunos sectores lo consideraron escandaloso, el Vaticano llegó a prohibir el libro. Pese a las controversias, El segundo sexo es visto hoy como un pilar del feminismo moderno y como motor de un activismo real, siendo incluido por Le Monde entre los libros más destacados del siglo XX.

Desde los primeros capítulos de su obra, la autora examina el origen y la persistencia de la desigualdad de género, señalando que, a diferencia de otras minorías oprimidas, las mujeres siempre han existido en igual número que los hombres. Sin embargo, su subordinación no responde a criterios numéricos, sino a la dispersión social y la ausencia de una historia, religión o solidaridad común, lo que dificulta su organización como colectivo.

De Beauvoir incorpora a su análisis observaciones sociológicas, históricas y económicas, y rechaza la reducción de la mujer a sus características biológicas. Critica la visión que define a la mujer a partir de su función reproductiva, argumentando que las experiencias biológicas no constituyen, por sí solas, un proyecto existencial. Señala que el verdadero privilegio masculino radica en la exclusividad de ciertas actividades sociales, como el trabajo o la guerra, que han sido históricamente negadas a las mujeres. A través de este enfoque, la autora sostiene que la posición de la mujer en la sociedad es el resultado de una construcción histórica y social, y no de una esencia inmutable.

Simone de Beauvoir
La obra de Simone de Beauvoir 'El segundo sexo' fue prohibida por el Vaticano. / Imagen de archivo

La vida de la filósofa: de referente cultural a la defensa del aborto

La vida de Simone de Beauvoir refleja un compromiso constante con la libertad y la crítica social. Nacida en una familia burguesa parisina, estudió en la Sorbona y se vinculó desde joven con los círculos intelectuales progresistas. Su relación con Jean-Paul Sartre y su participación en la fundación de la revista Les Temps Modernes consolidaron su posición en el existencialismo y el marxismo.

El éxito de El segundo sexo la estableció como referente intelectual, y continuó abordando temas sociales y existenciales en obras como Los mandarines, por la que recibió el Premio Goncourt, y en sus memorias y novelas, donde explora la condición femenina, la vejez y la crisis existencial.

Además de su obra literaria, De Beauvoir mantuvo una activa participación política. Durante la Segunda Guerra Mundial colaboró con la radio libre de Vichy y, en la posguerra, se sumó a luchas emblemáticas del feminismo francés, como la defensa del derecho al aborto. Su firma aparece en el Manifiesto de las 343, gesto que contribuyó de manera decisiva a la legalización del aborto en Francia. Su vida personal y profesional estuvo marcada por la independencia y la militancia, manteniendo una relación intelectual duradera con Sartre hasta la muerte de este en 1980.

Los jóvenes españoles se sienten cada vez menos identificados con la idea de feminismo, aunque defienden la igualdad de género.

En sus últimos años, De Beauvoir se dedicó a reflexionar sobre la vejez y la muerte, plasmando sus pensamientos en libros como La vejez, Una muerte muy dulce y La ceremonia del adiós, este último dedicado a Sartre. Falleció en París el 14 de abril de 1986, dejando un legado intelectual y político que sigue influyendo en el pensamiento feminista y en la lucha por la igualdad de género.