Fran Sánchez, psicólogo: “Cuidado, esto puede deteriorar muchísimo tu relación”

El experto señala que esta dinámica puede cronificar los conflictos y provocar que una de las dos personas viva con una culpa eterna

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Un hombre y una mujer enfadados. La mujer está de brazos cruzados en primer plano y el hombre, cabizbajo, sentado en un sofá más al fondo
El psicólogo Fran Sánchez explica una dinámica que puede deteriorar gravemente las relaciones de pareja. (Freepik)

Las relaciones de pareja no están exentas de conflicto. Discutir, discrepar o atravesar momentos de tensión forma parte de cualquier vínculo humano. De hecho, los desacuerdos pueden incluso ser saludables si sirven para expresar necesidades, revisar dinámicas y reforzar la confianza entre ambas partes.

El problema no suele estar en el conflicto en sí, sino en la manera en que se gestiona. Hay discusiones que se cierran, que permiten avanzar, y otras que, sin embargo, quedan abiertas, latentes, como una herida que no termina de cicatrizar. Cuando esto ocurre, el malestar puede enquistarse y reaparecer en momentos inesperados.

La falta de comunicación clara, la dificultad para empatizar con el otro o la tendencia a evitar conversaciones incómodas son factores que alimentan estos bloqueos. Con el tiempo, lo no resuelto puede convertirse en un peso constante dentro de la relación, condicionando la forma en que ambos interactúan.

En este contexto, el psicólogo Fran Sánchez (@minddtalk en TikTok) pone el foco en una práctica habitual que, aunque pueda parecer inofensiva, resulta especialmente dañina: el falso perdón. “Si le dices a tu pareja que le perdonas por un error que cometió, pero sigues sacando ese fallo constantemente, cuidado, porque esto puede deteriorar muchísimo la relación”, advierte.

Algunas dinámicas dentro de una pareja pueden deteriorar mucho el vínculo. (Freepik)
Algunas dinámicas dentro de una pareja pueden deteriorar mucho el vínculo. (Freepik)

El rencor y la culpa eterna

El experto señala que esta contradicción es más común de lo que parece. “Muchas personas, o a veces incluso nosotros mismos, decimos que perdonamos, pero seguimos usando constantemente lo que pasó y esto es tremendamente dañino para la pareja”. Es decir, el perdón se expresa verbalmente, pero no se traduce en un cambio real en la dinámica.

Para ilustrarlo, plantea una situación cotidiana. “Ha ocurrido algo en la relación: el otro se ha equivocado, lo ha reconocido, se ha disculpado y ha tratado de enmendarlo y tú, en teoría, le has perdonado, pero en la práctica no, porque cada vez que hay un conflicto por cualquier otro motivo, aquello que sucedió vuelve a salir”. Este patrón se manifiesta en frases que, según explica, son frecuentes en discusiones: “Ahora me vas a venir con estas después de lo que tú hiciste”, “Con lo que pasó, lo mínimo sería que hicieses lo que haga falta sin que tenga ni que pedírtelo” o “Después de lo que tú hiciste, no estás en posición de pedir ni de decir nada”.

Las consecuencias de esta dinámica no son menores. “La otra persona empieza a vivir en una especie de deuda constante, como si tuviera que compensar algo todo el tiempo, como si nunca fuera suficiente, como si nunca fuese a terminar de reparar lo que hizo”. La relación, entonces, deja de ser un espacio de equilibrio para convertirse en un terreno desigual.

Esa sensación de deuda permanente tiene efectos emocionales profundos. “El otro empieza a ir con un cuidado extremo, a medirse constantemente, a no sentirse libre, a sentir que hay una desigualdad que nunca se va a equilibrar y a sentir que ese error le va a perseguir por siempre”. En lugar de favorecer la reparación, el reproche continuo cronifica el conflicto.

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Para Sánchez, la clave está en la coherencia. “Si decides perdonar, tiene que haber un momento en el que eso deje de usarse”. Y añade un matiz importante: “Y, si no puedes hacerlo porque lo que pasó te supera, es más que válido, pero hay que ser honesto con esto”. Permanecer en un punto intermedio solo agrava la situación: “Lo que no funciona es quedarse a medias, porque ahí uno vive con rencor y el otro con una culpa eterna”.

Eso sí, perdonar no implica olvidar ni silenciar lo ocurrido. “Esto no significa hacer como si no hubiera pasado. Si algo te sigue afectando, hay que hablarlo, pero desde otro lugar, desde el equipo y desde el entender qué necesitáis para repararlo, no desde el reproche, el ataque o el ‘lo saco cuando me conviene’”.

“Perdonar de verdad no es decir simplemente: ‘Vale, te perdono’. Es haber conseguido dejar de utilizarlo como arma”, explica el psicólogo.