Las nuevas cámaras con IA de la DGT son capaces de multarte por cosas que antes no se podían demostrar: dónde se ubican y cómo evitar las sanciones

Tráfico despliega un sistema automatizado que detecta el uso del móvil o el mal uso del cinturón con precisión milimétrica en cualquier punto de la red viaria

Guardar
Un radar de tráfico. (iStock)
Un radar de tráfico. (iStock)

El despliegue de las nuevas cámaras de vigilancia de la Dirección General de Tráfico (DGT) ha dejado atrás su fase experimental para consolidarse como una herramienta plenamente operativa en la red viaria española. Este sistema, basado en inteligencia artificial, introduce un cambio sustancial en la forma en la que se vigilan las infracciones al volante, sustituyendo progresivamente los controles tradicionales por una red automatizada capaz de analizar miles de imágenes por minuto.

La implantación de estas cámaras afecta tanto a vías urbanas como interurbanas, y responde a una estrategia de control que prioriza la detección de conductas de riesgo más allá del exceso de velocidad. El avance tecnológico permite ahora identificar comportamientos que hasta hace poco resultaban difíciles de demostrar, como el uso indebido del teléfono móvil o la incorrecta utilización del cinturón de seguridad.

El funcionamiento de estos dispositivos difiere de los radares convencionales. En lugar de cinemómetros, emplean sistemas de procesamiento de imagen en tiempo real. Las cámaras están situadas en pórticos sobre la calzada, postes laterales e incluso en vehículos camuflados, como furgonetas que operan sin señalización visible.

Su tecnología se basa en la captura de ráfagas de imágenes del interior del vehículo, especialmente del parabrisas delantero. A partir de ahí, entra en acción un software de inteligencia artificial entrenado para identificar patrones concretos: la posición de las manos del conductor, la presencia de objetos como teléfonos móviles o la correcta colocación del cinturón de seguridad.

Cuando el sistema detecta una posible infracción —por ejemplo, el reflejo de una pantalla o la ausencia de la banda diagonal del cinturón— selecciona automáticamente la imagen y la remite a los Centros de Tratamiento de Denuncias Automatizadas. En estas instalaciones, un operador humano valida la infracción para descartar errores antes de emitir la sanción correspondiente.

El móvil, en el punto de mira

El uso del teléfono móvil al volante se ha convertido en el principal objetivo de este sistema. No en vano, se trata de una de las principales causas de accidentes mortales en España, por delante del exceso de velocidad o el consumo de alcohol.

Hombre usando el teléfono móvil en el coche. (AdobeStock)
Un hombre usando el teléfono móvil en el coche. (AdobeStock)

La normativa actual ha endurecido notablemente las sanciones. Ya no se penaliza únicamente el uso del dispositivo, sino el simple hecho de sostenerlo con la mano. Esta diferencia es clave: una imagen captada por estas cámaras que muestre el teléfono en la palma del conductor es suficiente para imponer una multa de 200 euros y la retirada de seis puntos del carné de conducir.

Este criterio elimina prácticamente cualquier margen de interpretación. Situaciones habituales hasta hace poco, como consultar una dirección en un semáforo en rojo o recolocar el terminal, pasan a ser sancionables si el dispositivo está en la mano.

El cinturón sigue siendo una asignatura pendiente

Otra de las infracciones que estas cámaras detectan con facilidad es el no uso del cinturón de seguridad. A pesar de las campañas de concienciación, sigue siendo una conducta frecuente. La sanción en este caso asciende también a 200 euros, con la pérdida de cuatro puntos.

La inteligencia artificial es capaz de identificar no solo la ausencia del cinturón, sino también su uso incorrecto. Esto incluye llevarlo mal colocado o utilizar dispositivos que anulan su función, como pinzas que evitan que ejerza presión. Además, el sistema amplía su vigilancia a los ocupantes del vehículo, no solo al conductor.

Ubicación y margen de actuación del conductor

Aunque muchas de estas cámaras están señalizadas y su ubicación puede consultarse en los canales oficiales de la DGT, existe una parte del dispositivo de control que opera de forma itinerante. Es el caso de las furgonetas camufladas o los drones, que actúan sin previo aviso y dificultan que el conductor anticipe su presencia.

Este contexto ha generado inquietud entre los usuarios, especialmente por la posibilidad de que determinados gestos sean interpretados como infracciones. Sin embargo, la normativa es clara en cuanto al uso del teléfono móvil: debe ir siempre colocado en un soporte homologado.

Entre las opciones más recomendadas se encuentran los soportes de rejilla o salpicadero, que no interfieren con la visibilidad. También son legales los soportes magnéticos fijados al salpicadero. En cambio, los de ventosa, aunque no están prohibidos, pueden dar lugar a sanción si se considera que obstaculizan la visión del conductor.

En cualquier caso, incluso con el dispositivo correctamente colocado, su manipulación durante la conducción sigue estando prohibida, independientemente de si el vehículo está detenido momentáneamente en un semáforo o en una retención.

La DGT invertirá 975.000 euros en 15 radares móviles capaces de multar hasta en seis carriles.

Un cambio de paradigma en la vigilancia vial

La implantación de estas cámaras responde a una estrategia que busca modificar el comportamiento del conductor mediante la percepción de vigilancia constante. La posibilidad de ser observado en cualquier punto de la red viaria introduce un factor disuasorio que los controles tradicionales no lograban con la misma eficacia.

Este modelo de control tiene también un impacto directo en la gestión de sanciones, al agilizar los procesos y aumentar la capacidad de detección de infracciones. El uso de inteligencia artificial permite cubrir más territorio con menos recursos humanos, aunque mantiene la supervisión final de un operador para garantizar la validez de las denuncias.