
Cerca de 65 bares y restaurantes distribuidos en poco más de 200 metros. Un festival gastronómico convertido en calle. Hablamos de la calle Laurel, el icónico callejón que da vida a las calles de Logroño desde hace décadas. Cada uno de sus bares, muchos de ellos míticos por su historia y tradición, sirve sus especialidades particulares, pinchos llenos de sabor y de cultura que, acompañados de un buen vino Rioja, se han convertido en un atractivo tanto para vecinos como para turistas.
Sin embargo, lo que hasta hace solo unos años era un lugar de encuentro para los logroñeses, uno de esos sitios donde acudir para ver caras conocidas y disfrutar de un buen pincho asegurado, es ahora cada vez más un ejemplo de la masificación turística. Grandes grupos de dentro y fuera de las fronteras españolas, despedidas de soltero y una afluencia poco estable que aleja a los vecinos de la zona de la que era su calle por excelencia.
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Una preocupación que comparten algunas autoridades. El presidente de la Academia Riojana de Gastronomía, Pedro Barrio, hacía hace solo unos meses un llamamiento a los hosteleros de la zona, con la idea de reforzar la calidad del producto y del servicio. Durante una comparecencia de prensa con motivo de los cuartos premios de la Academia Riojana de Gastronomía, el académico aseguró que algunos locales recurren a “productos de quinta gama”, ofrecen un “servicio no adecuado” y descuidan el “tratamiento del vino”, pilar fundamental de la gastronomía riojana.
Por supuesto, la decadencia no es generalizada, pues aún existen algunos bares aún conservan la esencia tradicional, con pinchos elaborados al momento y un trato adecuado al cliente, especialmente en la oferta de vino. Recodos que mantienen intactos los valores de la hostelería riojana pero que, desgraciadamente, van desapareciendo poco a poco.
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Adiós a un clásico de la Laurel
Ahora, Logroño dice adiós a uno de estos últimos reductos gastronómicos. Gargonich, uno de los bares más reconocidos de la calle del pincho de Logroño, cerrará sus puertas en los próximos meses por la jubilación de sus responsables, Mila y Lourdes. Tras más de dos décadas de trayectoria desaparece uno de los locales históricos de esta zona emblemática de la hostelería riojana, un bar de pinchos de los de toda la vida que dejará un gran vacío entre los logroñeses.

Su propuesta siempre ha girado en torno a una cocina sencilla, con especial protagonismo de elaboraciones tradicionales y pinchos elaborados con producto riojano. Entre sus bocados más conocidos se encuentran los tigres, una masa de croquetas con mejillones que se presenta en la cascara del propio mejillón y que se come con cuchara, y otros clásicos como las patatas bravas, propuestas que han formado parte de la carta del Gargonich prácticamente desde sus inicios.
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El cierre definitivo del local se producirá en los próximos meses, por lo que aún queda algo de tiempo para que vecinos y visitantes puedan despedirse de este espacio que ha formado parte del paisaje de la calle Laurel durante más de dos décadas.
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