Marcos, estudiante de veterinaria, para que tu perro no ladre cuando va con correa: “El perro percibe la diferencia entre una mano rígida y una mano tranquila”

El especialista da consejos útiles para que el paseo sea un momento relajado tanto para el dueño como para el animal

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Los perros y el control.
Los perros y el control. (Montaje Infobae)

La escena se repite en calles y parques: una persona pasea con su perro, correa en mano, cuando en la distancia aparece otro animal. Antes de que su mascota ladre, ya se nota la tensión en el cuerpo del dueño. Los dedos aprietan la correa y la mirada se clava en el posible desencadenante. El desenlace parece inevitable: el perro reacciona, ladra o tira de la correa, confirmando un patrón que ambos conocen de memoria.

Según Marcos, estudiante de veterinaria, este proceso no es cuestión de intuición ni de casualidad. El experto lo explica así, a través de su cuenta de TikTok (@marcosconecta.oficial): “El cuerpo humano responde ante la expectativa de un problema con una reacción fisiológica: las glándulas suprarrenales liberan cortisol, una hormona relacionada con el estrés. Ese cambio convierte a la persona en un sensor de alerta, y el perro, atento a los mínimos gestos y posturas, interpreta esa rigidez como una señal inequívoca de peligro”.

Esta anticipación, que parece un mecanismo de protección, en realidad puede convertirse en el origen del problema. Cada vez que el dueño repite ese ciclo de tensión, el perro refuerza la idea de que el mundo exterior es un lugar hostil. El animal aprende que, ante ciertos estímulos, su humano se pone nervioso, y eso reduce el umbral de reacción de su propio sistema nervioso. Así, la reactividad no comienza con el ladrido, sino mucho antes, en los músculos y gestos del dueño. El resultado es un círculo que se retroalimenta: cuanto más tenso está el humano, más propenso es el perro a responder con miedo o agresividad.

Cómo cortar el ciclo y enseñar calma a tu perro

Romper esta dinámica exige un cambio de perspectiva y algunas prácticas sencillas. Expertos como Marcos recomiendan, en primer lugar, “tomar conciencia de la propia postura y respiración antes de cualquier interacción potencialmente conflictiva”. Cuando se aproxima otro perro o persona, en lugar de anticipar el problema, es útil aflojar ligeramente la correa y adoptar una actitud relajada. “El perro percibe la diferencia entre una mano rígida y una mano tranquila”, asegura Marcos.

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Otra recomendación es trabajar la calma con ejercicios en casa y en la calle: premiar la tranquilidad del animal en situaciones neutras y exponerlo gradualmente a estímulos, sin forzar ni castigar. El estudiante explica que “la clave está en enseñar al perro que, aunque su dueño vea venir a otro perro, nada cambia en el ambiente. El tono de voz bajo, los movimientos suaves y la atención a la respiración ayudan a transmitir seguridad y confianza, modificando la percepción del animal sobre el mundo”.

Este proceso lleva tiempo y requiere constancia, pero la recompensa es un perro menos reactivo y una relación más armónica. Como recuerda Marcos, lo que el perro aprende cada día depende, en gran parte, de lo que siente y transmite su dueño antes de cualquier ladrido. Si el dueño arrastra temores propios o inseguridades de mascotas anteriores, el perro los absorbe y actúa en consecuencia. Por eso, trabajar en la autoconfianza y en gestionar los propios miedos resulta tan relevante como enseñar obediencia básica.