
El mundo de la comunicación despide a una de las voces más influyentes del periodismo español. Fernando Ónega ha fallecido a los 78 años este martes, 3 de marzo, según comunicó el medio que presidía, 65ymás. Su muerte ha provocado una profunda conmoción en el ámbito periodístico y deja desolados a sus tres hijos, Cristina, Sonsoles y Fernando Ónega Junior, así como a compañeros y amigos que compartieron con él décadas de profesión, entre ellos, la reina Letizia, con quien tenía una estrecha amistad.
Referente indiscutible de la crónica política en los inicios de la Transición, Ónega se consolidó como una de las firmas más respetadas del periodismo nacional a lo largo de su extensa trayectoria. Sin embargo, más allá de su papel público, existía un hombre profundamente marcado por su familia, sus afectos y también por el dolor.
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Centrándonos en el plano sentimental, Ónega se dio una segunda oportunidad en el amor tras haber formado una familia con Marisol Salcedo. Tras su divorcio, volvió a contraer matrimonio en el año 2000 con Ángela Rodrigo, a quien definió como el gran amor de su vida. De esa relación nació su hijo Fernando, ingeniero especializado en inteligencia artificial. Fue precisamente Ángela quien protagonizó uno de los capítulos más determinantes de su vida.
La dura enfermedad que le hizo pasar por quirófano
En 2021, el periodista tuvo que someterse a un trasplante de riñón que marcó un antes y un después. La intervención fue posible gracias a la donación de su esposa, una decisión que él mismo relató con emoción en su última entrevista, concedida a Plano General el pasado mes de noviembre. “Se ofreció desde el primer instante”, recordaba en el espacio emitido en La2 y presentado por Jenaro Castro. “Me ha donado un riñón. Había discrepancias. Yo tenía las arterias hechas una mierda de tanto fumar y entonces había dudas de si se me debía trasplantar un riñón o no”, confesaba.
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El recuerdo de aquel momento permaneció imborrable. Al despertar de la anestesia y verla en la cama contigua, lo primero que acertó a decir fue: ‘¿Estás ahí?’. “Hay que ser muy valiente y muy generoso para hacer algo así”, admitió. En más de una ocasión reconoció que había llorado al rememorar aquel gesto. “De mi mujer puedo decir millones de cosas a favor. La que más me duele y me dolerá toda mi vida es que yo he pasado por todos los quirófanos de Madrid”, expresaba.
El dolor irreparable por la pérdida de su hermano
Sus problemas de salud no se limitaron al trasplante. “Me han abierto el corazón. Me han hecho de todo. Y siempre estuvo a mi lado. En todas las noches de angustia estaba ella. Eso es difícil de olvidar y obligado reconocerlo. Te agradezco que me lo plantees para que lo pueda reconocer públicamente”, contó en aquella entrevista, rompiendo su habitual discreción. Pero si hubo un capítulo que le quebraba la voz era el de las pérdidas familiares.
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Durante esa misma conversación, admitió el profundo dolor que supusieron las muertes de dos sobrinos y de su hermano. “Me tocas la parte más dura y más sensible de mi familia. Efectivamente, la muerte de María Jesús, con 39 años, fue un golpe durísimo. Era una mujer excepcional en todos los sentidos”, señalaba. “Seguramente hoy sería ministra de Energía. Era una de las personas que más sabía de energía en su tiempo. Estaba en la Unión Europea, en Bruselas. Y un cáncer la llevó por delante”, desveló.

A esa tragedia se sumó la de su sobrino Ramón: “Monchito, el otro hijo de mi hermano.... una parálisis cerebral con la que duró más de 40 años”, confesaba. Y poco después, la muerte de su hermano, José Ramón Ónega, delegado de la Casa de Galicia en Madrid, a causa del COVID-19. “Y mi hermano... Esta era su casa. Aquí pasó 11 años de su vida. Aquí cumplió los 81 años hasta que llegó el COVID y se lo llevó por delante en cuestión de días”, explicaba.
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La pandemia añadió dureza a la despedida. “Cuando se le ingresó, dieron las 11 de la noche y yo no había conseguido saber cómo estaba. Es muy duro tener un hermano en una situación como aquella y no saber si está bien o está mal, si tiene algún tipo de esperanza”, reflexionó. Para obtener información, recurrió a la entonces presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso. “Le digo: ‘Estoy en esta situación, Presidenta. Écheme una mano. A los cinco minutos me llamó. Y fue la que me mantuvo informado hasta la muerte de mi hermano. No tuve información médica ninguna. Sí tuve la información de Isabel Díaz Ayuso. Y eso es difícil de olvidar”, indicó Ónega en la que hoy es su última entrevista en televisión.
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