Sonsoles Ónega, rota y entre lágrimas en la capilla ardiente de su padre, Fernando Ónega

La periodista acudió a primera hora a la Casa de Galicia de Madrid para despedir al histórico comunicador

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Sonsoles Ónega llega a la
Sonsoles Ónega llega a la capilla ardiente de su padre, Fernando Ónega. (José Oliva / Europa Press)

Sonsoles Ónega vive uno de los momentos más difíciles de su vida. Este martes 3 de marzo se conocía el fallecimiento de su padre, Fernando Ónega, a los 78 años, dejando tras de sí una larga trayectoria en el periodismo político español.

A primera hora de la mañana de este miércoles, poco antes de las diez, la presentadora reaparecía en la Casa de Galicia de Madrid, donde se ha instalado la capilla ardiente del comunicador. Vestida de riguroso luto y visiblemente emocionada, Sonsoles agradeció con un escueto “gracias”, pronunciado con la voz entrecortada, el cariño de los medios congregados a las puertas del edificio. Sin detenerse, y con la mirada baja, accedió al interior para dar el último adiós a su padre.

Sonsoles Ónega, su pareja, Juan
Sonsoles Ónega, su pareja, Juan Montes, y Cristina Ónega en la capilla ardiente de Fernando Ónega. (José Oliva / Europa Press)

Minutos antes también habían llegado algunos de los familiares más cercanos. Su viuda, Ángela Rodrigo, y su hijo Fernando acudieron con gesto serio, ocultando el rostro tras gafas oscuras. Ángela llevaba consigo una fotografía del periodista que será colocada junto al féretro durante la jornada de despedida.

Ángela Rodrigo, mujer de Fernando
Ángela Rodrigo, mujer de Fernando Ónega, y Fernando Onega Jr llegan a la capilla ardiente del periodista Fernando Ónega. (Europa Press / Europa Press)

La capilla ardiente permanecerá abierta hasta las 21:00 horas, y se espera que a lo largo del día acudan representantes del mundo de la política, la cultura y la comunicación para rendir homenaje a quien fue una de las voces más influyentes del análisis político en España. Autor de obras como Puedo prometer y prometo o Juan Carlos I: El hombre que pudo reinar, Fernando Ónega fue testigo directo de algunos de los momentos clave de la historia reciente del país.

Más que padre e hija: un referente constante

Aunque en alguna ocasión ha definido a los Ónega como una familia “muy atlántica”, poco dada a exhibir los sentimientos, lo cierto es que entre Fernando y Sonsoles siempre hubo una conexión especial. No hacía falta sobreactuar el cariño: se notaba en la admiración pública, en las palabras medidas y en los gestos cómplices.

Para ella, su padre no era solo “papá”. Era también un faro profesional. Creció escuchando conversaciones sobre política, actualidad y periodismo en casa. Ese ambiente despertó su vocación desde pequeña. Mientras otros niños hablaban de dibujos animados, en su casa se debatía sobre titulares y discursos. Y eso, inevitablemente, deja huella.

Sonsoles Ónega junto a su
Sonsoles Ónega junto a su padre, Fernando Ónega, en Telecinco. (Mediaset)

Uno de los momentos que mejor resume esa relación fue el día que Sonsoles ganó el Premio Planeta por su novela Las hijas de la criada. En su discurso recordó un consejo de su padre sobre cómo dar las gracias al recoger un galardón: versión corta, “gracias”; versión larga, “muchas gracias”. Ella eligió la larga. Fue su manera de tenerlo presente en uno de los días más importantes de su vida.

Orgullo mutuo y admiración sin reservas

La admiración era bidireccional. Sonsoles siempre ha hablado de la ética de trabajo de su padre, de su disciplina y de su compromiso con la profesión. Valores que ella misma ha intentado mantener en su carrera televisiva y literaria.

Fernando, por su parte, no escatimaba elogios hacia su hija. Con el tiempo, incluso reconocía con humor que había empezado a ser conocido como “el padre de Sonsoles”. Una frase que decía mucho más de lo que parecía: lejos de incomodarle, le llenaba de orgullo.

Fernando Ónega en la presentación
Fernando Ónega en la presentación de su libro, 'Juan Carlos I. El hombre que pudo reinar' (Eduardo Parra / Europa Press)

La popularidad de la presentadora hizo que su vínculo con él fuese especialmente visible, más que el de su hermana Cristina. Pero puertas adentro, la familia siempre fue una piña. Y en un día como este, esa unión vuelve a cobrar todo el sentido.