
Cuando una mujer que ha afrontado un cáncer acude al estudio que Virginia Hernando tiene en Valladolid, empieza un trabajo que va más allá de la técnica. Esta especialista de la micropigmentación asume una doble responsabilidad: dibujar con la precisión que exige un lienzo sin borradores y ayudar a sanar parte de las secuelas que deja la enfermedad. Y es que la micropigmentación oncológica no solo consigue un cambio estético, sino que tiene un impacto profundo en la recuperación emocional de pacientes que han pasado por un proceso de cáncer, ayudándoles a cerrar esa dura etapa.
Belén, una paciente que se sometió a una mastectomía en 2016 en el Hospital Río Hortega, tuvo claro desde el principio que quería reconstruirse el pecho y, en 2022, optó por la micropigmentación “como forma de acabar con el proceso y poder pasar página”. “Estoy muy contenta con el resultado”, cuenta a Infobae España esta mujer de 60 años, que eligió el estudio de Hernando para completar su recuperación, aunque la Seguridad Social también ofrece este servicio como tratamiento incluido dentro del proceso de reconstrucción.
Ese papel reparador de la micropigmentación no es solo una percepción de las pacientes, sino que también lo respaldan los profesionales. Un estudio de la Unidad Funcional de la Mama del Servicio de Cirugía Plástica y Reparadora del Hospital General de València, en colaboración con el Grupo de Investigación en Cuidados de Enfermería de la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU UCH), destaca el impacto psicológico y emocional de tatuar el complejo areola-pezón en mujeres que han pasado por una mastectomía: ayuda a contrarrestar los efectos que la extirpación parcial o total del pecho puede tener sobre la imagen corporal, “a menudo asociados a una disminución de la autoestima y de la calidad de vida”.

“La micropigmentación de esta zona representa el último paso en la reconstrucción mamaria, ayudando a las mujeres a cerrar una etapa vital marcada por el cáncer. Su importancia radica en que favorece la recuperación de la imagen corporal, la autoestima y la confianza”, explican las docentes Marta Lluesma y Laura García Garcés, dos de las autoras del estudio. El proyecto, que se inició en septiembre de 2024, tiene como objetivo examinar los cambios que este procedimiento produce tanto en la imagen corporal y la autoestima como en la función e interacción sexual con la pareja.
Apenas hay profesionales especializados en la sanidad pública
El procedimiento, que consiste en la aplicación de pigmentos en la piel para crear una apariencia natural, es “sencillo, mínimamente invasivo y no genera cicatrices adicionales”, indican las investigadoras. En España, la relevancia de la micropigmentación 3D del complejo areola-pezón se reconoció oficialmente en 2019, cuando esta técnica se incorporó a la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud, facilitando su acceso a pacientes que han atravesado una mastectomía.
Las pacientes intervenidas por un cáncer de mama pueden solicitar este servicio a la Seguridad Social, pero a día de hoy son pocas las enfermeras que cuentan con la preparación necesaria en esta técnica dentro los hospitales públicos, por lo que las listas de espera se alargan más de lo deseado. Esa falta de personal especializado hace que muchas mujeres acaben recurriendo a centros privados para tatuarse, como hizo Belén tras su intervención.

La experiencia de Virginia Hernando confirma esta realidad. Dedicada a la micropigmentación desde 2011 y especializada en el ámbito oncológico desde 2013, atiende sobre todo a mujeres que han perdido el vello de las cejas durante la quimioterapia —o a causa de una alopecia— y a aquellas que han pasado por una reconstrucción mamaria tras una mastectomía. Una vez realizada esa cirugía, el pecho puede reconstruirse mediante implantes de silicona o con tejido de la propia paciente, y el pezón suele recrearse a partir de un pequeño pliegue de piel para lograr un aspecto lo más natural posible. Pero para recuperar la imagen completa del seno, la micropigmentación permite recrear el pezón y la areola con color, volumen y profundidad mediante técnicas de sombreado, completando un camino que va más allá de lo físico.
Hernando, que a lo largo de estos años ha tatuado el pecho a más de 140 mujeres, destaca a este periódico que las técnicas y los pigmentos “han mejorado mucho, porque ahora son más realistas, se adaptan mejor al tono de piel y no provocan reacciones alérgicas”. También es testigo del salto notable que han dado los profesionales de la cirugía plástica en este ámbito, con “resultados mucho más naturales y cuidados, especialmente entre los médicos y médicas más jóvenes”, de forma que la técnica y la sensibilidad estética han avanzado de la mano.
La mayoría de las mujeres que acuden a su estudio lo hacen por recomendación de otras que ya se han tatuado, porque “al final lo que mejor funciona es el boca a boca”, reconoce. Desde la Asociación Española Contra el Cáncer, también proporcionan orientación a las pacientes sobre este tipo de servicios, y muchas optan por estos centros.
Avances en la investigación y uso de la IA
Según las estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), en 2025 se diagnosticaron unos 36.000 nuevos casos de cáncer de mama, que es el tumor más frecuente en las mujeres y causa alrededor de 6.000 muertes al año. No obstante, la investigación ha logrado grandes avances en las últimas décadas, incrementando las curaciones y prolongando la supervivencia de las pacientes con cáncer avanzado. En concreto, indica SEOM, en estos últimos años “se ha producido un cambio de paradigma en el tratamiento de estas pacientes” y ya se están explorando en etapas más tempranas de la enfermedad.
También la inteligencia artificial (IA) continúa ganando terreno en la medicina, especialmente como apoyo en la interpretación de pruebas diagnósticas. Tal y como muestra un ensayo clínico publicado el pasado mes de enero en The Lancet, en el que participaron más de 100.000 mujeres en Suecia, el uso de esta tecnología facilita la identificación precoz de tumores en las mamografías. Con apoyo de IA, el 81% de los cánceres se detectaron durante el cribado, frente al 74% con el método tradicional.
No obstante, las investigadoras del estudio de la Universidad de Lund aclaran que, aunque el uso de la inteligencia artificial en las mamografías de cribado puede disminuir la presión sobre los radiólogos y aumentar la identificación temprana de cánceres de mama, “no reemplaza a los profesionales sanitarios”.
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