
El auge del turismo en España se ha consolidado como motor clave de la economía, transformando la estructura del empleo nacional. Sin embargo, el análisis de este sector, a menudo celebrado por su papel en la expansión del trabajo, revela una doble cara: promueve el empleo en el sector de los servicios, pero desplaza puestos industriales, reduce el salario medio y fomenta la temporalidad. Así lo concluye un estudio de Libertad González (Universidad Pompeu Fabra) y Tetyana Surovtseva (Universidad de Barcelona), presentado en un análisis publicado por el IEB.
El peso del turismo resulta visible en las cifras: casi el 30% de los puestos de trabajo corresponden a actividades ligadas al sector en regiones como Islas Baleares o Las Palmas, mientras que la media nacional ronda el 12%. En áreas urbanas de referencia, como Madrid y Barcelona, así como en enclaves costeros como Alicante, la dependencia del turismo perfila el panorama laboral. Según el estudio, los visitantes internacionales superaron el 50% de todas las llegadas a España en 2019. Mercados como Alemania y el Reino Unido destacan por su influencia desigual entre provincias, lo que genera distintos grados de dependencia económica.
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El núcleo del dilema reside en los beneficios inmediatos que aporta el turismo -creación de empleo en el sector servicios- frente al desplazamiento de trabajos en la industria, el descenso del salario medio y la mayor inestabilidad contractual. “La doble cara del turismo: impulsa empleos en el sector de los servicios al tiempo que ejerce presión en los salarios y transforma los mercados laborales locales en España”, destacan las autoras en su informe.
Impacto sectorial del turismo en el mercado laboral
El estudio muestra que un incremento significativo en la llegada de turistas produce un aumento del empleo en actividades vinculadas al turismo, especialmente entre la población de 25 a 55 años, con un incremento de casi un 1,2 % respecto a la media del sector. Sin embargo, este crecimiento no supone una creación de empleo neto, ya que el ascenso de los servicios se ve compensado por una caída similar en el sector manufacturero. Este proceso refuerza el desplazamiento de la industria hacia los servicios, intensificando la desindustrialización.
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Esta tendencia resulta más acusada en regiones como las Islas Baleares y Las Palmas, aunque el efecto también se nota en áreas metropolitanas como Barcelona y Madrid. El impacto varía en función del perfil de turistas que recibe cada provincia, como muestra el estudio publicado por el IEB.
Aumenta el turismo, pero desciende el sueldo medio
Más allá de la cantidad de empleos, González y Surovtseva subrayan la presión descendente sobre el salario medio, especialmente fuera del sector turístico. Un aumento del 10% en actividad turística corresponde con un descenso del 0,5% en el sueldo medio, consecuencia directa de la migración de trabajadores desde la industria manufacturera al turismo, donde predominan los puestos de baja cualificación y menor remuneración.
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Las condiciones contractuales se ven igualmente afectadas. El auge de empleos turísticos incrementa la temporalidad y reduce la estabilidad, desplazando contratos fijos por temporales. Al mismo tiempo, aunque las horas totales trabajadas suben ligeramente (un 0,5% por cada 10% adicional de turistas), esto refleja una reestructuración más que un beneficio neto para el conjunto de la economía, ya que los puestos a jornada completa en turismo remplazan otros con menor carga horaria en distintos sectores.
El análisis pone de relieve además desigualdades demográficas. El crecimiento de la ocupación en turismo favorece principalmente a hombres y trabajadores poco cualificados, mientras que la pérdida de empleos industriales perjudica especialmente a mujeres. Los trabajadores más cualificados, en cambio, apenas se ven afectados.
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Dependencia regional y riesgos a largo plazo
La elevada dependencia del turismo en algunas regiones aumenta la vulnerabilidad frente a crisis externas. El estudio incorpora el análisis de shocks globales, como atentados terroristas en destinos alternativos, para evaluar el impacto de los cambios en los flujos turísticos sobre el empleo local.
De este modo, episodios internacionales pueden desviar una gran cantidad de visitantes hacia España según la percepción de seguridad, con efectos desproporcionados en provincias especializadas como las Islas Baleares para el turismo alemán o Alicante para el británico. Una subida del 10% en shocks en destinos competidores genera un incremento del 4,6% en el flujo turístico en la provincia española correspondiente, según el informe del IEB.
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Las autoras advierten de que esta dependencia limita la resiliencia económica y puede instalar a algunas regiones en un ciclo de baja productividad e inseguridad laboral. El carácter temporal, poco cualificado y mal remunerado del empleo turístico reduce la estabilidad y el potencial innovador de la economía local.
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