
La princesa Irene de Grecia, hermana de la reina Sofía, será enterrada en Tatoi, la histórica finca de la familia real griega. Tal y como ha informado la casa real española, el sepelio tendrá lugar este próximo lunes 19 de enero y se espera que estén presentes los miembros más cercanos de la familia así como amigos.
Pese a que la familia real griega lleva décadas sin residir en el país heleno, concretamente desde 1967, cuando se marcharon al exilio tras la instauración de la dictadura militar, siempre han tenido muy presente este palacio. El edificio está situado a 25 kilómetros al norte de Atenas y cuenta con una extensión de 4.200 hectáreas en la que se levantan otros 40 edificios. En sus años dorados, en el lugar llegó a haber una carnicería, una herrería, una lechería y hasta un hotel.

A día de hoy no queda nada de eso y los de Grecia, como les gusta apellidarse a los descendientes de Pablo I, solo acuden a Tatoi para despedirse. Allí están enterrados los reyes Pablo I y Federica, también Constantino II y, desde este lunes, la princesa Irene. Pero este último hogar no solo ha sido testigo de funerales, también de otros momentos tan trágicos como saqueos o disputas patrimoniales.
La más recordada tuvo lugar en el año 2002, cuando se produjo una de las indemnizaciones más significativas concedidas a miembros de la realeza moderna. Fue precisamente a la princesa Irene y su hermano, el rey Constantino, quienes recibieron 12 millones de euros tras acudir al Tribunal de Justicia Europeo como consecuencia de la confiscación de la finca por parte del Estado griego en 1992.

Una salida forzada en la que dejaron todo atrás
Tatoi fue abandonado por la familia real en 1967, cuando el último monarca griego y sus descendientes se vieron obligados a buscar refugio tras la instauración de la dictadura militar en Grecia. Durante décadas, el palacio estuvo vacío, lo que facilitó su saqueo y deterioro.
Objetos, muebles y recuerdos de la familia fueron sustraídos y muchos de ellos desaparecieron por completo. En los 90, Constantino pudo recuperar parte de ese patrimonio familiar y sacarlo del país, aunque terminó subastando buena parte de los objetos en 2007, en la firma Christie’s, generando una gran polémica.
¿El motivo? El gobierno heleno, entonces conservador, sostenía que estos bienes formaban parte del patrimonio nacional y debían permanecer en el país. Finalmente, la justicia europea falló a favor de la familia real, consolidando esa indemnización millonaria que fue a parar a manos de Irene y Constantino.
El cementerio de Tatoi

La finca, además de su valor histórico y patrimonial, alberga el cementerio familiar, donde descansan los reyes Pablo I y Federica de Hannover, padres de la reina Sofía y de Irene, así como Constantino II, último monarca griego.
Las tumbas, sencillas, al aire libre, construidas en mármol blanco y con inscripciones en griego, contrastan con la historia de lujo y poder que rodeó la finca durante décadas. Es en este mismo lugar donde Irene será enterrada, cerrando un ciclo que conecta el pasado de la familia con la memoria histórica de Grecia.
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