A medida que el mercado laboral español se endurece, un nuevo fenómeno comienza a ganar presencia en academias y salas de estudio: el de los opositores que empiezan (o retoman) el camino hacia un empleo público después de los 50 años. Tras carreras largas, crisis sectoriales y decisiones empresariales que castigan la edad, muchos profesionales buscan en la Administración la estabilidad de una segunda vida laboral.
Según Gemma Díaz, preparadora de opositores en la academia Supera, “la edad está aumentando cada vez más. De hecho, la media debe estar ya en más de 40. Está cambiando mucho, por la situación económica”. Díaz explica que estos aspirantes buscan sobre todo seguridad, estabilidad y calidad de vida, en un contexto laboral donde la incertidumbre se ha vuelto la norma: “Quieren tener tiempo con su familia, no quieren aguantar situaciones que les generan malestar. Buscan apostar por algo seguro”.
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Para Soco Trejo, de 60 años, esta nueva etapa empezó tras un revés inesperado en su carrera profesional. Trabajaba desde hace décadas en puestos directivos de empresas internacionales de marketing, pero tras una reestructuración cayó en el desempleo y comprobó que su sector había dejado de considerarla. Después de perder su trabajo, intentó llevar su experiencia a nuevos puestos, pero no encontró ninguna opción. “Te pueden llamar para que les des tu expertise en algún proyecto, pero ya no vuelves a ser directora”, resume. “No hay CMOs mayores de 50 años”.
La decisión de opositar llegó tras años de incertidumbre profesional y la convicción de que tenía todavía mucho que aportar: “El año pasado decidí que todavía tenía recorrido profesional y que era una pena que me quedara en casa, desaprovechando toda esa experiencia y todo ese talento”.
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Esperanza Ayuso, de 58 años, se enfrentó una realidad diferente, pero destaca complicaciones similares para avanzar en el mercado laboral más allá de los 50. Tras años de interinidad y con poco tiempo para preparar la convocatoria, decidió dar el paso porque necesitaba estabilidad laboral. “Casi con 60 años, tú no puedes meterte en el mercado laboral porque no te va a coger nadie. Así de claro, vamos a ser realistas”, explica.

La oposición le permitió asegurar no solo un puesto, sino también un retiro digno: “Ahora, con este empleo, mis bases han subido… Y yo voy a tener una jubilación. Que de la otra manera lo iba a tener complicado”. Más allá del reto personal, ambas entrevistadas destacan los beneficios prácticos de opositar: seguridad económica y posibilidad de conciliación. Esperanza resume: “La única manera con esta edad de lograr estabilidad laboral es en un empleo público”.
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Retos de la vuelta al estudio
Para Soco Trejo, retomar los estudios fue un desafío de disciplina. Su método combina clases online, esquemas y repaso constante: “Me baso mucho en ver clases en el ordenador. Luego, me meto ya en el temario, luego ya veo la ley con mucho más detenimiento. Hago una serie de esquemas y resúmenes que me ayudan mucho después en mis etapas de repaso”.
Por su parte, Esperanza Ayuso, con solo cuatro meses para prepararse a un examen que no se abría hace décadas, se apoyó en la academia y, sobre todo, en su preparadora: “Ellos lo llaman coach. Yo a Alicia le dije: ‘Tú no vas a ser mi coach, tú vas a ser mi compañera de vida en esta oposición’. Y evidentemente ha sido la que se lo ha ganado también”. Su día a día combinaba estudio intensivo con trabajo y responsabilidades familiares: “Me levantaba a las cuatro, cuatro y media de la mañana, estudiaba hasta la hora de irme a trabajar y luego, por la tarde, cuando yo llegaba a mi casa, a las siete y pico, me hacía un café y me ponía otra vez a la lucha”.
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La edad como impulso y no como límite
Díaz explica que los alumnos mayores se enfrentan a obstáculos específicos también en el ámbito emocional. “Muchos de ellos vienen y llevan mucho tiempo sin estudiar. Su cabeza no está dedicada al estudio al 100% porque tienen familia, trabajo y otras responsabilidades. Y eso hay que trabajarlo mucho”. “Lo que sí que tienen los adultos es más experiencia de vida y eso a la hora de procesar la información y a la hora de buscar estrategias se puede aplicar al estudio de una oposición”, asegura.
Esta preparadora de opositores subraya la importancia de trabajar la parte emocional: “El miedo... ¿Dónde me he metido yo? Hay que trabajar mucho con la autoestima y el autoconcepto. Estudiar una oposición es una montaña rusa. Vas a tener frustración, vas a tener euforia, vas a tener alegrías, vas a tener procrastinación… y muchas veces es por miedo a evitar una emoción negativa”.
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Soco, Esperanza y Gemma coinciden en que la edad no debe ser un límite: “Nunca es demasiado tarde para opositar. ¿Quién se pone los límites?”, afirma Díaz. Según Soco, “las barreras siempre son superadas por la voluntad… Yo creía que mi momento todavía no se había terminado y que tenía todavía mucho que ofrecer”.
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