Fermín Lorda, carpintero: “El trabajo artesanal desaparece poco a poco porque no es viable económicamente”

La carpintería artesanal pierde peso como actividad económica, pero el ‘boom’ del DIY y la búsqueda de desconexión digital a través del bricolaje impulsan el trabajo manual fuera del mercado tradicional

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El carpintero Fermín Lorda en un montaje con un taller de fondo. (Imagen cedida / Canva)
El carpintero Fermín Lorda en un montaje con un taller de fondo. (Imagen cedida / Canva)

La carpintería artesanal atraviesa una transformación silenciosa. La industrialización, los cambios en el consumo y la digitalización han modificado profundamente un oficio que durante décadas estuvo ligado al trabajo manual y a la fabricación personalizada. Para el carpintero Fermín Lorda, el proceso lleva a un final evidente: “El trabajo artesanal desaparece poco a poco porque no es viable económicamente”. Lorda, que acumula más de diez años de experiencia en el oficio de carpintero y hoy lo combina con otros proyectos digitales, considera que la pérdida de la artesanía no es exclusiva del sector de la madera, sino parte de un cambio más amplio que afecta a numerosos trabajos manuales.

Su diagnóstico coincide con los datos del sector: en 2025, el 87,88% de las empresas del mueble en España eran microempresas, pero apenas generan el 18,5% de la facturación total, mientras que el 1,6% de las compañías (las de más de 50 empleados) concentra el 45,6% del negocio, según el instituto AIDIMME. Para Lorda, la pérdida de la artesanía no es exclusiva del sector de la madera, sino parte de un cambio más amplio. “Es un proceso de pérdida de conocimiento, de habilidades manuales, pero en todos los ámbitos de la sociedad”, explica en conversación con Infobae.

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De los talleres artesanales a la producción industrial

La evolución de la carpintería ha seguido un camino similar al de otras industrias. Los procesos manuales han ido dejando paso a sistemas más automatizados, rápidos y rentables, especialmente en la fabricación de muebles y elementos estandarizados. “Los muebles artesanales de ahora tampoco se parecen mucho a los muebles artesanales de hace cien años”, señala Lorda. El cambio, dice, no es nuevo, aunque sí cada vez más acelerado.

El carpintero lo compara con oficios que prácticamente desaparecieron tras la industrialización: “Igual que los coches antes se moldeaban a mano. Se ha perdido el oficio del chapista que moldeaba a mano”. El número de microempresas fabricantes con asalariados lleva seis años consecutivos de descenso, según el informe de AIDIMME, una tendencia que ilustra la dificultad de los talleres pequeños para sobrevivir frente a la producción en serie.

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Montaje del carpintero Fermín Lorda y un taller. (Imagen cedida / Canva)
Montaje del carpintero Fermín Lorda y un taller. (Imagen cedida / Canva)

Más allá de la tecnología, Lorda sitúa el principal problema en la rentabilidad. La producción industrial termina imponiéndose porque las fábricas pueden abaratar costes y fabricar grandes cantidades en menos tiempo, algo imposible para un artesano. “No es viable económicamente ejercerlo, entonces desaparece poco a poco”, sentencia. “No sé si es bueno o malo, pero me parece inevitable” concluye.

El trabajo manual como necesidad personal

Lorda cree, aun así, que la artesanía no desaparecerá del todo. Su visión es que el trabajo manual seguirá creciendo, aunque fuera del ámbito puramente profesional o comercial. “Más gente va a querer en su casa, en su garaje, hacer muebles para sus hijos”, asegura.

Los establecimientos especializados en bricolaje en España facturaron 6.680 millones de euros en 2024, un 5,6% más que el año anterior, según el Observatorio Sectorial de DBK. La Asociación de Empresas de Gran Consumo (AECOC) identifica el auge del DIY entre consumidores particulares como uno de los factores clave de ese crecimiento. Para el carpintero, ese fenómeno responde a una necesidad más profunda. “Según más se digitaliza el día a día de las personas, más necesidad van a tener de conectar con un trabajo manual con el que se relajan, disfrutan y se realizan”, explica.

El futuro de la carpintería artesanal, en opinión de Lorda, no pasa por recuperar los antiguos modelos productivos, sino por redefinir el papel que tendrá el trabajo manual en la vida cotidiana. “La artesanía en madera va a ir a más, pero esos muebles no se van a vender”, afirma. En lugar de una actividad orientada al mercado, imagina una artesanía más vinculada al ámbito personal y familiar: “Van a ser para ti, para tus primos, para tus hijos”.

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