
Con la llegada del frío es habitual echar algún abrigo al maletero y circular con la calefacción puesta, pero uno de los aspectos que suele quedar al margen cuando se prepara el coche para el invierno es la presión de los neumáticos. Aunque pueda parecer un asunto secundario, el nivel de aire dentro de las ruedas tiene relación directa con la seguridad, el consumo de combustible y la vida útil de las cubiertas.
Un inflado inadecuado puede provocar más gasto en gasolina y un deterioro acelerado del caucho. Cuando bajan las temperaturas, el aire ocupa menos volumen y la presión interior de cada neumático desciende. Una caída de 10 °C es suficiente para reducir la presión en torno a 0,07 bares. Por ese motivo, los fabricantes y los talleres coinciden en la importancia de comprobar el inflado con frecuencia en los meses de frío.
¿A qué presión se deben llevar las ruedas en invierno?
Según datos de Michelin, los neumáticos pierden aire de manera natural con el paso de las semanas, por lo que se recomienda revisar la presión al menos una vez al mes. En invierno, el efecto del frío agrava esa pérdida, la presión interna baja y el rozamiento con el asfalto aumenta, lo que impacta directamente en el consumo de carburante.
La marca aconseja hacer un pequeño ajuste al alza: conviene añadir unos 0,2 bares más sobre la presión indicada por el fabricante del vehículo cuando la temperatura exterior es muy baja. Esta compensación ayuda a que la rueda mantenga su forma y agarre óptimos en carretera, incluso cuando al salir del garaje la diferencia térmica es acusada. Por ejemplo, ajustar la presión dentro de un garaje a 18 °C y circular después a -2 °C en la calle, sin esa corrección, provocaría que las ruedas trabajen por debajo del valor ideal.

El exceso o el defecto nunca son recomendables. Si los neumáticos quedan por debajo de la presión óptima, se deforman más, aumentan su superficie de contacto con la carretera y la fricción crece. Esto se traduce en un consumo superior y un desgaste desigual. Si, por el contrario, el inflado supera la recomendación, la superficie de agarre disminuye y la estabilidad del coche se reduce, lo cual es especialmente peligroso en situaciones de lluvia o con la presencia de hielo.
Otra cuestión importante es el momento de la medición. La presión debe comprobarse con los neumáticos “fríos”, lo que significa que el coche no debería haber recorrido más de tres kilómetros. Si se mide después de regresar de un desplazamiento largo, el aire habrá ganado temperatura, se habrá dilatado y la lectura será mayor, reflejando un valor irrealmente alto.
Revisar la presión antes de un viaje largo o cuando el vehículo lleve más peso de lo habitual también puede evitar sorpresas en ruta. En esos casos, la referencia debe ser la “presión máxima de carga”, información que suele encontrarse en la etiqueta del marco de la puerta del conductor o el manual del coche. La recomendación es utilizar siempre el mismo manómetro, por ejemplo el de una gasolinera o taller de referencia, para obtener lecturas lo más consistentes posible.
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