
Dormir el tiempo suficiente es fundamental para la salud. Sin embargo, hay ocasiones en las que, por distintos motivos, puede resultar más complicado. Una de las situaciones más complicadas es cuando tenemos pesadillas.
Miguel Padilla, un doctor que publica contenido en redes sociales, ha alertado de los peligros que puede tener. “Si tienes dos o más pesadillas al mes, tu salud está en riesgo”, explica el experto en uno de los últimos vídeos que ha subido a su cuenta de TikTok (@doctormiguelpadilla).
¿Por qué pueden poner en riesgo la salud?
Según este especialista, experimentar pesadillas de manera recurrente no es algo inocuo. Tenerlas con frecuencia puede interferir en la calidad del sueño, provocando que la persona se despierte varias veces durante la noche o que no logre alcanzar fases de sueño profundo. Esto se traduce en cansancio al día siguiente, irritabilidad y dificultades para concentrarse.
Además, existen hipótesis que intentan explicar el origen de las pesadillas y que ayudan a entender por qué pueden afectar al bienestar. Una de ellas plantea que las experiencias y emociones del día, especialmente las que no se han gestionado adecuadamente, pueden manifestarse mientras duermes.
Cuando las preocupaciones se acumulan antes de acostarse, es más probable tener sueños negativos. Otra teoría sugiere que el cerebro utiliza los sueños para recrear situaciones a modo de entrenamiento mental ante posibles escenarios de peligro. Sin embargo, cuando estos se vuelven demasiado intensos, esa simulación termina convirtiéndose en una experiencia angustiosa durante la noche.
En ambos casos, el resultado es similar: la mente permanece en estado de alerta cuando debería estar descansando. Si esto ocurre de manera repetida, puede derivar en fatiga, aumento del estrés, alteraciones del estado de ánimo e incluso problemas de salud cardiovascular.
El papel de las emociones y la rutina diaria
Las pesadillas no solo están relacionadas con el momento de dormir, sino también con cómo gestionamos lo que ocurre durante el día. Las emociones que no se expresan o que se acumulan pueden manifestarse durante la noche, cuando la mente sigue procesando información sin la intervención consciente.
Por eso, es habitual que las etapas de mayor presión laboral, conflictos personales o preocupación constante coincidan con fases en las que los sueños se vuelven más intensos o desagradables.
Una forma de reducir este impacto es incorporar pequeños espacios de pausa a lo largo del día. Dedicar unos minutos a respirar profundamente, caminar sin prisas o cambiar de ambiente puede ayudar a rebajar la tensión acumulada.
También puede ser útil identificar aquello que genera malestar de forma repetida: escribirlo, hablarlo o reflexionar sobre ello con alguien de confianza puede evitar que esas emociones queden retenidas. Por otro lado, la alimentación y los horarios también influyen.
Las cenas muy copiosas, el consumo de alcohol o el acostarse a horas distintas cada día pueden alterar la calidad del descanso. Mantener una rutina estable y optar por comidas ligeras facilita una transición más suave hacia el sueño. Tener pesadillas puntualmente es algo normal. Sin embargo, cuando se convierten en una constante, observar qué ocurre durante el día puede ser una clave esencial.
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