
El asma y la fagofobia pueden parecer trastornos totalmente distintos, pero comparten un punto de conexión muy concreto: la respiración y la sensación de ahogo. Así lo explica el psicólogo Fernando Azor, especialista en terapia cognitivo-conductual y creador de contenido sobre salud mental (@azorfernando en su cuenta de TikTok), quien ha analizado en un vídeo publicado en sus redes cómo ambos problemas pueden entrelazarse hasta generar confusión en quienes los padecen.
El asma es una enfermedad crónica respiratoria que afecta a millones de personas en el mundo. Provoca una inflamación de las vías respiratorias que puede dificultar el paso del aire hacia los pulmones, generando sensación de falta de aire, presión en el pecho o tos. En episodios más agudos, respirar con normalidad se convierte en un esfuerzo, lo que activa inevitablemente la respuesta fisiológica del miedo.
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“El asma impide respirar de forma natural, favoreciendo una sensación de falta de aire y aumentando la sensibilidad en la garganta, la boca y los pulmones”, explica Azor. Esa sensación, combinada con la ansiedad, puede ser el detonante de una confusión: “Las personas que tienen asma y episodios de ansiedad a veces confunden si lo que les ocurre es un brote de asma o un ataque de pánico”.
Cuando el cuerpo y la mente se cruzan
Esa línea difusa entre lo físico y lo emocional se vuelve especialmente compleja en casos donde aparece la fagofobia, una fobia o miedo irracional a atragantarse al tragar alimentos, pastillas o incluso líquidos. Esta fobia, aunque es poco conocida, tiene un fuerte componente psicofisiológico: la persona siente que su garganta se bloquea, muchas veces sintiéndola más pequeña, y que no puede tragar o que cualquier bocado podría causarle asfixia.
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“En el caso del asma y la fagofobia, las sensaciones se mezclan. A veces se confunden los síntomas propios del asma con el nivel de alerta que genera la ansiedad, y esa tensión se somatiza en forma de dificultad para tragar”, explica el psicólogo.
Azor recuerda que el acto de tragar no es completamente automático: requiere una coordinación entre la respiración y la deglución. Cuando el cuerpo está en estado de alerta, el cerebro puede interpretar cualquier sensación en la garganta como una amenaza, y esa reacción incrementa el miedo a atragantarse. “Si tenemos una sensación de alerta y además dificultad para respirar, los dos factores se juntan y precipitan un mayor miedo a poder atragantarse”, afirma.
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Tratar ambos problemas de forma separada
Uno de los principales errores, según Azor, es asumir que la fagofobia y el asma son el mismo problema. Aunque estén estrechamente relacionados por sus síntomas, requieren abordajes distintos: “Hay que tratar la parte médica del asma, pero también atender el componente psicológico de la fagofobia. Que estén cerca no significa que estén conectadas directamente”.
La recomendación del especialista es combinar el tratamiento médico con la terapia psicológica, especialmente terapia cognitivo-conductual (TCC), una de las más eficaces para tratar los miedos irracionales. Este enfoque ayuda al paciente a identificar los pensamientos automáticos que alimentan la ansiedad y a reentrenar las respuestas corporales ante las sensaciones físicas de ahogo o bloqueo.
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La conclusión del experto es la siguiente: “Si ves que se repiten las situaciones de dificultad para tragar teniendo asma, pide ayuda. Un psicólogo puede ayudarte a disminuir el nivel de amenaza y las variables de personalidad que influyen en todo esto”.
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