
Para muchas personas, la única manera de encontrar la paz es a través de la ausencia del rencor. Esta creencia lleva a siempre intentar entender lo que ha ocurrido cuando una relación interpersonal ha llegado a su fin, a perdonar aquello que nos ha herido para evitar vivir con el recuerdo constante e hiriente del conflicto. De esta manera, se ”soltaría" aquello que nos pesa, permitiéndonos continuar el camino sin cargar con ese resentimiento no resuelto.
Hay quienes introducen un matiz: perdonar no significa olvidar. Es decir, pese a que se acepte la disculpa para liberar el rencor, esto no quiere decir que se vaya a hacer como si nada hubiese ocurrido, lo que permitiría a la otra persona actuar de nuevo de la misma manera sin consecuencias.
En una sociedad donde se promueve constantemente el bienestar emocional y la cultura de la positividad, el perdón se presenta a menudo como un requisito indispensable para alcanzar la plenitud. Sin embargo, esta visión simplificada del proceso emocional puede ser contraproducente, ya que ignora la complejidad del dolor humano y las circunstancias que lo generan. No todas las heridas son iguales, ni todas las personas están preparadas para perdonar al mismo ritmo.

Así, a veces no es necesario disculpar: “No tienes que perdonar para poder soltar”, explica la psicóloga Silvia Severino a través de uno de sus últimos vídeos de TikTok (@silviaseverinopsico). La experta señala que, efectivamente, el discurso predominante en torno a este tema es que “para sanar hay que perdonar”; de lo contrario, el conflicto quedaría enquistado y no dejaría avanzar a quien lo está padeciendo. Sin embargo, “no siempre es así”.
“A veces sanar es irse”
“A veces no podemos perdonar”, explica la psicóloga. “A veces, lo que pasó fue tan injusto, tan doloroso, que no se puede justificar. No se puede suavizar. Y está bien”. Su mensaje, lejos de indicar que hay que vivir en el rencor constante, difunde la idea de que no hay que fingir la aceptación de una disculpa, que quien es incapaz de perdonar un hecho concreto no debe caer en un bucle de culpabilidad por ello. “No perdonar no significa quedarte atrapado en el rencor”.
De hecho, Silvia Severino destaca que en algunos casos resulta incluso positivo: “Significa reconocer tus límites, aceptar lo que ocurrió y decidir no cargar con eso más tiempo”. Y es que esto resulta muy importante: aprender a establecer límites y a comunicarlos, así como alejarse cuando no se tienen en cuenta y no se respetan.
"Soltar no es decir ‘te perdono’, es decir ‘ya no quiero que esto me duela más’“. La clave, según explica la experta, se encuentra en que la liberación se obtiene cuando decidimos cuidarnos y alejarnos de aquello que nos duele y que no puede remediarse. ”Sanar no siempre se ve como reconciliarse, a veces sanar es irte".
Esto, lejos de que pueda interpretarse como un signo de resentimiento y egoísmo, es más bien “amor propio”. Poner distancia no siempre implica falta de empatía, sino una forma de autocuidado. En ocasiones, marcharse o cortar un vínculo es el acto más compasivo que una persona puede realizar hacia sí misma. Como explica Severino, la verdadera sanación no siempre nace del reencuentro, sino del respeto hacia uno mismo y hacia lo que ya no puede cambiar.
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