
Una mujer británica sufrió una grave lesión en el cuello tras un gesto cotidiano: un bostezo. Hayley Black, de 36 años y madre de dos hijos, quedó al borde de la muerte después de que un enorme bostezo desencadenara una cadena de eventos médicos que afectaron su vida para siempre. La ex operadora de llamadas de emergencia, originaria de Milton Keynes, compartió su impactante historia en TikTok, ocho años después de aquel suceso ocurrido en 2016.
Todo comenzó en la madrugada, cuando Hayley se despertó para atender a su hija recién nacida. “Dicen que los bostezos son contagiosos”, comentó. “Me desperté a las 5 de la mañana, miré a mi hija y la vi bostezando. Instintivamente bostecé y me estiré para levantarme y prepararle el biberón”. En ese momento sintió “una descarga eléctrica inmediata que recorrió la mitad de mi cuerpo” y un dolor insoportable que la dejó paralizada del lado derecho.
Su brazo quedó “atrapado en el aire” y describió la sensación como “una especie de chispazo” o una convulsión. Alarmada, le pidió a su esposo, Ian, de 39 años, que llamara a una ambulancia, pero en un primer momento él no comprendió la gravedad. “Me dijo: ‘Son las 5 de la mañana, no has hecho nada, estás bien’. Le insistí: ‘Algo va muy mal’”.
“Grité de dolor toda la noche”

Tras ser trasladada al hospital, las primeras exploraciones no mostraron anomalías. Sin embargo, el dolor persistía. “Grité de dolor toda la noche y tenía el gas y el aire. Intentaba golpearme en la cabeza para noquearme porque tenía muchísimo dolor. Nadie me escuchaba”, relató. Finalmente, los médicos realizaron nuevas pruebas y descubrieron una lesión grave: las articulaciones C6 y C7 de su columna cervical se habían desplazado hacia adelante.
La lesión era tan severa que los médicos informaron a su madre que existía un 50% de posibilidades de que no sobreviviera a la cirugía de emergencia. En caso de superar la operación, las probabilidades de volver a caminar eran igual de bajas. El procedimiento, conocido como discectomía y fusión, fue exitoso, pero la recuperación fue larga y difícil.
“Me desperté y me habían restaurado todas las funciones, lo cual fue increíble. Tengo mucha suerte, pero todavía estoy muy traumatizada”, expresó Hayley. Aunque logró volver a caminar, pasó meses en silla de ruedas y aún sufre dolores nerviosos y secuelas psicológicas. Además, fue diagnosticada con fibromialgia, una enfermedad crónica que causa dolor generalizado, fatiga y otros síntomas incapacitantes.

“Si no tomo la medicación, cada vez que doy un paso recibo descargas eléctricas por toda la columna hasta la cabeza”, explicó. La situación también afectó profundamente a su familia. Su esposo tuvo que convertirse en su cuidador principal y, a raíz de los gastos médicos y la imposibilidad de trabajar, llegaron a quedarse sin hogar.
“La recuperación fue larga, tanto física como emocionalmente. De la noche a la mañana, mi marido se convirtió prácticamente en padre soltero y en mi cuidador. Fue realmente duro y nos quedamos sin hogar por ello”, dijo. A pesar de los esfuerzos por reincorporarse al trabajo, Hayley asegura que sufre tantas recaídas que termina perdiendo los empleos.
Ahora, su objetivo es alertar a otras personas sobre lo delicada que puede ser la columna cervical y la importancia de defender los propios síntomas ante el sistema médico. “No soy la única a la que le han pasado estos incidentes extraños. Es una zona tan delicada que la gente no se da cuenta”, advirtió.
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