
Las personas somos animales sociales por naturaleza. Las relaciones que establecemos con los demás son uno de los pilares fundamentales para gozar de una buena vida e, incluso, de aumentar nuestra longevidad. De hecho, la soledad no deseada es un grave factor de riesgo de depresión y otros problemas de salud mental.
En las relaciones personales, los amigos ocupan un lugar destacado y la carencia de ellos puede perjudicar nuestro bienestar mental y emocional. Este escenario cobra especial importancia durante la infancia, en la que las amistades son el segundo contacto fundamental que tienen los niños con la sociedad, después de la familia.
Puesto que la amistad juega un papel crucial en la configuración de nuestra autoestima, así como de nuestra identidad, “es importante que los niños crezcan y se desarrollen teniendo amigos”, relata en una entrevista con Infobae España Andrea Moya, psicóloga infantil de Centro Creciendo.
“Nosotros tenemos una serie de necesidades y unas de ellas son las sociales. Necesitamos sentir que pertenecemos no solo a la familia, sino también a otros grupos de fuera de la familia. No al inicio, cuando somos bebés, pero sí poco a poco cuando vamos creciendo”, aclara.
Además, esta socialización debe realizarse con los iguales, es decir, hermanos, primos de edad similar o los compañeros de clase. Con estos iguales, “lo que hacemos es aprender competencias socioemocionales, como esperar turno, resolver conflictos, negociar o compartir”. Todo ello se consigue “jugando, que es la forma natural de aprender”.
Nuestra naturaleza gregaria nos empuja a necesitar a los otros y, según Moya, cuanto mayor es nuestra red social, mayor es nuestra posibilidad de adaptación y de éxito. Sin embargo, la cantidad no es lo que más importa en cuestión de amigos: “Con un niño que le busque y le quiera, es suficiente”.

El primer día de colegio
Al igual que los adultos, los niños pueden ser más extrovertidos o más introvertidos, más lanzados o más tímidos. Estos últimos suelen tener más dificultades en el momento de hacer amigos, algo que puede intensificarse en situaciones como un primer día de colegio o ser “el nuevo” o “la nueva” al cambiar de instituto.
Para que los niños más tímidos o con más dificultades para hacer amigos hagan frente a este tipo de escenario es importante que se sientan reforzados. Y la familia suele tener un papel fundamental en ello: “Es bueno que los padres recuerden a los niños casos de éxito sociales que hayan tenido en el pasado. Por ejemplo, decirles ‘¿te acuerdas de cuando nos fuimos de vacaciones y tuviste un amiguito? Lo hiciste tú solo y lo hiciste fenomenal’“.
La manera de apoyar a los hijos depende en gran medida de la edad del pequeño y de su caso, pues variará en función de si es un niño neurodivergente o neurotípico. Con los más pequeños, una medida para reforzarles puede ser darles algún muñeco o juguete o algún mensaje que les dé seguridad.
No obstante, la psicóloga se reconoce muy optimista en este aspecto y considera que, aunque se nace con un temperamento y un carácter, la personalidad y la autoestima pueden desarrollarse con el tiempo, puesto que son aspectos dinámicos. “Incluso la empatía crece y se entrena”, concluye.
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