Pedro Sánchez vuelve a mostrarse como la única voz discordante en el gabinete de crisis de la UE sobre Oriente Medio tras el ataque a Irán

La región se adentra en una escalada con consecuencias “imprevisibles”. El mandatario español se posiciona como la postura crítica en Europa ante el ataque de Washington y Tel Aviv

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Reuters/Yves Herman)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Reuters/Yves Herman)

La UE es un gigante que solo puede moverse si veintisiete voces lo avalan así al unísono. Y por esta consigna, que figura en el artículo 21 de su Tratado, el bloque comunitario está condenado a la irrelevancia en regiones críticas como Oriente Medio.

Irán es uno de los claros ejemplos. El bloque comunitario no ha conseguido ejercer una influencia real en una región que, denuncian, ha sido desestabilizada por el régimen de los ayatolás y sus actores satélites. Y es que, a pesar de tener una posición común contra el proyecto nuclear, no se ha llegado a ejercer presión más allá de apelar a la “desescalada”, protestar y amenazar sin resultados. El régimen iraní ha continuado enriqueciendo uranio y desoyendo durante años la advertencia internacional.

Y cuando las negociaciones con los estadounidenses parecían conducir a un posible acuerdo, Washington y Tel Aviv decidieron tomarse la justicia por su mano con un ataque relámpago que se ha saldado con la muerte de su líder supremo, Alí Khamenei, conduciendo a la región a una escalada bélica con consecuencias humanitarias imprevisibles. Teherán, por su parte, ha respondido con la misma medicina, bombardeando a los países aliados de Occidente y atacando directamente a uno de los buques insignia de la armada estadounidense.

Reunión de urgencia entre los embajadores de la UE

En medio de esta escalada, las alarmas han vuelto a sonar en el Coreper, el gabinete de crisis de Bruselas, donde los embajadores se han reunido de urgencia para analizar una crisis en la que el bloque debe moverse si quiere ser un actor importante.

En una declaración conjunta inusual, Berlín, París y Londres han hecho un llamamiento a los gobiernos europeos y sus socios internacionales para tomar una posición activa que permita mitigar con rapidez los efectos de la guerra e impulsar la vía diplomática para frenar las hostilidades cuanto antes.

El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, ha defendido nuevamente este jueves que una intervención militar de Estados Unidos en Irán no es la solución ni llevará estabilidad al país

Pero una vez más, se ha podido constatar que hay importantes diferencias entre las capitales. Por un lado, la línea que defienden países como Alemania, fuertemente marcada por la agenda israelí en la región. En la declaración conjunta, las potencias ni siquiera fueron capaces de identificar a los actores responsables de los ataques.

Tampoco se ha posicionado la propia Comisión, quien sí ha condenado los ataques de Irán, pero no los de EEUU e Israel. “La muerte de Ali Jamenei es un momento decisivo en la historia de Irán. Lo que viene después es incierto. Pero ahora hay un camino abierto hacia un Irán diferente, uno que su gente pueda moldear con mayor libertad”, subrayó la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas.

Sánchez vuelve a ser la voz discordante

En este contexto, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, fue uno de los pocos líderes que denunciaron las acciones del ejército israelí y afeó a líderes de la UE el doble rasero que, según él, existe con Israel. En la crisis iraní, ha vuelto a la carga contra la acción “unilateral” e “ilegal” de Tel Aviv y Washington sobre Teherán, sin descuidar la denuncia por las violaciones de derechos humanos que ha ejercido Teherán durante años. Josep Borrell, ex Alto Representante de la UE, resumió la posición de Madrid en una frase: “Ningún demócrata va a llorar la muerte del régimen iraní, pero eso no justifica este ataque ilegal”.

Las potenciales repercusiones negativas de esta nueva guerra podrían desembocar en una guerra civil sobre una población muy castigada y empobrecida. La patata caliente vuelve a estar en manos de los líderes europeos, que están obligados a retomar la iniciativa en un momento de cambio.