
La manera en la que nos hablamos a nosotros mismos, aunque pueda parecer que es un asunto menor, influye enormemente en cómo nos sentimos y cómo actuamos. Nuestro diálogo interior nos moviliza o nos paraliza ante ciertos problemas, por lo que cuidar la forma en la que se produce esta comunicación es fundamental para mantener nuestro bienestar y no caer en el bucle de los pensamientos negativos.
Así, la experta en neurociencia Loren (@neuroloren) explica que hay ciertas palabras que de manera inconsciente utilizamos continuamente, pero que tiene una repercusión negativa en nuestro estado anímico, nuestra tranquilidad y nuestras expectativas: “Hay tres palabras que tu cerebro odia y aún así usamos a diario”. Estas “sabotean tu mente” y ”pueden activar mecanismos cerebrales relacionados con el miedo, la ansiedad y la autocrítica".
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Palabras que bloquean y que provocan culpabilidad
La primera palabra a la que se refiere la experta en neurociencia en “nunca”: “Cuando dices ‘nunca voy a poder con esto’, tu cerebro entra en modo resignación”. De esta manera, estamos enviando continuamente a nuestra mente la idea de que vamos a fracasar incluso muchas veces antes de haberlo intentado.
“En neurociencia cognitiva, el lenguaje absoluto activa el sesgo de negatividad y, según Beck, considerado el padre de la terapia cognitiva, el lenguaje interno moldea nuestras emociones y acciones y algunas palabras perpetúan una percepción irreal y limitante del mundo”. Esto quiere decir que estas frases y palabras negativas “distorsionan la percepción y bloquean la motivación, ya que tu cerebro entiende ‘si es nunca, ¿para qué voy a esforzarme?’“.
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Al igual que hay palabras que nos paralizan, también hay otras que son un recordatorio constante de que tendríamos que estar haciendo algo que no estamos haciendo. Por ello, los “debería” se convierten en “la reina de la culpa silenciosa”.
Vivimos en una sociedad que prima la productividad por encima de todo lo demás: debemos llegar cada minuto de nuestro día con microtareas o trabajos interminables para sentir que no perdemos el tiempo, que estamos construyendo un futuro y que no dejamos ningún espacio para el aburrimiento. Sin embargo, esto genera “tensión interna y mucha frustración”.
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El cerebro reacciona con estrés anticipado al no cumplir esas expectativas autoimpuestas y lo que tu cerebro entiende es ‘estás fallando en algo’, aunque tú no sepas ni en qué“, explica Loren.
Por último, la experta en neurociencia destaca que “imposible” provoca un bloqueo de la mente: “Estudios como el de Lieberman llevado a cabo en el 2007 muestran que palabras como ‘imposible’ activan la amígdala y apagan el córtex prefrontal, clave para la creatividad y la resolución de problemas”. De esta manera, al igual que ocurría con “nunca”, “imposible” es una palabra que nos paraliza para la acción.
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Nuestro cerebro entiende que si “no hay salida”, si no hay posibilidad de hacer algo, ¿para qué vamos a intentarlo? Así, una meta, una acción o un propósito se ve frustrado incluso antes de ponerse en marcha. “Estas palabras no solo sabotean tu mente, sino que la reprograman”, explica Loren, por lo que es importante aprender a limitarlas y sustituirlas por otras que mantengan la paz mental y no frustren ni distorsionen nuestras expectativas.
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