
Melocotón, ciruela, albaricoque, cerezas… En verano contamos con un muy amplio abanico de frutas de temporada, todas llenas de un delicioso y refrescante sabor dulce. Pero, sin duda, las que se llevan mayor protagonismo son el melón y la sandía. Son algunas de las piezas más refrescantes y nutritivas, ideales para combatir las altas temperaturas y muy fáciles de comer y disfrutar en cualquier lugar. Pero lo cierto es que conviene tener cuidado a la hora de comprarla en los supermercados o fruterías.
A la hora de meter frutas en la cesta de la compra, es cada vez más común optar por piezas de fruta ya cortadas y envasadas, en el caso de la sandía y el melón, habitualmente partidas en mitades. Puede ser una alternativa muy cómoda para algunos, sobre todo para quienes vivan solos y no puedan consumir una de estas piezas al completo, pero también conlleva algunas dudas y contratiempos.

Quizá muchos, especialmente aquellos acostumbrados a consumir este tipo de productos, habrán notado una palpable ausencia: la de la fecha de caducidad. Y es que, en muchos supermercados, la fruta cortada y envasada no cuenta con esta información, algo que, aunque pueda extrañarnos, está permitido por la normativa. Así lo explican en el apartado de Atención al Cliente de la cadena de supermercados Mercadona. “La legislación vigente no obliga a indicar la fecha de caducidad en productos de fruta y verdura enteros, aunque vayan envasados”, explican en la web.
Sin embargo, hay otro dato que sí es de obligado cumplimiento para las empresas de alimentación, uno que puede servirnos para comprender la frescura de la pieza de fruta que tengamos entre manos. Se trata de la fecha de envasado, la cual sí se debe incluir por ley en cada uno de estos productos. En cambio, aquellos productos de fruta y verdura envasados que hayan sido cortados y mezclados con otros ingredientes sí están obligados a indicar la fecha de caducidad o fecha de consumo preferente, tal y como señala Mercadona.
Fruta cortada y sin refrigerar, un riesgo según los nutricionistas
Ya son muchas las voces que han advertido sobre los peligros que supone adquirir y consumir frutas partidas como la sandía, una práctica habitual en muchos supermercados, donde estas piezas suelen encontrarse envueltas en film transparente y expuestas a temperatura ambiente. Los expertos de la Agencia Española Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) avisan de que, al carecer de la protección que brinda la cáscara, la pulpa queda expuesta, reduciéndose así considerablemente la vida útil del producto.
Pero este no es el único inconveniente, pues, al comercializarse esta fruta ya cortada y sin su barrera de protección natural, resulta más propensa a la proliferación de bacterias como Salmonella, Listeria monocytogenes o Escherichia coli.

El principal problema, señalan desde otros organismos como la OCU, radica en las condiciones de exposición de estas frutas, pues muchas de estas piezas cortadas se mantienen sin refrigeración, sobre mesas a temperatura ambiente. Además, la manipulación previa de la fruta —el uso de utensilios no desinfectados o superficies contaminadas— y la falta de protección natural de la pulpa una vez retirada la piel aumentan el riesgo de contaminación microbiológica.
Para minimizar al máximo los riesgos al comprar este tipo de productos, la AESAN nos sugiere elegir bien en el supermercado, evitando ejemplares con signos de golpes, grietas o exceso de maduración. También recomienda reducir al máximo el tiempo desde la compra hasta el almacenamiento en el hogar. Una vez en casa, es fundamental refrigerar de inmediato la fruta, bien envuelta en papel film o en un recipiente hermético, y consumirla en un plazo corto para evitar posibles contaminaciones.
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