
En el mundo de la alimentación existe una amplia lista de bulos y medias verdades a menudo difundidas por pseudo especialistas. Algunos de los mitos más extendidos son que beber agua durante las comidas engorda o que las vitaminas del zumo de naranja se pierden si no se toma rápido. Nada de estas afirmaciones se sustenta bajo ninguna investigación científica.
Uno de los bulos más difundidos es sobre el agua con gas, a la que se la acusa de subir la tensión, dañar los huesos y debilitar el esmalte mental. La farmacéutica Boticaria García, conocida en sus redes sociales como @boticariagarcia, desmiente estas afirmaciones en un vídeo subido a su cuenta de Instagram.
El primer bulo que desmiente es el de si el agua con gas sube la tensión: “El agua con gas tiene sodio, sí, pero en general en cantidades pequeñas. ¿Y cómo sé yo si son pequeñas? Pon la lupa en la etiqueta. Por ley, un agua es baja en sodio si tiene menos de 20 miligramos por litro. Esta, en concreto, tiene 19″, expresa sosteniendo una botella de agua con gas.
El segundo mito, sobre si esta bebida daña los huesos, Boticaria García lo relaciona por “confundirla con algunos refrescos que sí llevan ácido fosfórico”. Según cuenta, “este ácido en exceso y sin suficiente calcio en la dieta sí podría afectar a la salud ósea, sobre todo en las mujeres”. Sin embargo, “el agua con gas solo lleva CO2, no hay ácido fosfórico, no hay pérdida de calcio, no hay riesgo para tus huesitos”.
Otro de las creencias falsas más extendidas es si esta bebida daña los dientes, teniendo en cuenta su componente gaseoso, a menudo asociado con otros refrescos. Pese a que “el agua con gas tiene un pH ligeramente ácido, no se considera agresivo para dañar el esmalte”. La farmacéutica recuerda en la publicación que esta bebida “ni tiene azúcar ni otras sustancias que causen caries”. “Insisto, el agua con gas solo lleva CO2″, aclara.
Agua con gas, aliada del tránsito intestinal
Más allá de los mitos en torno a esta refrescante bebida, el agua con gas cuenta con una propiedad que puede ser más desconocida, y es que esta “puede estimular la secreción gástrica (más jugo para digerir), puede acelerar el vaciado del estómago y, en algunas personas, incluso mejorar el tránsito intestinal”. Es decir, que puede actuar previniendo el estreñimiento y mejorando las digestiones.
No obstante, el agua con gas no es para todo el mundo. Como recuerda la farmacéutica Boticaria García a través de su redes sociales, “si tienes síndrome de intestino irritable, dispepsia funcional, aerofagia, reflujo o hernia de hiato, el gas puede molestarte más que ayudarte”.
El síndrome del intestino irritable (SII) es un trastorno que afecta el funcionamiento del intestino grueso. Según MedlinePlus, este síndrome se caracteriza por una combinación de síntomas gastrointestinales que incluyen dolor o malestar abdominal, distensión, gases, diarrea y/o estreñimiento. Los síntomas pueden variar en intensidad y frecuencia, y suelen mejorar después de evacuar el intestino.
El SII no causa daño permanente en el intestino ni incrementa el riesgo de padecer enfermedades graves del aparato digestivo. Sin embargo, puede afectar de manera significativa la calidad de vida de quienes lo padecen. La causa exacta del SII se desconoce, aunque factores como el estrés, ciertos alimentos y cambios hormonales pueden desencadenar o empeorar los síntomas.
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