
Además de las largas jornadas laborales y los sueldos muchas veces insuficientes, así como las ofertas de trabajo con condiciones pésimas, los turnos partidos o las horas extra, los camareros se enfrentan en bastantes ocasiones a las formas de los clientes. Aunque a veces estos tienen la razón y sus quejas se corresponden con una deficiente calidad en la comida o el servicio, otras sus enfados son completamente injustificados.
El problema reside en que muchos de ellos dejan reseñas que manchan la imagen del establecimiento, puesto que las puntuaciones del restaurante bajan y esto hace que otros potenciales clientes decidan no acudir a comer o cenar allí. Personas que se quejan de que no había mesa, de la vestimenta de los camareros, de que no les quedaba alguna comida en concreto o de alguna situación que nada tiene que ver con el servicio ofrecido: pese a que son cuestiones que no son lo suficientemente importantes por sí solas para valorar de forma negativa la experiencia en un restaurante, muchas reseñas versan sobre estos aspectos.
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A través de sus redes sociales, Jesús Soriano, conocido en internet como Soy Camarero, comparte las valoraciones que le parecen más curiosas, en las que se generan debates con respecto a cuál de las partes tiene la razón o en las que la respuesta del propietario del establecimiento es contundente o cómica. En una de sus últimas publicaciones en TikTok (@soycamarero), Soy Camarero se sorprende de una reseña bastante peculiar en la que se expone una situación dramática al no haber conseguido comer lo que se deseaba: “Me explota la cabeza”.

“Llevan sin comer desde el domingo”
“Llamé un sábado para encargar cachopo y me dijeron que no había”, comienza la valoración, que cuenta únicamente con una estrella, la puntuación más baja que puede darse. “Se quedaron mis hijos llorando sin ganas de comer y gritando que se querían morir”. La situación tan extraña que relata la narración dramática parece un tanto cómica, lo que lleva a considerar que ha podido ser exagerada o inventada con el objetivo de hacer una broma.
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“Llevan sin comer desde el domingo, que tuvo que venir mi madre (desde Asturias) a hacerlo por su cuenta para que comieran. Me parece lamentable esta experiencia que me ha hecho vivir un restaurante ‘asturiano’. Nunca más”, finaliza la reseña publicada por Soy Camarero. El problema reside en que este tipo de reseñas con puntuaciones tan bajas, si se tratan verdaderamente de una broma, suponen de igual manera un perjuicio para la valoración total y la imagen del restaurante.
La reacción de Soy Camarero es de absoluta sorpresa y comicidad: “40 años tendrá la criatura”. Algunos usuarios en los comentarios también se han reído de la situación que se expone en la reseña: “Me gustaría escuchar la respuesta del restaurante” o “Menos mal que no era antojo de pato a la pekinesa, si no la abuela tiene que venir de China a hacerlo”. Otros, por el contrario, consideran que se trata de una falta de educación inculcada en los hijos: “Pues igual debería educar bien a sus hijos”.
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