
Llega la hora de comer, el plato está servido y el hijo de la familia frunce el ceño, aparta el tenedor o simplemente se niega a probar bocado. Esta escena se repite cada día en muchos hogares, por lo que lo que debería ser un momento tranquilo para compartir en familia se convierte en una situación de tensión y enfados.
Durante los primeros años de vida, es completamente normal que los niños muestren rechazo hacia ciertos alimentos. Su paladar aún está en desarrollo y tienen una sensibilidad especial a ciertos sabores, olores y texturas. Además, su apetito puede variar mucho de un día a otro, algo que a menudo desconcierta a los adultos.
A pesar de ello, una alimentación variada y equilibrada es clave en esta etapa: no solo les proporciona los nutrientes necesarios para crecer fuertes y sanos, sino que también influye en su sistema inmunológico, en su energía diaria y en el desarrollo de sus hábitos alimentarios a largo plazo.
Ante esta necesidad, muchos padres se sienten presionados por asegurarse de que sus hijos “coman bien” y en ese intento recurren a estrategias como obligarles a terminar el plato, chantajearlos con el postre o regañarlos si rechazan un alimento. Estas situaciones generan, con frecuencia, discusiones constantes en la mesa que terminan por asociar el momento de la comida con tensión, enfado o incluso angustia. Lejos de resolver el problema, esta dinámica puede tener efectos contraproducentes: el niño no solo seguirá rechazando esos alimentos, sino que podría desarrollar una relación negativa con la comida y con el propio acto de alimentarse.
“¿Qué más te da?"
Este tipo de situaciones las encuentra generalmente el pediatra Luis Cabezas Vallejo en su consulta: “Muchos me dicen: ‘Mis hijos el tema de la verdura lo llevan regular. Entonces yo cojo la verdura, la saco aparte, la paso por la batidora y se me queda hecha una crema que les echo en la comida para que se coman todo’”.
La mayoría de los padres, cuando explican estas situaciones, lo que buscan es una solución, pero el enfermero tiene una opinión contundente sobre ello: “¿Qué más te da? Tú intenta educar a tus hijos a que todo eso se come. Pero, cuando empiezan a sacar del plato el ajo, la cebolla..., pues lo coges todo en la batidora, lo echas y se lo comen. Ya está“. El experto destaca que lo importante no es la manera en la que se lo comen, sino que se lo coman todo, aunque sea en forma de puré: “No tengáis un trauma con eso”.
Además, el pediatra también destaca que otra de las consultas frecuentes que recibe se produce cuando al hijo no le gusta solamente una verdura. Pese a que el resto sí las coma, en muchas ocasiones los padres se preocupan por esta cuestión, aunque otros alimentos contengan los mismos nutrientes y sean igual de beneficiosos. “Hay 50.000 verduras, pues que coman todas y no la judía verde, que ya le gustará algún día. No hagáis una pelea con eso. Nunca discutáis con vuestros hijos en la comida”.
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