
En los últimos años, las redes sociales se han llenado con un diagnóstico que parecía responder a cantidad de problemas estomacales: el SIBO. El SIBO o sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado es una condición provocada por un aumento anormal del número de bacterias en el intestino delgado. Quienes padecen esta patología sufren molestias estomacales como hinchazón abdominal, sensación de digestión pesada, aumento de gases, estreñimiento...
La enfermedad ha existido siempre, pero redes sociales como TikTok han hecho que el mundo preste más atención a esta condición que sufren, al menos, el 33% de las personas con síntomas gastrointestinales, según el Instituto en Microecología.
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Su diagnóstico es complejo: la prueba más específica, según el Clínic de Barcelona, es un cultivo del líquido de la zona intermedia del intestino delgado, a través de una gastroscopia, aunque existen métodos menos invasivos. Su tratamiento tampoco es sencillo de llevar, al menos para los pacientes. Para conseguir aliviar sus efectos, es necesario localizar y controlar las causas de base, para lo que se deben realizar modificaciones en la dieta.
Sin embargo, pese a seguir las indicaciones, hay algunas personas que sienten que su condición no mejora. Esto puede deberse a varios motivos.
Los errores más comunes en el tratamiento del SIBO
Según la nutricionista Rafaela Torres, el tratamiento de SIBO incluye, de forma genera, una combinación de antibióticos, cambios en la dieta y, en algunos casos, probióticos y suplementos. Medicamentos como la rifaximina o la neomicina reducen el sobre crecimiento bacteriano, mientras que seguir una dieta baja en carbohidratos fermentables (ajo, cebolla, frutas, legumbres, lácteos...) ayudan a disminuir los síntomas típicos del SIBO. También es recomendable evitar ultraprocesados y malos hábitos como el tabaquismo o el sedentarismo. Estas medidas se combinan con probióticos y prebióticos para ayudar a restaurar el equilibrio de la microbiota intestinal.
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Algún fallo en una de estas tres estrategias puede hacer que la condición no mejore y el paciente siga sufriendo hinchazón, acidez y otras patologías. Por ejemplo, dejar a medias el tratamiento antibiótico o utilizar los incorrectos puede conducir a recurrencias del SIBO, mientras que realizar la dieta sin supervisión de un profesional puede empeorar los síntomas. Además, es importante realizar un seguimiento adecuado con un especialista en nutrición una vez se termine el tratamiento, para poder identificar a tiempo posibles recurrencias de la enfermedad.
El estrés también puede hacer empeorar la condición. El cuerpo, al sentir esa sensación de peligro, no prioriza la digestión ni la reparación, provocando problemas intestinales y empeorando condiciones como el SIBO.
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Además, según explicó la nutricionista Asun González a Infobae España, el tratamiento del SIBO “no es fácil” y es importante localizar la causa, “porque si no se encuentra y se trata, ya sean el estrés, una enfermedad subyacente o una mala alimentación, el SIBO va a volver“.
Hay que tener en cuenta que el SIBO puede ser una enfermedad crónica para algunas personas, por lo que es común que los síntomas vuelvan. Por eso es esencial evitar la automedicación o el autotratamiento.
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