
El aceite de oliva virgen extra es mucho más que un simple ingrediente en la cocina española; es un símbolo cultural profundamente arraigado en la identidad del país. Considerado “oro líquido”, el aceite de oliva ha formado parte de la vida de los españoles durante siglos, marcando la gastronomía y las tradiciones locales.
Para ahondar en su historia, nos tenemos que remontar a más de 3.000 años. Lo introdujeron los fenicios y lo ampliaron los romanos y desde entonces, el cultivo del olivo se consolidó como parte esencial de la vida en la península ibérica, posicionando a España como uno de los mayores productores de este preciado producto, según detalla la web de El olivo del abuelo Miguel.
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El aceite de oliva: imprescindible en la cocina española
En la cocina española, el aceite de oliva virgen extra es imprescindible. Desde platos emblemáticos como el gazpacho y la paella, hasta aderezos para ensaladas, este aceite es clave en la dieta mediterránea, reconocida por sus beneficios para la salud, especialmente en la prevención de enfermedades cardiovasculares.
Además, el oro líquido también juega un papel importante en la cultura popular, puesto que se le atribuyen propiedades medicinales y cosméticas, y es habitual verlo en celebraciones locales, especialmente durante la recogida de aceitunas.
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Cuál es la diferencia entre AOVE y aceite de oliva virgen
A pesar de que la gastronomía española no se pudiera entender sin el aceite de oliva, todavía tenemos muchas dudas sobre él, como por ejemplo: ¿cuál es la diferencia entre AOVE y aceite de oliva virgen? Una duda que ha resuelto Boticaria García en el programa de Zapeando.
La profesional ha comentado que el aceite de oliva virgen se obtiene “sólo por procedimientos mecánicos, es el zumo de la aceituna, de forma natural, sin disolventes ni nada”. Comenta que “a partir de aquí” hay dos tipos de aceite.
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Por un lado, está el virgen extra que, según asegura, “no tiene defectos”. Es el aceite de oliva de mayor calidad y sus niveles de acidez no pueden superar los 0,8 grados. Por ello, tiene que superar unas pruebas muy concretas y específicas que le acaban otorgando esa categoría. Como apunta García, es el “más puro”.
Por otro lado, tenemos el virgen, que “tiene defectos de intensidad leve y una acidez de entre 0,8 y 2 grados”. “La diferencia es de sabor, pero a nivel de salud bien”, añade.
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Si el proceso de elaboración es el mismo, ¿por qué hay estas diferencias?

Teniendo en cuenta que ambos tienen el mismo proceso de elaboración, cuesta entender por qué existen estas diferencias. Según explican los profesionales de Aljaoliva, la clave está en la aceituna, que tiene un papel protagonista durante todo el tratamiento. Por ejemplo, en la forma de recolectarla, no vale con dar “de palos” al olivo, (como se haría con el aceite de oliva normal) este producto se debe recoger con mimo, para evitar que sufra cualquier tipo de daño que puede afectar a su sabor final.
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