
La preocupación por mantener una dieta saludable cada vez está más asentada en la población. A la conciencia de la importancia de la alimentación en la salud hay que añadirle una presión estética constante, acrecentada tras las Navidades y con los primeros días de calor del año, a partir de los cuales la ropa que llevaremos será cada vez más corta.
De este modo, son muchas las personas que, además o en vez de variar sus hábitos alimenticios, están recurriendo a trucos caseros que deberían permitir ir recortando calorías en cada comida, como en el caso de quienes congelan el pan porque así, en teoría, engorda menos. Una técnica que se ha vuelto tan popular que incluso la influencer Boticaria García (@boticariagarcia) ha publicado un vídeo para informar de que, en realidad, su efecto es bastante menor del que pensamos.
De más del 30% a apenas un 10% menos
En su habitual tono, la conocida farmacéutica se pregunta si será verdad esa creencia tan extendida. Algo que, a nivel científico, podría tener sentido, puesto que “cuando congelamos parte de la estructura del almidón se retrograda”. Las moléculas de algodón se compactan y se vuelven resistentes a la digestión, lo que también implica diferencias en cuanto a su aporte calórico: “El almidón normal aporta cuatro kilocalorías por gramo. El almidón resistente aporta 2,5 kilocalorías por gramo”.
Se trata, por lo tanto, más de un 30% menos. A pesar de esta diferencia, no obstante, Boticaria García recuerda que “no todo el pan es almidón”. “Puede ser la mitad, y luego del almidón, no todo se convierte en almidón resistente: puede ser la mitad... y luego del almidón, no todo se convierte en almidón resistente, solo una parte”. Así, fracción a fracción, nos encontraríamos con que la diferencia de calorías sería de apenas un 10%, o lo que es lo mismo, “unas ocho kilocalorías por rebanada”.
Otras faltas creencias relacionadas con el pan congelado
La divulgadora se detiene a responder si es verdad que el pan congelado ayuda a descender los picos de glucosa, tal y como han confirmado estudios realizados con 20 y 30 personas, respectivamente. “En el de 30 personas la curva disminuía un 30% cuando se congelaba y luego se tostaba el pan”. A pesar de eso, el pan utilizado era el pan blanco, cuando una persona que procura perder o controlar su peso lo que ingiere es pan integral, cuyo uso también provocaría un descenso de la curva.
Hay quienes afirman también que el pan congelado es positivo para las bacterias también. “El almidón resistente, se forme en la cantidad que se forme, es bueno para tus bacterias”, coincide Boticaria García. Sin embargo, y por tercera vez, insiste que para conseguir ese efecto prebiótico bastaría con comer pan integral en vez de pan blanco.
Así, “hay mucha gente ahora que se pone a congelar el pan pensando que es una bomba y que está haciendo algo importante”. La solución, para ella, debería seguir decisiones más prácticas. “Está bien si lo haces por comodidad, por practicidad, por economía... pero si lo haces por las calorías o por la microbiota, te doy ideas más saludables”, concluye la farmacéutica.
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