
Las negligencias médicas han experimentado un importante aumento en España durante el último año, con casi 800 fallecimientos provocados por algún error de los profesionales sanitarios, según un informe presentado por el Defensor del Paciente. Unas muertes que han resultado especialmente dolorosas cuando ha sido de niños y niñas pequeñas.
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El dolor de estas pérdidas, al igual que las malas praxis en cualquier trabajo, es algo que se puede ver en todo el mundo. Y es que, poco antes de la publicación de dicho informe, tuvo lugar en Francia un juicio del que se han hecho eco varios medios del país durante los últimos días: una pediatra acusada por el homicidio de un bebé de 2 años, que tras ser llevado al hospital y devuelto a su casa, murió pocas horas después.
Una malformación de nacimiento
Los hechos ocurrieron el 7 de julio del año 2013, cuando el pequeño fue llevado al servicio de urgencias de un hospital en Armentières, en el norte del país, a causa de unos fuertes dolores de estómago. Había nacido con una malformación en el aparato digestivo que hacía que su intestino delgado y su colon estuvieran desplazados, razón por la que los padres no dudaron en acudir a un centro médico cuando aparecieron los síntomas.
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Al llegar, según informa el medio galo Lille Actu, fueron atendidos por un médico que le diagnosticó estreñimiento, pero que también mencionó que existía “riesgo de obstrucción”. Por ello, alertó a los padres que, si los síntomas persistían, podía estar produciéndose un bloqueo del intestino delgado, en cuyo caso sería importantísimo ir al hospital.
Le diagnostican una gastroenteritis
Horas más tarde, el bebé volvió a encontrarse mal y los padres acudieron al servicio de urgencias del hospital. Con todo, tuvieron que esperar allí dos horas hasta que atendieran a su hijo, dado que Urgencias se encontraba colapsada por un brote de gastroenteritis. Un interno del centro médico acabó tomándole la temperatura y pesándolo, y más adelante llegó la pediatra.
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Cuando la doctora examinó al bebé ya había sido alertada por sus padres del riesgo de obstrucción. No obstante, el pequeño ya no sentía ningún dolor y tampoco vomitaba, razón por la que le diagnosticó también gastroenteritis y le mandó a casa.
Llegaron, se acostaron, y a la una y media de la madrugada el niño volvió a vomitar, lo que despertó a los padres. La madre optó esta vez por ir a un hospital de Lille, donde ya habían operado a su hijo cuando nació con la malformación. Sin embargo, fue durante el viaje cuando el bebé se desplomó y sufrió una parada cardíaca. Los médicos del hospital lograron reanimarle, pero poco después, a las 7 de la mañana, sufrió una segunda parada que acabó con su vida. La causa de la muerte fue una obstrucción del intestino delgado, que había “girado sobre sí mismo” y provocado un estrangulamiento, que a su vez originó un shock hemorrágico con necrosis.
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El juicio contra la pediatra
Han tenido que pasar doce años para que se produjera el juicio en el que la pediatra ha sido acusada de homicidio por negligencia. Para este proceso, informan los periódicos franceses, fueron llamados cuatro médicos que dieron su opinión profesional sobre si había existido o no mala praxis.
Tres opinaron que sí, que se debería haber realizado alguna prueba para obtener imágenes, mientras que el cuarto subrayó el hecho de que el niño se encontrara bien cuando la pediatra lo examinó. En su opinión, la obstrucción intestinal se intensificó después de que la familia volviera a casa por segunda vez, por lo que ninguna prueba habría sido concluyente para realizar un diagnóstico distinto.
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La pediatra, a pesar de esto, ha confesado que esa noche “no tomó la decisión correcta”. “Como médica, pensaré en él (el niño) toda mi vida”, aseguró, además de afirmar que podía empatizar con el sufrimiento de la familia, ya que ella misma tenía a un hijo entonces de la edad del pequeño cuando este murió.
No ha servido esta disculpa para la madre, que cuando se encontraba en la consulta insistió en la necesidad de que le hicieran pruebas a su hijo, unas peticiones que no fueron escuchadas. “Voy a tener que vivir con esto el resto de mi vida. Por lo que a mí respecta, sigue siendo culpable y sólo porque sea madre no significa que pueda entenderlo”. El padre sigue pensando, también, que la doctora tomó una “mala decisión”, aunque no la culpa por ello. Habrá que esperar hasta el 5 de febrero para conocer la sentencia, si bien el fiscal del caso ha pedido la absolución.
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