
Cuatro de cada diez adolescentes en España (41,1%) han tenido o creen haber tenido un problema de salud mental en el último año. Sin embargo, de ellos, un tercio no ha hablado con nadie sobre su problema y más de la mitad no han pedido ayuda. El Barómetro de Opinión de la Infancia y la Adolescencia 2023-2024, elaborado por Unicef y la Universidad de Sevilla, evidencia que, pese a que la salud mental es un tema cada vez más normalizado entre los jóvenes, los problemas para hablar sobre ello aún persisten.
El estudio ha contado con la participación de 4.740 adolescentes de entre 13 y 18 años, estudiantes en 168 centros de toda España. Ellos mismos revelan que les cuesta hablar de su salud mental: el 51,4% no pide ayuda cuando tiene algún problema. No saben a quién acudir, no consideran que sea importante o prefieren mantenerlo en secreto: 2 de cada 3 alumnos no quieren que sus familias o profesores se enteren de lo que les pasa.
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Para el director ejecutivo de Unicef España, José María Vera, “estos datos reflejan que, si bien nuestros adolescentes cada vez normalizan más hablar de salud mental o identificar posibles problemas, todavía persiste un cierto estigma en torno al tema”. “Es fundamental promover desde todos los ámbitos -instituciones públicas y privadas, medios de comunicación, familias, educativo, etc.- acciones, campañas, iniciativas o formación que contribuyan a erradicar el estigma y los prejuicios, y al mismo tiempo a mejorar el bienestar mental de nuestros niños, niñas y adolescentes”, ha expresado este martes en una rueda de prensa.
El nivel socioeconómico y en consumo de alcohol perjudican la salud mental de los jóvenes
Los propios adolescentes consideran como cruciales para la salud mental los hábitos de sueño adecuados (74,9%), el ejercicio (62,3%) y una dieta equilibrada (50,6%). Igualmente, entienden que la baja autoestima, el consumo de alcohol y otras drogas, y los problemas de salud física y económicas son factores internos que perjudican esta salud.
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Influye igualmente el nivel socioeconómico: según el Barómetro, las personas con menos recursos sienten más dificultades para autogestionar su propia salud mental, especialmente si han sufrido problemas en primera persona. Por ejemplo, si en torno a 2 de cada 10 adolescentes con nivel socioeconómico medio-alto consideran que se les da “mal” o “muy mal” saber explicar lo que piensan y sienten, esto les sucede a 3 de cada 10 con nivel socioeconómico bajo.
Pocos prejuicios y mucha vergüenza
En cuanto a las actitudes y prejuicios frente a los problemas de salud mental, las creencias negativas están poco extendidas entre los adolescentes: si bien 1 de cada 4 piensa que las personas con problemas de salud mental sienten vergüenza, casi 8 de cada 10 asegura que mantendría amistad con alguien de su edad que esté visitando a un profesional de salud mental y solo un 16,2% cree que las personas con problemas de salud mental no se comportan tan bien como el resto de la clase.
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Su impresión cambia en cuanto a los adultos: en torno a un tercio siente que los mayores de edad consideran a las personas con problemas de salud mental como peores cuidadoras que el resto. Para Alae, de 15 años y miembro del Grupo Asesor de UNICEF España, sería importante “que la salud mental sea abordada tanto por niños y niñas como por adultos... esto incrementa la comodidad de cualquiera que padezca que cualquier problema y necesite ayuda”.
El papel de las redes sociales: “La presión social es real”

Las redes sociales, utilizadas por el 98,5% de los adolescentes, juegan un papel ambivalente en su salud mental. Aunque un 73,5% no se siente agobiado por la información sobre salud mental en estas plataformas, el 32% admite “haber sentido la necesidad de mostrar una vida perfecta en línea” (UNICEF España). En este sentido, más del doble de chicas (34,3%) que de chicos (13,3%) se comparan con personas que muestran vidas perfectas y una buena salud mental en redes sociales. Además, ellas sienten más presión por tener un físico determinado: el 73,5% cree que esto les afecta mucho o muchísimo, frente al 50,8% de los chicos.
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“La presión social es real, las redes sociales pueden afectarnos nuestra salud mental de manera indiscreta y poco a poco, pero todavía estamos a tiempo de evitar un gran nivel de intoxicación digital”, expresó José Ángel, adolescente de 17 años y miembro del Grupo Asesor de UNICEF España.
Pese a su impacto negativo, muchos encuentran en estas plataformas un recurso de ayuda: el 42,7% de los adolescentes considera que es útil leer noticias en redes sociales para informarse sobre problemas de salud mental, y 1 de cada 3 (36,4%) asegura haber encontrado recursos útiles para su salud mental a través de las redes sociales.
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