
Después de un día largo, ajetreado, lleno de actividades o de tareas que completar, es probable que lo que más deseemos es llegar a casa, tumbarnos en la cama e irnos a dormir. Pero, en muchas ocasiones, a pesar de estar cansados, no conseguimos conciliar el sueño. Si eras de esas personas que de pequeña necesitaban dormir abrazadas a sus peluches para conseguir descansar y de adulta a una almohada, no te preocupes, es algo común y la ciencia te explica el porqué.
Resulta que la almohada o el cojín, no es sólo un lugar en el que apoyar la cabeza. Puede proporcionarte seguridad e incluso hacerte que, en cierta manera, no estás solo en la habitación. Asimismo, puede contribuir a que tu cuerpo se relaje y tenga un descanso más nutritivo, tal y como explica el portal Quiet Mind.
Qué pasa si abrazo a la almohada mientras duermo
Tener una almohada entre los brazos mientras intentamos conciliar el sueño ayuda a que nuestro cuerpo esté más relajado y reduce la sensación de soledad. Acorde a la psicología, todo se reduce a que el ser humano es un animal social que necesita la conexión física y emocional. Es por ello, que el cojín nos aporta esa sensación de calor y seguridad.
En nuestras vidas aceleradas e impredecibles, pueden aparecer sentimientos de vulnerabilidad e incertidumbre, sobre todo, al tumbarnos en la cama antes de ir a dormir. El contacto con la almohada aporta tranquilidad y reduce la ansiedad, permitiéndonos mantener la mente algo más despreocupada. Además, puede satisfacer nuestra necesidad innata de proximidad física cuando no disponemos de contacto humano. Por ejemplo, cuando pasamos varios días durmiendo con nuestra pareja y nos separamos, el cojín contribuye a que no tengamos esa sensación de soledad cuando tenemos toda la cama para nosotros.
Si durante la jornada hemos sufrido estrés y ansiedad, ambos nos acompañan hasta el lecho, impidiéndonos relajarnos y conciliar el sueño. De nuevo, una práctica tan inocente como sostener algo entre los brazos, será efectiva para disipar la tensión a la vez que promoverá una sensación de calma. Asimismo, liberaremos endorfinas, las hormonas del bienestar que contrarrestan los efectos adversos de la ansiedad y el estrés.
Una conexión con la infancia

La mayoría de los adultos cuando éramos niños, encontrábamos ese confort en los peluches, que nos ayudaban a no sentirnos solos y que servían de escudo contra las pesadillas. Ahora hallamos la misma sensación con la almohada, que nos conecta con ese sentimiento de seguridad y bienestar que experimentamos durante la infancia con nuestro juguete.
Beneficios físicos
Más allá de lo emocional, dormir abrazado a una almohada también aporta beneficios físicos, también esencial para una buena noche de sueño. Esta práctica puede ser crucial para favorecer la alienación y el apoyo adecuados de la columna vertebral, desde el cuello hasta la zona lumbar. Esta posición puede ayudar a aliviar la presión en zonas sensibles, reduciendo el riesgo de despertarse con el cuello rígido o la espalda dolorida. Además, puede ayudar a distribuir el peso de forma más uniforme.
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