
Una de las máximas de El Hormiguero, así como de cualquier otro programa de la parrilla televisiva, es conseguir la máxima audiencia posible y que se hable de él para atraer miradas. Para lograrlo, la estrategia del formato presentado por Pablo Motos es invitar cada día a un personaje conocido para que los espectadores puedan conocerlo más.
En la mayoría de los casos el resultado es más que positivo, pues los asistentes sorprenden con su faceta más cercana, pero no ha sido así en su última entrega. Este miércoles 22 de noviembre el invitado era el exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra, que ha promocionado su libro La rosa y las espinas: El hombre detrás del político, y ha dejado tras su paso una gran polémica.
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Como era de esperar, su entrevista ha girado en torno al mundo de la política y su ferviente actualidad, por lo que no solo ha opinado sobre el nuevo Gobierno, capitaneado por Pedro Sánchez, también sobre la futura ley de amnistía, contra la que ha cargado rotundo. “Dieron un golpe de Estado y dicen que volverán a hacerlo”, aseguró sobre los políticos del procés, quienes para él no merecen la amnistía. “¿Dónde se ha visto que las leyes las redacten los delincuentes? Eso ya las inhabilita”, planteó.
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La verdadera polémica llegó, sin embargo, un poco más tarde, cuando Pablo Motos le preguntó su opinión sobre la “izquierda reaccionaria”, como él la define en su libro. “Ahora hay una izquierda que no es progresista, sino retrógrada. Con etiqueta de izquierda, comete los actos y se coloca en las posiciones más reaccionarias del mundo”, comenzó, añadiendo que los de la izquierda “se han hecho puritanos” y tienen “patrullas de vigilancia de las costumbres como en Irán. Te dan por cualquier cosa que digas. Que no, que yo quiero libertad de expresión, que lo políticamente correcto es antidemocrático”.
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Y siguió hablando de esa limitación de la expresión y, con ella, de la libertad: “Yo me expreso cómo quiera, sin insultar a nadie. La libertad de mi puño llega a todas partes, menos cuando voy a dar en su cara. Entonces, ya no tengo libertad, porque no hay libertad, sin límite. El límite es no hacer daño a terceros, pero lo demás tengo que ser libre”, afirmó.
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Fue entonces cuando llegaron las palabras más polémicas de Alfonso Guerra, al afirmar que “a mí me dan mucha pena los humoristas porque ya no pueden hablar de nada. Antes hablaban de homosexuales, de enanos... De todo. Ahora, no”, sentenció. “Ahora, cuando un humorista hace un espectáculo, está más tiempo hablando sobre lo que no se puede hablar que sobre lo que sí. Eso es libertad de expresión recogida. Esto es censura. Y yo no quiero censura”, terminó el político, ganándose el aplauso del público.
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