En una conversación con Rick Beato, Billy Joel repasó cómo la música clásica, presente desde su infancia junto a otros géneros como el jazz y el rock and roll, influyó en su manera de escuchar, tocar y componer, y abrió detalles sobre los recursos y técnicas que definieron su estilo.
El intérprete de Uptown Girl explicó que esa tradición es la base de buena parte de lo que compuso porque fue la música que más escuchó en su casa desde niño, la estudió por disciplina diaria y la incorporó de oído a su lenguaje musical. En la entrevista, dijo que de ahí tomó recursos como la disonancia, las suspensiones, la atonalidad y distintos colores armónicos que luego aplicó a sus canciones.
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Joel recordó que en su casa “había música todo el tiempo. Sobre todo música clásica”, aunque también sonaban jazz, canciones de teatro y rock and roll: “Sí que me llegó cuando era niño. Fue mi primer amor, la música clásica. Me hacía sentir bien. Era algo con lo que me identificaba”.
Cómo Billy Joel aplicó recursos clásicos en sus canciones
También dejó claro ante Rick Beato que su formación no partió de la partitura. “No leo música”, dijo, antes de explicar que prefería sentarse al piano e intentar descifrar las obras “de oído”, como un reto personal, en aquel viejo piano vertical Lester de su casa.
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La disciplina, añadió, llegó por insistencia de su madre. “Todos los días”, respondió cuando Beato le preguntó por las prácticas después de la escuela, y contó que estudiaba una hora aunque no siempre quisiera hacerlo, porque no quería que el dinero de las clases se desperdiciara.
Cuando Beato llevó la conversación hacia la escritura, Billy Joel vinculó esa formación con su caja de herramientas como compositor: “Es una gran herramienta si vas a escribir música. Necesitas esas herramientas. Necesitas conocer los distintos colores y qué hacen las cosas, qué hace la disonancia, qué hace la atonalidad, cómo tocar los acordes de otra manera”.
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Para explicarlo, recurrió a una de sus propias canciones: “Si no tuviera la disonancia en And So It Goes, sonaría así... lo cual es un poco aburrido. Así que metí algunas notas disonantes. Suspensiones. Las suspensiones son muy eficaces porque quieres que se resuelvan, pero crean una tensión en el acorde... y eso sí transmite emoción en la música”.
Beato le sugirió que esos choques breves también sostienen la melodía, y Joel coincidió. “Sí, estoy de acuerdo. Apoya la melodía de una manera que, sin la disonancia, no sería lo mismo”.
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Más adelante, llevó esa idea al terreno de la atonalidad. Al hablar de Blonde Over Blue, del álbum River of Dreams, dijo: “Es casi como Psicosis. Y es chocante, y es atonal, y es desagradable, pero es eficaz. Y a veces tienes que ir ahí”.
Beethoven, Rachmaninov, Barber y Copland en su formación
La conversación con Rick Beato arrancó, de hecho, con Beethoven. Después de tocar de oído el inicio de la Sexta Sinfonía, la “Pastoral”, Joel dijo que esa era para él una faceta del compositor: “La Sexta Sinfonía, para mí, es un Beethoven feliz... es tan hermosa”.
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Ese mismo impulso lo llevó también a intentar abordar a Serguéi Rachmaninov sin partitura. “Me encanta el Concierto para piano número dos de Rachmaninov. Es una locura lo bueno que es”, dijo, aunque admitió el límite de ese método: tras sacar el comienzo, terminó por rendirse porque “hay que leer las notas”.
El pasaje sobre el poder emocional de esos recursos llegó con Samuel Barber. “Hay el Adagio para cuerdas de Samuel Barber, el Adagio para cuerdas, que es todo suspensión”, dijo Joel, antes de recordar que una vez tuvo que detener el coche al escucharla porque rompió a llorar: “Era tan conmovedora en lo emocional... y era por las suspensiones”.
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Esa experiencia, contó, le dejó una enseñanza para su propia escritura: “Me di cuenta de que tenía que aprender a usar eso. Tenía que aprender a hacer eso”.
Beato también señaló una huella de Aaron Copland en Summer, Highland Falls, por la apertura de los intervalos y el uso de cuartas y quintas. Joel aceptó esa lectura y la llevó al piano: “La mano izquierda son quintas”, explicó, antes de añadir que siempre le gustaron esos intervalos porque son muy eficaces y dan potencia al sonido.
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En esa misma línea, explicó que busca contraste dentro de una pieza: “Me gustan las variaciones en la música. Me gusta lo rápido frente a lo lento, lo fuerte frente a lo suave. Cualquier cosa que sea solo una cosa, demasiado de una cosa, me cansa”.
El giro de Joel hacia las piezas para piano
Joel también situó esa raíz clásica más allá del cancionero popular que lo hizo famoso. Al mencionar sus límites como lector de partituras y su forma de componer, reconoció además su admiración por autores como Igor Stravinski, Copland y Barber, y señaló que Beethoven usó mucha atonalidad en su etapa final.
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